martes, 20 de diciembre de 2016

Inventario


Por los muros que me han visto susurrar tu nombre. Por los rayos de sol que me alimentan. Por todos los dioses y todas las flores. Por las hadas y los duendes. Por la fantasía y la travesura. Por las migas de galleta y el clavo en el mazapán. Por los amigos y los lectores, por los lectores amigos y los amigos lectores. Por una baraja de Waite y el universo contenido en ella. Por las moras y los dulces y la leche y los amaneceres con frío y el rocío... Por la búsqueda del arte que no cesa. Por la fealdad, por su belleza. Por las almas en apuros, por las almas discretas. Por los sueños con laurel o sin él, por las panteras mansas que me permiten caminar a su lado. Por las fuentes y los cerrojos. Por las puertas y los puentes. Por las lecturas de poemas, por Cohen. Por el palo de rosa y la melancolía de agosto. Por tus lentes. Por un editor amigo. Por los barcos, los umbrales, el delirio. Por tu risa. Por los melocotones en almíbar y la galaxia como vía. Por las tardes hurañas y los desvelos sin magia. Por el sosiego. Por los aprendices. Por las otras lecturas. Por la pintura y la música... Gracias. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Taller El Aprendiz de Brujo

Camino descalza en la madrugada. El reloj me engaña. A veces son las tres, a veces faltan diez para las cuatro. Como rosquitas (porque me calman la ansiedad y tienen pocas calorías). Adoro los martes porque tengo Taller. Sesiones que nunca se repiten, colegas que sorprenden, lecturas que enamoran. Personajes fugaces y personajes reincidentes. Historias de sombreros, de mujeres asomadas a la tienda o a la ventana, de verdugos exiliados, de fábricas de narices, de mujeres en el campo y de hombres en un desierto azulado. Lecturas de teatro, de condados, de reinos, de callejones. Discusiones abiertas, imágenes soñadas. Prosa, poesía, ironía, humor. Llego temprano para no perderme nada. Me voy tarde por la misma razón. En Cuatro Vientos comemos salsa con papitas con Betty de fondo y ventilamos de manera informal lo que quedó faltando. Celebramos los cumpleaños y la Navidad, el día de disfraces no porque vivimos disfrazados. No evitamos ningún tema, religión y política nos han visto implicados en acalorados enfrentamientos donde nunca se tiene la última palabra. Somos diez, a veces once, a veces nueve. Cada uno va publicando a su ritmo. Los demás devoramos cada publicación. A veces nos juntamos y producimos obras como Flores en la pared y otros relatos. Vamos a la fiesta del libro y nos apoyamos. Vivimos cautivados con la palabra escrita. Le hacemos el amor a la metáfora. Bebemos muy poco y trabajamos mucho. Llevamos diario. Tachamos todas las palabras terminadas en mente, excepto mente. Y todos los años discutimos si continuamos o no. Esperemos que sí.   

lunes, 5 de diciembre de 2016

Me atrevo a equivocarme

Kovacs o Pink... duermo una canción mientras te espero. He dicho cosas terribles, irreparables, irreversibles. Te he declarado la guerra en una estrofa cuando no puedo convivir sin ti con lo que de mí queda. No puedo mirarme al espejo sin culpa, no puedo cantar sin vergüenza. Pero me atrevo a equivocarme. Me atrevo a la ingenuidad. También a la osadía, al reparo, a la búsqueda, a la pérdida. Me atrevo a la indiferencia aunque no la sienta. Esa es mi arma de defensa. Sentir que no siento nada. Como si fuera fácil evadir tus ojos, como si pudiera programar mis sueños. Mi inconsciente se disfraza de ti y termino confesándole todo. Diciéndole por ejemplo que la tarde que te conocí había leído a Maria Teresa Ramírez y que fui yo quien deseó un exilio. Un exilio de lo que tú serías porque te llevo incrustado en las esquinas de mi cuerpo: en mis rodillas y mis codos, en la punta de mi nariz. ¿Y de qué sirve equivocarse así? De qué otra forma podría amar tus maneras, sospechar tu amistad con Poe, seguir de cerca a Galeano, leer a Thoreau. Ya va un lustro contigo y sin ti, más contigo... Y hoy releo a Bonnett y Conjugaciones sigue siendo de lejos mi favorito. ''Lo que no sé de ti, lo que nunca supe..." Y qué podrás saber en mi afanada búsqueda, en el libro sin final que somos, en el libreto que nunca aprendí. Ya ves, el punto de no retorno caducó. En una canción, te espero. 

Picasso en sala

Tus caricias son como el rocío. No puedo amanecer sin ellas. Despertar es correr el riesgo de seguir soñando, de flotar entre el espacio y tú. Ingrávida y coqueta no soporto perderte entre las seis y el frío, en un amague del tiempo, en una ola vacía. Necesito de tu arte alentando la mía, de tu Picasso en sala escuchando a un español. Del abanico abierto, del azul cobalto, de las moras grises. Otra Navidad llega pretendiendo quedarse y ya la instalé en casa como si fuera una visita. No hay corona, solo un follaje iluminado y ositos agarrados al árbol. Una lista de deseos que empieza con una tarde entre tus brazos. Sin más pesebre que dos figuras de madera y con una nostalgia Piscis que habita la casa. Estoy sin ti. Estoy sin él. ¿Cómo purificar un recuerdo contaminado? ¿Cómo no gastar sus ojos? ¿Cómo no imaginarte en un abrazo? Tchaikovsky me ha dado órdenes sobre la forma de habitar el espacio. He hecho un collage con pétalos de rosa y he ido a hurtadillas a la cocina por algo dulce. He vuelto al Reina Sofía y me he parado frente al Guernica. La guerra es un pretexto para morir jóvenes. Un pretexto para la gloria, un quehacer vacío. Una discordancia discordante. ¿Y cómo llegué a la guerra hablando de ti y tu arte? Tal vez por tus pasajes agrestes, por la ciudad en vela, por aquella lectura del graffiti de Cortázar. Podría pararme entre el cielo y tú sólo para convencerte de que la paz existe. Ser yo, tu paz. Y evitar así el cuerpo a cuerpo. No, mejor te doy guerra, así tenga que amanecer sin tus caricias ingrávida y coqueta. 

domingo, 4 de diciembre de 2016

Liszt en cola

Una copa de vino. Un atardecer con lluvia. Una sonrisa etérea entre un recuerdo para nada vago. Tú, tus guiños, tu voz quitándome la ropa, el espejo con hambre, la silueta de una cama precisa, el vaivén de un acordeón en otra esquina. Los blues marcando un paso. Liszt en cola. Lo mundano y lo profano unidos en ti. Las callejuelas de tu cuerpo invitándome a una caricia. El mar y el olvido hechos olas. El dulce sonar del agua contra las piedras. Las algas en protesta, la sal en mi cubierta. Llego adonde los barqueros se dibujan en amaneceres sin nubes y atarrayas azules. Pesco por ti una emoción nueva. Brindo por tu existencia. Por la callada manera de hacerme tuya en el silencio. Liszt le cedió el paso a Tchaikovsky y ya no quiero hablar de mí. Quiero contar cómo respiras... Tu compás es de 1, 2, 3. Tu húmeda frecuencia me agita. Tus pasos ligeros se aproximan. Te lucen el verde y el azul. Te luce esa sonrisa. ¿A dónde van los problemas de mi mundo cuando llegas? Conduces el exilio de tormentas. Para ti soy menos de cuatro décadas y unos días y también un siglo y unas horas. Para ti, condenso la tristeza y me visto de alegría. Olvido el dolor que encarnan mis huesos y libero mi mente hacia un juego. Tú, tu risa. El ribete de tu anhelo hecho verso. ¿Adónde te llevo amor? De bailar, se nos acabó la pista.  

