viernes, 1 de enero de 2016

Primero de enero


Después de la bruma me despejas. Como con una cortina, corres mis miedos. Descalza y aún fría, busco tus pies. Hago un número por un abrazo. Con los ojos aún cerrados te cuento el último sueño: te pregunto si Olimpia tiene algún sentido para ti; tiene uno vago para mí. Me dispongo a enfrentar el día como si en realidad tuviera que enfrentarlo, sería mejor que tan solo sucediera. Permitirme ser optimista porque el año comienza. Pretender dejarme atrás y que otra tome mi lugar. Morir a tiempo
No llorar por las puertas que cerré ni sentir ansiedad por las que no he tocado. Confiar en mí. ¿En cuál de todas? Y ni decir que en la que quieres porque ella y yo, no siempre nos la llevamos bien. En la que te quiere... tal vez. Ella permanece en las manos durante el carnaval. No importa cuantos rostros muden o se caigan, sus manos son inmutables. Por ellas puedes reconocerme. Al mejor estilo de Durrell. Mira mis manos no mis ojos, para que no te impresionen las lágrimas que están por caer. No sé quién soy. Se que a tu lado busco y busco. Y capturo una fotografía para intentar descubrirme en medio de mis carnavales. Soy tristesse... y ya he renunciado varias veces al paraíso.      

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