lunes, 1 de febrero de 2016

Perplejidades

Empecemos de la nada. Digamos que hemos estado ausentes. Describamos esa ausencia como oscura y sofocante. Volvamos al comienzo, escribamos la palabra origen. Reconozcamos un fin en ese origen. Desnudemos el silencio. Seamos silencio. Silencio no mudez. Ausencia de sonido. Ausencia de eco también. Un sentimiento: tristeza. Una actitud: perplejidad. De pronto una sílaba, una negación. Un no corroe el espacio. El cuerpo comienza a hablar: cruzados los brazos, trenzado el cabello, apretados los labios y aguados los ojos. ¡No! Como si negar el presente sirviera de algo. Como si negar el ayer pudiera cambiarlo. Un momento, de pronto otros ojos hacen contacto. Una mirada es suficiente para rescatarnos. La nada no está sola después de todo. ¿Cuánto valoro tus ojos en mi caos? Me haces mirar el cielo que atardece. Y cuánto vale la pena alzar la mirada. Perpleja, tomo tu mano y abandono mi vacío.



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