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Chapecoense

Estamos de luto por jugadores, cuerpo técnico, periodistas y tripulación del vuelo que se estrelló en Cerro Gordo en el municipio de la Unión, Antioquia. En una hora el estadio estará repleto en un sentido homenaje a la selección Chapecoense por parte de la ciudad. Las historias alrededor de la tragedia no pueden ser más conmovedoras. Desde el jugador que iba a ser padre hasta el que no viajó porque olvidó su pasaporte. Mis más sentidos respetos a ésta y a las demás selecciones del mundo. Jóvenes que entregan su vida al deporte y hacen parte del entretenimiento de millones de hinchas. No es mi interés reflexionar sobre el fútbol sino sobre la impermanencia de la vida. Nunca estaremos preparados lo suficiente para la muerte. Nunca comprenderemos sus designios, su método de selección, su voz silente, su poder para unir o separar. De Comebol depende hacer entrega de una Copa simbólica y todos estamos a la espera de dicho momento; del himno de la selección derramando lágrimas en un estadio que anhelaba verlos jugar. ¡Qué viva Chapeco! Nuestros corazones no los olvidarán. 


martes, 22 de noviembre de 2016

Los umbrales del delirio


Por fin lo tenemos con nosotros. Desde eLibros llega Los umbrales del delirio. Una colección de los mejores relatos del blog del 2014 y 2015. Gracias a todas las bellas personas que han hecho parte del proceso. A Iván Correa y su equipo editorial. A Aleja con sus comentarios a lo largo de estos años, a los lectores anónimos que no escriben pero continúan viniendo. A mi esposo y a los muzos que inspiraron la obra.
Es muy gratificante poder entregar un libro desde las entrañas mismas.
Espero lo disfruten.

Lo encuentran en digital en Amazon e iTunes y en el siguiente link de la editorial:

lunes, 14 de noviembre de 2016

Sin cura de ti

Vi tu luz conforme transcurrían las horas. Luz azul, veta clara, moño de noche. Te vi sonreír y el mundo se me vino encima. Di un paseo por jardines en Viena. Tomé una góndola, vi la mueca de un girasol. Ansié la luna más grande y también la quise de monedero en mi pantalón. Tu luz, menguaba tus ausencias. Indefensa, corría por los pasillos del sueño con un listón verde prendido de mi cuello, con cura para todo sin cura de ti. Me sudabas la frente, me ardías el pecho, mordisqueabas mi felicidad. Y vi tu luz más grande y las órbitas de tus ojos más cercanas. Y no pensé en los cíclopes ni en los besos de Cortázar. Pensé en tu beso alojado en mis labios jugando al columpio o a las escondidas. Y mi luz se hizo más intensa, y mi violeta te invitó a una copa. Y no supe decir adiós cuando tu luz se marchaba porque mi llanto era fúnebre. Sin ti, sin cura de ti, cómo seguir. Tal vez comprando libros con lomo azul esperando que el destino y las palabras te trajesen de vuelta. Tal vez plasmando en un lienzo un pedazo de cielo, acariciando el reverso de un pétalo de tulipán o la carátula de un cuaderno nuevo. Y mientras regresas la oscuridad es un flagelo amargo, desamor en ciernes. Ya no puedo arañar tu haz. Tengo apego a tus formas. Quiero vagar por París e ir sentada en el Metro. Quiero un retrato en Montmartre y un macarrón de los que venden en la Torre Eiffel. Quiero viajar mientras tu haz me encuentra, mientras mi luz te busca. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Saquemos el ratico

Abramos dos agujeros en nuestras agendas. Di tú de dos a seis o de seis a seis. Digamos que vamos a desayunar para terminar almorzando y continuar con la cena. Saquemos el ratico para vernos, horas para conversar bajo el sol, sin escondernos. Mira tú que quiero proponerte un trato. Intercambiar libros y poemas, tararear canciones y discutir el último titular de prensa. Mira que me siento perdida en un mundo que no comprendo y necesito que alguien me enseñe con plastilina cómo es la democracia. Vamos, di que sí. Hazle un agujero a tu tiempo para que quepan mis manos. Dime que el terror que siento será pasajero, que sí puedo volver a confiar. Que la incertidumbre de un mundo farandulero es igual a las demás. Intercambiemos mejor poesía. Hay versos que nos hacen sentir seguros. Decir por ejemplo que la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos.  O ebrio de amor y sueño, hundiré mi cabeza en este océano que encierra al verdadero; y, mecido mi espíritu por lejana tristeza, sabrá de nuevo hallaros, oh, fecunda pereza... de ocio imperecedero. Es incertidumbre lo que siento. Temor al devenir si viene por decreto. Horror a la guerra en todas sus manifestaciones. Terror al hambre que sangra los pueblos mientras la avaricia de otros mueve números en la bolsa de valores. ¿Qué dices? ¿Vendrás a explicarme cómo funciona el mundo, por qué no se aprobó la paz, qué sigue en la impunidad? Me dirás tal vez que no soy la única. Que otros temen como yo, por un Apocalipsis venidero. Y meterás tus manos en mi cabello y me dirás shhhh, buscando mi silencio. Y te daré un abrazo, y haré nido en él. Y olvidaré por un segundo lo macro que me agobia para sentir que en lo micro, estoy segura.    

martes, 8 de noviembre de 2016

Retrospectiva

Rachmaninov le da un aire lúgubre a mi habitación. O es mi habitación, de sórdido ánimo la que quiere culpar a Rachmaninov. La lluvia y el frío acompasan un piano en revuelo. Y recuerdo cuando tocaba el piano por consuelo. Mis idas a hurtadillas hasta la iglesia del colegio. El destapar el instrumento, mirar que nadie viene, intentar componer una melodía. Hacerme melodía. Interpretar el beso, la espera, las ecuaciones, la lógica. Martín Vigil en Cierto olor a podrido. La guerra, la posguerra. La filosofía griega en la voz de "El Champi" mi profesor. Jairo, el de física enseñándonos el efecto Doppler. El estanque, los peces. Esas carpas naranjas y negras bajo hojas de loto. El taller, el rincón donde el arte era un collage. Las carteleras con frases célebres. El salón de profesores con olor a café. Mis zapatos cocacolos con los cordones sueltos y el trajín del año por terminar. La huerta, la primera vez que vi nacer una zanahoria. Mis primeras depresiones, los primeros insomnios. El beso del novio que siempre sabía a nuevo. Las bombas. Escobar escondido. El mundo buscándolo. Garzón retratando el acontecer nacional. Mis primeras lecturas sin la recomendación de mi padre. La poesía. Los cuadernos de diario. El cabello largo, el francés en las uñas. Los Toreros Muertos y Soda Estéreo, Maná y Yordano. Fizebad, el corcel blanco, la dulzura de Blanquita y el buen humor de Chucho (mis suegros). El accidente de Dani y mis tardes a su lado. Todo eso trae Rachmaninov a mi encuentro. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Un poco de mí

Masco hielo. Tengo ese vicio, esa insana costumbre. Busco las puntas abiertas en mi cabello y no me motilo más de dos dedos. Me rasco los ojos cuando tengo sueño y me hago la olvidadiza a la hora de desmaquillarme. No me gustan las hormigas y le tengo fobia a las mariposas negras. Soy terca en la cocina y frente a una hoja en blanco. Entre asar y el horno, prefiero asar. El queso asado es una delicia. Entre vainilla y chocolate, elijo la vainilla. Mi color favorito es el violeta. Y de pensar en una piedra, me llega el ámbar (¿...?). Leo un poco de todo, novela, ensayo, filosofía, teatro, poesía. Releo con mucha exigencia. Soy fan de los autores colombianos vivos y hay varios que me deslumbran. Me gusta lo que ocurre con la literatura contemporánea, la pluralidad de temas y miradas. La crispetera de pequeñas editoriales trabajando con gusto. Los libros hechos a mano y aquellos ilustrados con globos u ojos. Me fascina el olor del papel y la textura de una hoja en alto gramaje. Como todos, tengo mis cariños literarios, personajes imborrables que me habitan, presencias que me han ayudado a resistir. Me declaro deleuziana en el acontecimiento y aprendiz de la virtualidad del texto y del cuerpo. Me atrae el mundo antiguo y cada vez me cuesta más imaginar la supervivencia de lo moderno. Le tengo pánico al clima por el terrible efecto en mis pulmones. Y adoro la música para escribir. Chopin es el favorito de cruzadas. En las manos de Martha Argerich es todo un cómplice. Y así regreso... una noche de noviembre festivo. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Semanas de silencio

