lunes, 22 de febrero de 2016

Una flor del mal

Deseé la tarde gris y brumosa. Deseé un dos de copas perdido en medio de una baraja de naipes. Deseé un sorbo de vino y una bufanda blanca. Partí la tarde en un antes y un después de ti. Contigo me entró coraje. Vine corriendo a escribir. Te imaginé como la lluvia, menguando mis excesos de calor. Te hice líquido, te vi caer. Inundaste mi estudio de palabras por no decir de la gastada inspiración. Me leíste una frase sobre el infinito de Avski y me dejé caer sobre el sillón a ver morir la tarde. Cambié el vino por un café y regresé a Mishkin, Ningún príncipe se le compara. O tal vez sí, tal vez tú, tu bondad. Y mientras me lloran los bronquios procuro no cesar de tomar bebidas calientes. El frío me hace toser. Desgarro mi pecho en frases sueltas. Escampa. Salgo de mi refugio mirando al cielo. La tarde está gris y brumosa. El dos de copas sigue perdido aunque abrí el naipe, y llevo un gorro en lugar de una bufanda. Tú partiste y me dejaste un paisaje desahuciado: decenas de libros con hojas marcadas. Frases subrayadas a lápiz, notas de pie de página. Mi poesía revuelta y expuesta. Mis cariños literarios desnudos y en silencio. No supe a quién tomar primero. Dejar a Mishkin. Pronunciar a Baudelaire. Ser una flor del mal. Permitir que me ame igual que a la bóveda nocturna. Ser una rosa negra y espinosa... o un tulipán para Celan... o un girasol para Pessoa. Ser una flor después de todo. ¿Efímera? Como la tarde. ¿Mala? Como mi alma.     

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Tus poemas y narraciones como microcosmos, me van atrapando y como espiral me conducen a una conclusión inesperada. Allí me mantienen absorta por un buen rato, divago en la sensación que me producen, trato de atrapar la emoción, la tristeza, el silencio, las lágrimas, los colores, los sentidos, la música, la meditación, la magia, la inocencia, la prudencia, el erotismo, la vacuidad, el no, el tal vez de tus poemas, y sí, me siento plena de curiosidad una vez más para seguir leyéndote. Siempre espero a esa maga y escritora que eres, un lector no puede sino callar paciente y esperar la próxima página, atento a lo que llega porque en ella puede estar la luz, el aire que nos mantendrá vivos el resto de los días.
Un saludo desde la otra orilla,
Alejandra

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Aleja,
Gracias. Gracias por conectarte así con mis escritos. Por tu apertura, por tu generosidad.
Siempre es grato tenerte de paso por esta orilla.
Claus