He iniciado muchas hojas en blanco. No he terminado ninguna. La razón: estoy con la expectativa de un nuevo libro y eso se nota. Le he dedicado días. Pronto lo tendrán muy cerca porque es en digital y corresponde a un compendio con lo mejor del blog de los años 2014 y 2015. 
Hasta entonces, ténganme un poquito de paciencia. 
Gracias,
Claus

jueves, 20 de octubre de 2016

Plegaria

Hazme reír. Mira que todo ahora es lúgubre. Todo mi cuerpo, su escaso esplendor, sus formas mal hechas, sus cicatrices expuestas. Hazme reír, dime que ya se fue el día, que ya no me acosa, que dejó de preguntar por mí. Vamos, saca del bolsillo uno de esos chistes jóvenes e ingenuos, cuéntame una aventura fantástica, léeme en voz alta, invítame a un parqués y déjame llegar al cielo. Camufla mi dolor en una caricia. Trátame con cariño vos que estoy muriendo. Obsérvame pintar un paisaje viejo. Ponme una cita. Hazme hablar. Mejor bailar. Exorcizar con danza una tristeza antigua. Y ni hablar de ella, de la tristeza, no darle el lujo de la palabra. Renegarla al silencio. Dale, hazme reír. Si es necesario acudí a cosquillas. Dibuja en mi rostro una sonrisa. Veinticuatro horas sin ella son insufribles. Con tus ojos y tu voz me basta el mundo. Ya no muero. Me da pena que me veas morir por poco. Porque no soy lo que quería. Porque no logré lo que esperaba. Y gracias por vos. Por existir. Por soportar mi lúgubre. Por confiar en mi alegría. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Recordando a papá

Solías mantener las piernas cruzadas. El cigarrillo en la mano derecha y el cenicero limpio, muy cerca. Escuchabas boleros y baladas. Pedías mi compañía a la hora gris y te parecía que el tiempo entonces, corría muy lento. Tomabas ron o cervecita y mantenías un lápiz espigado en la mesa de la sala, junto al periódico. Leías de pe a pa la revista Semana y mantenías cerca algún libro de Galeano. Escribías sobre el periódico, teléfonos y recordatorios. Tomabas tinto en ayunas y jugabas golf los sábados. No te gustaba conducir y a ratos preferías trabajar desde la casa. Veías sin falta el noticiero de las siete y esperabas ansioso el partido del Santafecito. Sabías todo de mí. Creías más en mí que yo misma. Eras un realista-optimista. Te gustaba decorar y de tiempo en tiempo hacías cambios en la casa. Te gustaba la pintura y tenías ojo para el arte. Patrocinabas jardines y programas en Televida. El corazón, era lo tuyo. Sabías en detalle las especificaciones de cada marcapasos y cada válvula. Hacías milagros por otros. Sabías trabajar en equipo y liderabas con estilo. Tu camiseta era la vida. Tu búsqueda, la paz interior. Eran largos tus silencios y tus visitas al balcón desde donde veías como alguna ardilla quería hacerse a un aguacate... Te gustaban los animales, en especial los perros. Tenías problemas para dormir y afán en despertar. Odiabas los puentes porque no podías ir a trabajar y tu agenda siempre era azul. Abominabas la mentira y te dolía en las entrañas descubrirla. Tu comida favorita era el mondongo. Tus zapatos, color uva. Tu champú era el Johnson´s, tu loción la Farina. No te gustaba el negro y lo mantenías lejos de tu ropero y del mío. Tus manos eran impecables y nunca caminabas descalzo. Te bombeabas dos veces al día y así el asma estaba a raya. Sin embargo mantenías chalequitos para las noches frías, y me regañabas si me veías desabrigada. Aún me sé tu número de celular y el corazón me grita cuando paso cerca a la que era tu casa. Todavía voy a ti en esa hora que era gris y que ahora es mi rato más prolífico. Invoco tu nombre en cada detalle de entonces y pienso que la muerte no existe para ti. Solía mostrarte mis textos vírgenes y ah falta la que me hacen tus ojos. 
   

martes, 11 de octubre de 2016

Sosiego de ti

Calma que amansa. Sosiego de ti. Palabras sabias. Silencio que no tortura, distancia que no acorrala. Sosiego de ti. Atardeceres plateados, noches sin armas. Tranquila búsqueda de paisajes con agua. Ríos, lagos, cataratas y mares en ausencia de ti, contigo. Punta para los lápices, color para Mandalas. Sosiego de ti, luz que me acompaña. Sombra guía. Oscuridad llana. Ausencia tuya que amaina. Tu voz llega, abraza. Y soy otra entre tu voz y tú. Otra con tu silencio hablándome. Otra con mi silencio sosegado inventando bienvenidas para tus manos. ¿Me has escuchado? Mi silencio tampoco tortura, mi distancia no arde, no acorrala. Amaneceres veteados me muestran el camino de tus sueños. Soy aurora. El sosiego de mí te viste de ternura. El páramo y la tarde nos descubren. Frío aliento que se confunde con una vegetación enana. Sosiegos múltiples de amores calmados. Sosiegos múltiples de distancias que alimentan y silencios que conversan. Sosiegos... a esto ha llegado el amor cuando es pausado. 

lunes, 10 de octubre de 2016

Me has visto llover

¿Cuántas veces me has visto llover? Precipitaciones de noches y días por venir. Amarguras de tiempo y ciudad. Soledades de otoño y caminos sin certezas. ¿Cuántas veces me has visto llover? Meses de asfixia, meses de llanto. Sepultada bajo la hojarasca de mis miedos. Paralizada por la voz de uno de mis muertos. Me has visto llover. He escamado frente a tus ojos. He muerto una y otra vez. He aniquilado el perverso filo de la penumbra. He sido yo en mi melancolía. He sido yo en mi ausencia de ti. Y mis manos locas te han buscado en las sombras. Y mis labios entreabiertos han dicho tu nombre como un conjuro. Y has alejado a mis muertos. Y me has devuelto el asombro. Y no ha habido tiempo sin tu tiempo ni letras sin tus voces. Me has visto llover y has corrido en mi auxilio. Tu abrazo una manta, tu sonrisa un escudo. Y mis tristezas se han visto en apuros. Y he dicho Gracias. He escampado. Y me has visto escampar y recoger mis dudas sin enojo. Y has notado un apego a llover. Y me lo has dicho. Y no te he creído o he fingido no creerte. ¿Un apego a llover? Cuesta la risa. Mi lugar común es una tarde a las seis. ¿Cómo olvido llover? Correría el riesgo de no verte nunca más. Y ahí sí que llovería.  


domingo, 2 de octubre de 2016

Imperativo amar

Es imperativo amar. Desde las entrañas, en el esternón, con toda la materia gris y la corteza de la blanca. Es imperativo amar cuando amainan las fuerzas, cuando baja el telón, cuando llora la canción. Imperativo amar en la diferencia, en el silencio vago, en la confrontación. Imperativo mirar con los ojos del otro, desnudarse del miedo, despojarse de cualquier expectativa. Aceptar la derrota en las urnas, no en los ideales; y entender un empate en las opiniones. De qué otra manera sobrevivir al cambio. Hay que amar. Despertarse cada mañana con ímpetu nuevo. Asomarse al espejo y entender que el cambio sucede conmigo o sin mí. Optar por dar lo mejor. Entregarse en todas las playas. Desde el escritorio de un Call center hasta la obra negra de un edificio. Hay que entregarse. Escribir la historia no es tarea sencilla. Muchas manos se aúnan. La primera no siempre es la vencida. Y es que es imperativo amar cuando duele, cuando la memoria no deja perdonar, cuando cuesta creer en un mejor futuro. Hay presente, mucho presente para abonar. Dicen que las grandes generaciones son las que siembran árboles cuya sombra jamás recibirán. También es imperativo sembrar. Eso es quizás lo que estamos haciendo.         

martes, 27 de septiembre de 2016

A solas contigo

Necesito una hora de tu tiempo. Prometo no llevar amargura ni soledad. Aúno sesenta minutos de alegría y besos. Convierto mis cenizas en aplomo. Y me preparo, doy aplausos por sonreír. Aunque taciturna fue que atraje tu atención, tus ojos se fijaron en mí sin tener o ser nada brillante. Una mujer común con problemáticas comunes. Un manojo de nervios encubierto. Una noche que no conocía el día. Un cuerpo que jamás se miró al espejo. Un dolor. Una llama. Un silencio, mil palabras. Un bostezo del infinito, eso soy. Y necesito estar a solas contigo para invertir los tiempos, para hablar callada, para profesar amor. Agonizo mientras tanto. Mientras el paisaje lleva su cúmulo de nubes del este al oeste. Mientras los perros ladran en grupo y la ciudad se duerme para renacer. Taciturna, reúno lo que puedo en versos. Te digo: bello. Y muero por vos. Busco alguna canción de Cerati e intento creer que algo de lo que hago es importante. Mirarte así: ser cuerpo, naufragar de deseo, vivir también, para ti. Fallecer en mis intentos de una literatura mayor. Descubrir que me falta músculo para la novela. Sentir el llamado del cuento. Del breve, del brevísimo. Narrar que estoy sin ti y permitir que otros vean cuán contigo.  

lunes, 26 de septiembre de 2016

Día histórico


Día histórico para Colombia y para el mundo.
cesó la horrible noche
a trabajar por los amaneceres que comienzan.


lunes, 19 de septiembre de 2016

La mujer de piedra

El cielo está pálido. La tarde apenas comienza y mi rostro sabe a sal. Pronto el dolor se irá, comprará un tiquete de Metro, se anotará en una excursión al desierto, caminará por la Terminal... Pronto bajarán las luces como quien cierra los párpados. Pronto la vida reclamará ser vivida y no tendré más remedio que vivirla. Pronto el silencio será comején y no sabré cómo expulsarlo de mi estudio, se comerá los muebles y dejará su diminuto popó en una marcha casi fúnebre. No valdrá gritar ni llamar a Paulis. Nadie me socorrerá. Tendré que escuchar a Chopin y al mirar por la ventana, salvar el follaje de la Buganvilia que se niega a darme flor. Enredarme en ella buscando alejar la lluvia, como si fuera posible alejar la lluvia. Conversaré con el tiempo destilado en segundos. Le diré que el agua viene y que por ironía saldrá el sol. No, no seré más el dolor. Lo desterraré de mí. Lo exiliaré. Lo enviaré en búsqueda de teneteallás. Me haré una mujer de piedra. Olvidaré las esquinas que me han visto llegar sin él. No mencionaré febrero en los calendarios. No miraré si hay un bisiesto. No celebraré más aniversarios. No daré más misas. Lo veré morir un poco más en mi recuerdo. Sabré que ningún verde se parece al de sus ojos y que ya tengo trillado un video con su voz. Diré que el lenguaje me mutiló una palabra con su partida, porque ya no digo más papá, cada que lo intento se me va la voz. Diré que no me quedan sus lentes por más que me los pruebo y que soy incapaz de escribir con lápiz HB, también que los blocks amarillos se han quedado desnudos y que El Trópico sigue siendo una tienda en Barranquilla donde él solía comprar mantequilla y pan. Pronto el dolor se irá, comprará un tiquete de Metro, se anotará en una excursión al desierto, caminará por la Terminal... y como es tan vivo: regresará. Para entonces habré escrito su ausencia con cincel en mis brazos de piedra.


martes, 13 de septiembre de 2016

La monarquía del autor

No existe. Creemos saber adónde llevar nuestros personajes cuando es al revés, nuestros personajes nos llevan. A ratos incluso se resisten a estar circunscritos en una obra o un pasaje. Quieren continuar protagonizando una historia. No somos más que médiums cuyas almas se ven arrinconadas en una de las esquinas del cuarto donde afanosamente tejemos un porvenir. ¿Autor? Me moldea el personaje que descubro. Soy presa de sus hábitos, cómplice de sus pasiones. ¿Nombrar? ¿Cómo llega el nombre de un personaje? Adriana Pino. El que alcancé a leer en la consignación firmada por mi vecino en la fila de una sucursal de banco. Ella, se vino conmigo. No pude desprenderme más de su nombre. Tuve que anclarla a una historia, decir que era odontóloga, imaginar su consultorio, escribir penosamente su rutina... ¿Metida? Lo soy. No puedo evitar escuchar lo que se dice en las mesas aledañas del restaurante o lo que cuchichean otras parejas en el cine. Soy incapaz de subirme al metro sin imaginar personajes en los rostros que veo. Miro las manos de la gente. Leo gestos. Me descalzo en los lugares donde la etiqueta exige tacón. Las multitudes me asustan porque hay mucho de dónde escoger. Me dan palpitaciones, siento vértigo. Sostengo conversaciones en monólogo. A veces me obligo a no escribir. Cuando la idea llega tarde en la noche, la repito hasta memorizarla y procuro trabajarla al día siguiente pero no siempre funciona, a veces la idea se pierde. Y tengo problemas para socializar en las reuniones. Mitad de mí está presente, la otra mitad, en cavilaciones. Si estuviera cerca del patíbulo no estaría confesando esto. Sé que al final, es irrelevante. El llamado de las letras nos hace una jauría extraña. Nos inventa una monarquía sin reino.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Nueve lunas

Su belleza insulta. Descalza, deambula por la casa recitando poemas. Llama a Clarice como si se tratara de una amiga. Le dice Aleja a la Pizarnik. Tiene problemas recitando a Sylvia y reconoce en Benedetti una suerte de alegría que lo permea todo. Vive sola con su poesía. Como nadie desabrocha su sostén elige no ponérselo. Le habla a las plantas sobre los dioses y evita podarlas para no causarles dolor. Más de una vez, le ha puesto una curita a una rama intervenida y la ha dejado así hasta no ver su cicatriz. Romeo, el pez, come más de dos veces por día, por eso es un beta obeso y no abundan los betas así. Su azul violáceo es pretencioso con ella en la forma como danza en ese globo que se inventó por pecera. El gato, Moisés, adora subirse a su regazo y aunque incomodo se deja acariciar los bigotes. Hace rato que tiene fichado al pez, pero ella le puso una mallita y así los dos tienen que compartirla. Ayer fue a la Fiesta. Estuvo largo rato con los libros de Frailejón entre las manos y lamentó no tener con qué comprarlos. El arte es así --se dijo. Estuvo también en una charla sobre el patio en la literatura y se encontró con amigos que no veía hace años. Le preguntaron por las traducciones y casi se le escapa una lágrima al tener que reconocer que hace rato no intervenía ninguna. Alguien le preguntó por él. No quiso decir que no lo veía hace nueve lunas y se limitó a decir Bien, Bien. Nueve lunas son una vida --reflexionó. Y se marchó en silencio mientras la décima, se abría imponente entre las nubes para observarla.  

sábado, 3 de septiembre de 2016

Espejismo carnal

El espejismo que sos necesita de la carne que llevo. No podés seguir andando así, ajeno, incrédulo, desafiante, perverso. No podés seguir retándome con filosofía y arañando mi lujuria como si se tratara de una hostia. Tenés que mirarme a los ojos para variar y ver como se contrae y expande mi pupila. Tenés que tomarme la cintura y decir que es gruesa pero te gusta. Tenés que venir a mimar a mis perros o dejarte olfatear, al menos. Tenés que preguntarme qué leí y por qué estoy con este acento. Te diré entonces que hoy soy una mujer sureña a la que no le gusta el ajedrez y odia ver la ropa extendida en el patio. Vení apágame las horas con tres besos y subíme la falda entre conciertos. Vamos, soná para mí. Decí tu nombre en árabe, tatúa tu barba en mi seno. Vamos, robá mis viandas de domingo, acompañáme a misa, quédate mirándome fijo durante la homilía. Profáname vos. Adulteráme. Inventá conmigo un verso. Decíme que soy yo el fantasma que te acosa, que son mis piernas tu delirio y yo, tu espejismo. Moríte por mí aunque sea una vez, perdoná mis errores de puntuación, convidá tus miedos a mis delirios. Moríte por mí, aunque sea una vez y prométeme que esa vez será justo como hoy,  que también, me muero por vos. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Mudos los ojos

Fría la tarde, ronco el estudio, salada la boca, hay muerte en el salón: una docena de rosas fallece mientras escribimos adioses y seguimos las migas de una imaginación. Fría la tarde sin vos. Me acurruco antes de perder. Me pierdo antes de acurrucarme. Que si no me doy calor estoy perdida. Los bronquios disparan inconformidad. Me matan las crisis en la que olvido amar. Ese frío me posee, me toma, me coloniza, me convierte. Y mudos los ojos, olvidan llorar. El delineador vuelve a hacer las veces de pecera y contenerme es más sencillo que verme caer. Arrastro los pies hasta una poltrona segura y me subo a ella con mareo de tierra. Quisiera estar en el mar. Regalarme ese aire, sanar con la brisa. Quisiera estar en el mar... devenir mar. Estoy en el mar, soy mar, soy la brisa. A ver qué dicen mis pulmones de esto. A ver si se salvan con filosofía, a ver si no lloran, a ver si respiran... Frente al mar es imposible tener los ojos mudos. Calla, calla ya. Sigue inventando el viento zigzagueante, la morada no triste, el faro de leña y el barco Eurídice. Calla, calla ya, silencia tu pecho con una frase de El portal de los dulces. Silencia tu pecho con un Caballo del paseo Heredia, con un pincelazo de Arsalluz, con un adoquín de la calle Tumbamuertos. ¿Mudos los ojos? 

La mujer del campo

A veces me hablaba del río. Sonreía como nadie. Alegraba mi despertar. Paula es su nombre. Paula como la hija de Antonio, o la hija de Antonio... como ella. Espantaba mis depresiones con un trapo de cocina y compartíamos el amor por los perros. En los últimos tiempos sufría de jaqueca y en la Eps le dijeron que debía hacerse un examen de próstata, no estoy bromeando, de próstata. La llevé a mi médico particular, la curó en segundos. La casa, era otra con ella. Ahora apenas si me acostumbro a este silencio despiadado. No siento fregar trastos ni el sonido de la lavadora. Hoy hice mi primer arrocito en bajo y no se me quemó. No se quemó porque ella antes de irse me explicó cómo hacerlo. Tampoco encontré los trapitos que dejaba al sacudir,  solía olvidar el último sitio desterrado de polvo y tenía que ir por uno nuevo para recomenzar. Y es muy pronto para que sea yo quien sacuda. Temo que al hacerlo, los pedacitos suyos que me quedan se vayan detrás de un afán de limpieza. Prefiero al polvo protestando que dónde está ella para que seamos dos, los mudos e insatisfechos. Aunque ahora que miro a los perros, sé que también lloran su ausencia y ellos, que no entienden del tiempo, esperan verla cruzar la puerta en cualquier momento. Ella, ha retornado al campo antes de que la ciudad y otra familia, le den de nuevo la bienvenida. Ha ido a escuchar el rumor del río para cargarse de energía y ganas, ha buscado en su pueblo esa inocencia tierna para pensar con optimismo. Se ha bebido el paisaje para no quedar ebria de recuerdos y nostalgias. Y ha pintado su cabello aún más rojo para sentir el latir en todo su cuerpo. Ella, la mujer del campo, se ha llevado los osos y peluches que coleccionó durante años, como muestra de una infancia no resuelta que vio morir, la primera vez que pisó Medellín. Ella, Paulis, me dejó intranquila en una despedida de grandes amigas. No lloró. Fue más valiente. Me dijo que pronto, muy pronto me visitaría. Y que conste que prometió hacerlo, porque yo necesito de su río para ahuyentar la tristeza. Necesito de su fuerza para ahuyentar malas palabras, de su alegría para la cámara y de sus manos amando todo lo que hacían. Ese amor, es su legado.

martes, 30 de agosto de 2016

Resucitó la noche

Ni siquiera en tu Zen volveré a verte
Sylvia Plath

Resucitó la noche sin vos adentro. Me dijo hola y hasta pronto. Quise que me dijera adiós, que me despidiera tarde, que me propiciara un encuentro sin términos de validación ni fechas de caducidad. Quise que me me propiciara un encuentro con vos adherido a todos mis rincones. Quise encontrarte en los pliegues de mi piel, en lo áspero de mis codos, en el revés de una rodilla. Quise verte sin los ojos, con el cuerpo, con ese presentir de vos minando mis afectos. Y es que resucitó la noche sin vos adentro. No te imaginas cómo luce, cómo llora, cómo languidece el recuerdo. Ya no estás para contarme cuentos ni para venderme un dulce o pedirme plata para un mercadito. Tu pensión vacía es solo una cama con un ventilador de techo. Vendiste los libros como aquel personaje de Auster, el nieto de Effing, cuando tú ya no eras nieto de nadie más. Nadie más vivo, quiero decir. Y quizás fue tu abuelo, lejos de esta noche quien se arrimó a tu lecho. Es una pena que no me queden lágrimas porque te habría llorado como exnovia triste aunque nunca fui tu novia y nunca me viste triste. Fui tu amiga o al menos, eso quise. Los tatuajes de tus brazos ya no empuñan las varitas de la batería. Ya no suena ningún rock remilgado o valiente, tan solo quedas vos en el recuerdo con tu Zen agitando mi consciencia. Y siento que me preguntas ¿qué queda? Todo Juan. Cada letra. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Divagaciones

Un zorro naranja con una flor en el pecho me observa mientras escribo. Diez rosas abiertas saludan la tarde que está por partir. Una Eufonia es un ave y este mes, está que se termina. No sé si soy más mujer cuando me siento triste pero te llamo más y eso dice algo. Ayer, te soñé caer sobre mi anhelo de ti. Ayer, disfracé mi inconsciente de tu cuerpo para amarme y tu caricia fue estruendo. El ojal de mi ombligo me descoció por dentro. Órganos palpitantes corearon tu nombre. Mi matriz encadenada por poco se libera. El éxtasis de ti me arruinó los planes de conocer a alguien. Fui al parque con el perro y nadie más paseaba. Pensé en las veces que de niña, usurpé nidos de ruiseñor. Volví a subirme en mi bicicleta roja y quise que papá estuviera cerca para detenerme. No soy una buena adulta. Hasta para amar, sigo siendo niña. ¿En cuántos chicos tuve que fijarme antes de que uno se fijará en mí?  Tú te pareces a los primeros chicos, a los que creí amar sin recibir jamás una caricia a cambio. ¿Cómo imaginaba el amor? ¿Cómo lo soñaba? Ripios de poemas se tejían entonces. La ventana era un universo. La hamaca un recurso para soñar. ¿Estabas ya allí? Sin duda. En Yordano, en la fidelidad de Gabo, en las granadillas dulces y los cuadernos de Norma. Estabas, innombrable, en mi fantasía de ti. Nunca pensé demasiado en quién llegaría a ser. Le daba demasiada importancia a con quién. Ahora soy un boceto. Una línea en HB que en algún punto aprendió a soñar y en otro olvidó para qué. Recuérdame esta tarde para que me tristeza no pase invicta. Recuérdame aunque no sea para amar. Escribe mi nombre al reverso de un diario. Invéntame alegre. Créame mujer. Así no seguiré esculcando nidos ni inventándole un quehacer a las flores. Divagaré entonces en el poniente gris. Pensaré en Melania y Scout. En Atticus y Jim, en Tom... y en todos los finales que me dejaron empezada. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Conversación de sábado en la noche

He encendido la tele en un canal capital. He abrazado dos libros y me he metido a la cama con ambos. Con ruido también sé leer. He buceado en el celular por unos minutos buscando tu número. Suena, no contestas. Me atrevo a dejar un mensaje torpe y largo. Busco tu número fijo para tener una verdadera conversación telefónica. Sí, con cable. ¿Aló? Te digo que llueve y me dices que allá no. Tampoco estamos tan lejos ¿o sí? Te digo: el viento aúlla. Me dices: también aquí. No estamos tan cerca ¿o sí? En mi libro la portada está llena de ojos. Siento que me miran. Te digo. Ríes. Me preguntas de qué color son los ojos. Y todos son cafés. Me dices que me miras a través de un par. Juego a buscarte. No. Debe ser el par con los párpados cerrados. Te digo que duermes. Insistes en que no. Me preguntas cómo estoy vestida. ¿Pijama rosa? Comienzo a mentirte. Negro. Babydoll. ¿De qué color tengo las uñas? Rojas por supuesto. ¿Y los labios? Rosa. ¿Dónde están mis manos? Una en el teléfono, la otra... imaginación mujer, imaginación... a la altura de la rodilla. Me excitas. ¡No puede ser! Fue tan solo una mentira... ¿Aló? Aquí estoy. Te conozco hace años. Volvamos a empezar. ¿Cómo estás vestida? Pijama, rosa. Así también me excitas. ¿Por qué no vienes? Llueve. Ya hemos pasado por esto antes. ¿Y por qué sigues lejos? Porque no me soportas cerca. Es cierto. ¿Puedes hablarme hasta que me duerma? Léeme si es necesario. ¿Pessoa? Celan. Imagina un campo de tulipanes. ¿Por qué dices que no te soporto cerca? Ya te estás quedando dormida. Hasta mañana amor. Bostezo. Hasta mañana...



miércoles, 17 de agosto de 2016

En la marea baja

Que se apague el día, que se suspenda el tiempo, que sangren las horas, cauterizaré un recuerdo. Mi sed de tu boca no se calmará entonces, no se calmará ahora. Seguiré escribiendo versos pares. Soltaré amarras. Buscaré meteoritos en tu cielo. Sonará el piano en una esquina. Serás lumbre para mi sombra. ¿Y qué? No podré decir que te amé. En ese instante moriría todo. Es mejor seguir buscándote en la marea baja, en el poniente triste, en los pies descalzos y las manos libres. Sí. Buscarte en los libros, en los monólogos, en los puros cubanos y el whisky. Buscarte... hallarte... perderte... encontrarte. Qué ha sido de mi eternidad sino una búsqueda de sucedáneos, cuando tú, el auténtico, te yergues con control sobre mi almohada.  Ahora ven, habítame dos horas, mora en mí, ve el mundo a través de mis ojos y los sueños a través de mi lente. Habita en mí. Siente el escozor en mi piel. Mírate por mí. Ves cuánta luz, cuánta alegría, cuánto sosiego... ¿Ves? No te vayas ahora que lo sabes todo.  

El Quijote sobre mi chimenea

Llevo días buscando la palabra exacta, el inicio preciso, la descripción acertada. Llevo días con tu sabor en mi lengua y tu voz arrinconando mi lucidez. Repito palabras tuyas que se alojan en mi inconsciente con destreza. Soy tu bella. Y esa belleza no es un atributo físico, es más bien una disposición del alma, un color o una vibración. Y en esa vibración nos sintonizamos. Mi mirada escarba los rincones de tu existencia. Quiero saber todo de ti, tus matices más mundanos y profanos, tus aspiraciones más cargadas de esperanza, las huellas del tiempo sobre tu rostro, el vaivén de tu cabello plateado iluminando mis noches. Quiero saber a qué te sepo. Qué hace mi saliva en tu boca. Cuántos viajes hacemos cuando nos miramos... La perfecta complicidad. El afecto en el quehacer. La manera de contemplar el ocaso cuando hay nubes. La provisión de besos lista para ser menguada. ¿Dónde pongo tu mirada amor? ¿Dónde alojo su fulgor? Ven, ayúdame a tejer el reverso de un poema. Sostén esta ilusión de ti. Abréme tus alas para llevarme una pluma. Conserva ese beso alicorado. Succiona mis labios. Aruña mi presente con preguntas. Nada en mi obra como si fuera tuya. Esculca. Escúlcame. Pregúntame de qué color es el cielo, cuántas estrellas, si algún planeta... Dime, dime qué anhelas. Sé el Quijote sobre mi chimenea.     

miércoles, 10 de agosto de 2016

Aguas

Soñar con agua, ver lluvia, acariciar una ola, llenar la tina, abrir la llave. Correr. Mojar el mundo. Ser el cauce de un río, saltar piedras, ser corriente. Soñar contigo, sumergirme en ti. Besar. Besar. Besar. De mi agua a tu cauce, de tu agua a mi cauce, torbellino. Líquida conflagración de acrobacias. Tu boca, el refugio; tu palabra, mi sustento. ¿Dónde caen las horas que dormimos si al despertar nos miramos como si jamás nos hubiéramos visto? ¿Dónde? Anido en tus ojos para poner un grito. Calma, no somos tan distintos. En mi cuerpo hay adioses que se calcan en el tuyo como un porvenir. En mi cuerpo hay fronteras que tu agua traspasa para sembrarme cosechas. Riegas mis jardines con tu nombre y la realidad es mejor que el sueño donde te toco con lluvia bajo un atardecer. Me mojo las horas que están por venir, las palabras por decir y los besos que otorgar. En tu boca me busco, en sus orillas me hallo. En otro espacio, otro tiempo, otra risa, somos cascada. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Dobles cuánticos

Un llanto granulado, así es la lluvia de esta tarde. Invento un beso con los dedos y lo alojo en tu regazo para que me tengas de fiambre cuando me necesiten tus pasos. Y es que estamos tan ocupados que no tenemos tiempo de pensarnos. Tenemos más de lo que tememos y menos de lo que deseamos. He olvidado la tormenta bajo tu abrazo. El centellear sonoro que ilustra un horizonte lejano. El miedo al lobo. La cueva ancestral y oscura de un aposento seguro. Estamos tan alertas que sólo un televisor nos arrulla y cuando olvidamos el sleep continuamos trabajando. Pedaleamos los mismos problemas y tenemos las mismas discusiones: me regañas por hundir por la mitad el dentífrico mientras te llamo la atención por dejar las puertas abiertas. Tú sigues madrugando y yo sin hora fija, me despierto como Caty: "a las nueve de la madrugada". Sueño y no es a ti a quien veo. Pienso, y no es en ti en quien pienso. Te me has vuelto como el oxígeno, imperceptible pero absolutamente necesario. ¿Adónde iremos amor? ¿Qué calles nos verán llegar?  ¿Podremos solucionar los problemas que inventamos? Cambiar. Mirar más tu pupila, besar más tus labios. No somos los que fuimos ni seremos los que somos. Somos lo que pensamos. Entonces elijo pensarte bien, quererte más y dialogar contigo durante la tormenta. Decir: hace frío y ver cómo se aleja entre tus brazos. Un nido, sí. Eso tenemos. Habrá que buscar más leña y atrevernos a soñar juntos como alguna vez nos soñamos. 


Munich en el alma

No he leído ni he hecho anotaciones en el diario. Sigo viajando. Las noticias hacen bruma en mis recuerdos. Con el retrovisor empañado no puedo describir cuan bella es Munich. Las libélulas se niegan a pasear por el lago de las Ninfas y los patos esconden la cabeza. La Ópera cierra sus puertas y se han roto los espejos exhibidos en la plaza. Todavía llueve. A un pug lo pasean en la otra acera y extraño los míos. No hay banderas en el Marienplatz y no me provoca comprar un souvenir.  El estruendo antecede al silencio. No hay música. La risa de mi hijo no acompasa mis pasos ni abro los brazos al cielo para un retrato. Estoy pasmada, quieta, estupefacta. No le pregunto al guía por un lugar dónde comer ni me amarro los cordones por enésima vez. Caigo. Me raspo. Al levantarme mis manos se llenan de piedrecillas, continúa lloviendo, las sacudo, me las lavo. No fui yo. También fue a mí. 


jueves, 28 de julio de 2016

Sin ambos

Por el tacto que nunca fue, por un jardín sin flores, por la musa que mi visita y tus ojos en conserva. Por el caprichoso universo de tu sonrisa y las tardes mías-contigo. Por la botella azul y el gato encorvado. Por el rayo sin trueno y tus viajes sin visa. Por el verde en mi bufanda y los globos de helio. Por el color de tu alma y las líneas de mis manos, te digo: se nos acaba el tiempo. Por el favor de los dioses, por el rumor de los hombres: quédate. Abrázame esta noche, asfixia mis temores, mece mi voluntad, arrastra mis angustias, tolera mi fealdad. No me preguntes de dónde vengo y mucho menos para dónde voy. Préstame tu sombra por unas horas, cobija mi orfandad. Miénteme. Dime que todo saldrá bien, que una crisis es un tránsito, que como otras veces volveré a él. Huye, enséñame a huir. Cae, enséñame a caer. Pierde, enséñame a perder. Huyo, caigo, pierdo. No huyas tú, no caigas, no pierdas, sólo enséñame a vivir sin ambos.

miércoles, 20 de julio de 2016

En mi costado

Partiría en dos mis huesos por tu nombre acurrucado en mi costado. Lo tomaría entre mis dedos y tejería una sola palabra que contuviera las demás. Diría deseo y te hablaría de las noches blancas y los duendes tristes, de las brujas llanas y los montes grises. Pasearía contigo por la niebla oscura y le daría un lápiz a las ideas sosas. Contigo a mi lado tendría el mundo conquistado. Reposaría callada en la esquina con luna, en la marea sublime. No perdería el llanto y no temería al delirio. Invertiría en lágrimas lo que sucede ahora, abonaría otrosís para todas mis promesas. Haría poesía sin temor al género y me haría poema para que me leas mejor. Con tu nombre a mi lado visitaría santuarios de agua, correría por campos de girasoles y abrumaría la luz con cintas de colores y besos esquineros. Y las brujas, aburridas, me pedirían un conjuro o unas crayones, y les daría lápices para que pinten sus verrugas y sanen sus heridas. A los duendes tristes les daría una baraja de naipes y a los montes grises, aves que surquen sus cielos. Las noches blancas, no serían más que una sábana y mis divagaciones... una sarta. Y tal vez tú, lejano en tiempo, encontrarías una razón para esta furia callada. Y después de todo, quizás vengas y te acurruques donde nadie sino tú puede hacerlo.  

martes, 19 de julio de 2016

Verde Toscana

Se escurría en mi ventana.  Los verdes eran tantos como los viñedos y los rollos de heno. Intentaba dormir pero el paisaje no me lo permitía. Sentía que me perdería un fragmento de universo si cerraba los ojos. Quería devorar el paisaje, nombrarlo, regalarlo. Ya no sería la luna el desértico e inamovible paisaje que añorara, sería Liguria, sería la Toscana. Te diría al verte que encontré un rincón dónde ser felices. ¿Para qué un rincón si podemos ser felices sin posesión alguna? Pero yo quiero un rincón italiano, quiero un pedacito de bota, quiero mi propio árbol de uvas… No será contigo aunque quieras un lunar de los míos ¿Un lunar en mi piel?  Me detuve a esculcar mis brazos por el mencionado lunar y supe que esos no eran los que querías. El lunar de mi rostro te apetecía. Esa era mi Toscana. No podía dártelo, no podrías sembrar un viñedo en él. ¿Para qué un lunar? ¿Para qué un pedacito de bota? Para admirar. Para decir que anochece y es de día porque es verano y los autos corren por la autopista con las ventanas abiertas para sentir la brisa.  Árboles inclinados por el viento dibujaban senderos que mi mirada seguía hasta el final. Salidas de casas carmesí con enredaderas entre sus pisos, tejiendo nidos de colibrí. Campanas. Cerca hay una plaza, sí, con torre y balcón, sin dama ni blanca flor. ¿O soy la dama y mi diario la flor? Para qué invitar a Machado a mi Toscana, por qué no esperar verlo en Toledo o en Madrid. La poesía es caprichosa, va dónde no la invitan. Se presenta. Araña arrugas de un tiempo pasado que  no siempre fue mejor. Dice que quiere morar conmigo en el rincón que elija y es tan generosa su propuesta que no puedo elegir. No puedo llevarme un pedacito de bota porque sí. Aunque puedo escribirlo y sentirlo cada vez que lo leo. Imaginarme de nuevo en la ventanilla del bus contando viñedos y rollos de heno. Pasar por Verona e imaginar la pluma de Shakespeare cargada de tinta flagelando el papel. Escuchar las risas adentro. Las conversaciones en tonos bajos. El guía, Antonio, anunciando la siguiente parada con un Ding Dong que despertaba de sueños pero no de ensoñaciones. Jamás despertaría de ese verdor, de este verano. 



jueves, 14 de julio de 2016

Influencia

Dos gotas de lluvia, tres versos de Piedad, un canario amarillo y un torrente de ciudad. Puros semáforos en verde, cebras sin cuello, mercaderes sin bondad. Agáchese a mil, compre lo que no necesita. Escriba en la pared, dibuje uno de esos muñequitos de palo y no se asuste, no ira preso, no es grafiti. Soborne una milonga, pídale que no sea triste. Recuerde a abril. Anote en un papelito el día de su cumpleaños. No se desgaste pensando si le llevará flores. Conserve el papelito. Abra las cortinas antes de las seis. No lea la nación antes de las siete. Olvide de nuevo sacarle punta al lápiz, complete el crucigrama con bolígrafo, tache si es necesario, ah, y consulte la enciclopedia, no le dé pena, nadie está mirando. Tome el celular descargado y logre aunque sea dos rayitas. Hoy es un buen día para un corte de pelo, acuda a la barbería, pregunté por don Samuel. No se deje tentar por un manicure. En los hombres el brillo se ve terrible. Almuerce donde Margarita, vea que lleva semanas invitándolo. No le diga que alguien más se lo recordó. Disfrute de su sonrisa. Lea las comisuras de sus labios, fíjese qué labial lleva, ¿es rosa? Cuéntele de su mamá, de lo mucho que la cuida, de lo malita que está. Ábrase a ella. Reciba su dulce abrazo. Vea que es un buen hombre y educado también. Mencione Abril. Vea como sus pupilas se expanden y cómo se hace torpe al recoger su trasto. Léala bien. Contemple las flores en su falda. Sus rodillas desnudas. Sus caderas preciosas. Ofrézcase a recoger. Acompáñela a la cocina. Pregunte qué hacer. Vea como arruma todo para acercarse a usted sin tener el arrebato de besarlo. ¿La ha besado usted? No diga después que fue mi idea. 

miércoles, 13 de julio de 2016

Regreso



Paseé como una libélula por El Palacio de las Ninfas. Los cisnes en el lago me recordaron tu elegancia al recitar a Machado. "En la plaza hay una torre, en la torre un balcón, en el balcón una dama, la dama con su blanca flor..." Y supe entonces qué era una plaza con torre y con balcón. Me hice tu dama y también tu flor. Te hablé del verano, de los pasos con un morral al hombro, de los sueños cristalizados. Encarné la alegría y sudé sonrisas. Regresé optimista de las obras por venir. No escribí una palabra durante un mes y fue liberador. Viví las palabras. Volé. Recorrí con asombro calles de adoquines gastados. Deshice pasos lúgubres de cuando cargaba el mundo en el vientre y no lo sabía. Y pensé en ti. Deseé cada centímetro de tu boca. Imaginé otro primer beso. Paladeé tu sabor en mi lengua. Deshojé la flor. Escuché a Tartini en la plaza. Le di aplausos al ocaso y mentí sobre mi edad, me puse años. Y regresé aquí, algo insegura sobre qué escribir. ¡Hay un mundo allá afuera! Vamos a intentar describirlo poco a poco.      

sábado, 18 de junio de 2016

En una hamaca blanca



La hamaca se meció. Distraída, quise saber qué hora de la tarde era. Dormitabas. Los hielos en el jugo de níspero eran historia patria. Mi pierna era un pegote untado a la tuya. El ventilador iba y venía como si tuviera un encargo y lo olvidara cada vez. El kiosko estaba lleno de habitantes de otros mundos: entre duendes, marimondas y brujas residían también loros, guacamayas e iguanas. Mi favorito era un pinocho café a quién Guepetto no alcanzó a vestir bien. En la fuente, dos María Mulatas discutían por el agua: el macho no quería ser galán y la hembra no comprendía aquella falta de gallardía. El jardín, hablaba: las buganvilias habían trepado hasta los techos y entretejidas formaban guirnaldas,  el viejo árbol sostenía el peso de media docena de cuernos bien nutridos, las lagartijas se asomaban por las rendijas y un festival de mosquitos era de pronto interrumpido y convertido en masacre. Tú seguías dormido. El Heraldo bailaba al son de la brisa. Una noticia sobre el puerto parecía ser importante. El olor de los deditos de queso me abrió el apetito. No veía a mi abuela por ningún lado pero podía escuchar su voz dirigiendo la cocina. Tampoco veía a mi tía ni a mis primos. Nos habíamos quedado dormidos después de la paella y lo único que seguía inmarcesible era la música. El jardín bailaba. Mis dedos también. Comencé a buscar cabellos en tu pecho y a enroscarme en ellos. Quería que despertaras para besar el Caribe y correr descalza a buscar un coche, escuchar el sonido de los cascos contra el asfalto, detenernos en la Cuarta por el tráfico. Observar a los conductores hablando solos con sus manos libres y vidrios cerrados, mientras nosotros íbamos juntos y bien abrazados. Hacer el recorrido por el centro: entrar por las Bóvedas, recorrer la muralla, atrapar la sal con las manos mientras la brisa golpeaba y me obligaba a correr mi cabello tras mis orejas para… continuar jugando con tus incipientes rulos, mecida todavía en una hamaca blanca. 

El ángulo de tu presencia


Esperé el llanto de las horas. Sobre un manto blanco descansé pausada. Imaginé el sabor de un algodón de azúcar y deslicé mis dedos por los bordes de mi boca. Amañé el clima a mi gusto, comenzó a llover y el techo a sonar. Tuve un veloz encuentro contigo. Sonó el teléfono, no reparé en contestar. Tronó, el relámpago previo no tenia ínfulas de niño bueno. Cambié de lado, no me gustó. Volví al origen. Abracé mis rodillas mientras pensaba en tu olor. ¡Qué mágico sería ser arropada por ti en esta tarde de invierno! Por ti... comienza a aullar la noche su melodía franca. Y es que no quiero moverme. No quiero perder nuestra unidad. Quiero estar metida en ti. Quiero que mi cuerpo se vuelva a amoldar a tu silueta, encajar en el preciso éxtasis, en el desborde tierno, en el animal herido. Por eso no me muevo más, encontré el ángulo de tu presencia. Respiras sobre mi nuca y me araña tu aliento. Contigo he reconocido el deseo sin necesidad de hablar de amor. ¿Sobreentendido? Jamás. Leve murmullo de torrente sanguíneo, presión angelical sobre senos dispuestos, presión mortífera en una ingle caprichosa. Presión y pasión. ¿Cómo más escribo que me robaste el alma? Nunca ha sido mía pero es tuya. Nunca ha sido mía y te advierto no abrirme más las alas, no soplar tan fuerte que temo una caída atroz, un paracaídas averiado, un verso sin sabor. Vamos, camina conmigo por los senderos de la lluvia triste. Dame tu mano para levantar mi peso de estas gastadas cobijas.   

lunes, 13 de junio de 2016

La aventura de leer a un amigo

Agoté las horas mirando por la ventana de la biblioteca. El libro allá afuera sonaba como freno de bus. Simón pasaría por mí y no tendría una referencia qué contarle más que los colores de las mascotas que pasearon por la esquina y los uniformes que entraron y salieron de la Exposición de Fotografía Virgen. Pensé un rato en cómo sería una fotografía virgen y me enorgullecí al concluir que no la que exponían. La sala de prensa estaba repleta, como siempre por los mismos tres o cuatro viejos que conversaban sin mirarse. El sello de la biblioteca en todas las hojas de prensa alejaban cualquier intento de robo pero no faltaban las tijeras que podaban algún clasificado desprevenido. Los anaqueles de historia eran vecinos de los de química. Nunca comprendí esa extraña disposición pero así era. Habría sido más sencillo juntar la física pero esa estaba lejos, incomprendida. Los computadores estaban ocupados por adolescentes en su mayoría, buscando acceso a Internet y dándole la espalda a la literatura. Como si fuera posible darle la espalda. Mi sección favorita, Literatura Colombiana estaba en los Ochocientos y allí podía hallar de todo, en orden alfabético sin menor o mayor. Era extraño que hoy no hubiera tomado uno de esos libros mágicos o crudos pero había preferido el mundo. Una reparación tenía lugar en el ala donde me encontraba y dos pintores subían y bajaban de una escalera de madera que daba la impresión de querer quebrarse al más mínimo descuido. Los bolsos entrantes y salientes me llamaban la atención por el desparpajo o cuidado excesivo por parte de sus dueños. El vigilante apenas si tenía tiempo para guardar uno y recibir otro. Y mirar coqueto a la colegiala de sus sueños. ¿Cómo terminé en la biblioteca? Ah, sí, vine a devolver los cuentos completos de Yourcenar. Como si fuera posible devolverlos. Ana y Miguel seguían en mi cabeza y seguirían no sé por cuánto tiempo. Me apresté a regresar el libro y di una ojeada, una ojeada no más en las novedades. El abrazo de Helena Iriarte, continuaba con su cariño rosado ubicado al norte de un sueño. La melancolía de los feos de Mario Mendoza me atrapó por completo. El pulpo de la caratula se abrazó a mí. Tuve que ir por el bolso, buscar mi cédula, correr para que no se lo llevaran y salir abrazada a él. Alfonso Rivas. Fue el nombre en el que abrí. Ya pasarían por mí y ya tenía un libro dentro. Corrí a llamar. No quería que Simón me recogiera tan temprano. Dos horas. Dame dos horas. Me senté en el viejo sillón y comencé mi aventura. La aventura de leer a un amigo. León, un psiquiatra abría el libro en un estilo de vida que muchos conocemos. Vivir para trabajar y olvidar para qué se vive. De repente una carta, un amigo de infancia, cientos de confesiones acerca de la bondad y la amistad. Las dos horas no me alcanzaron para mucho. Cuando Simón llegó por mí me encontró malhumorada. ¿Qué te pasa? -me preguntó. No quería parar de leer. Pero recuerda que hoy es el cumpleaños de mi abuelo. Lo sé y tendrás que ir solo. ¿Estás bromeando? No. Dame ese libro a ver. Ni te atrevas a tocarlo. Necesito saber. ¿Pero saber qué mujer? ¿Para qué le está enviando las cartas? ¿Quién? Rivas. Te metiste en el libro, eso es. Ya hemos discutido por esto antes. Cada cosa en su lugar, ¿recuerdas? El lugar del libro es conmigo. Lo siento, hoy no puedo acompañarte. ¿Y pretendes que cruce la ciudad para llevarte a tu casa y regresar solo de nuevo? No pretendo nada. Puedes dejarme aquí. Sí, claro. Háblame más de Soler. ¿Quién te dijo que se llamaba Soler? ¿Crees que eres la única que lee?   

jueves, 26 de mayo de 2016

Balada de la mujer triste

Cuando cierro los ojos miro pa´dentro 
pa´ver  si te veo donde te siento.”
Cante jondo

Cuando te busco adentro, lates en mí. Estás en las palabras que dibujo, en las melodías que escucho, en Chopin. La melancolía dejo de ser triste desde que me habitas. Los muros no son más que arena y cal. Te brincas mi atrapasueños y colmas de imágenes mi despertar. Tu sonrisa es mi amuleto. Sin fotografías, te guardo en el camafeo de la memoria. Tu cabello negro se sigue deslizando entre mis dedos y tus labios entreabiertos le dan cuerpo a mi nombre. Cuando cierro los ojos te veo despierto. Me miras. Me auscultas. Te buscas en mí. Eres poro, lunar y cicatriz. Estoy contigo a cada instante... Transitas en mí. Las calles que tienen tu estela son más brillantes y apetecidas. Los libros son cómplices de nuestra aventura, entre líneas te leo, en márgenes te anoto. Mis manos continúan siendo inconfundibles para ti, quien al mejor estilo de Durrell podría reconocerlas en un carnaval. Y es que desde que te conozco disfruto ser yo. Sin máscaras  ni artificios. Cuando me ves sabes que voy desnuda de cuerpo entero. Lo demás son pretextos, convencionalismos cargados a ratos, de inutilidad. Y es que tu voz es caricia. Cuando te busco dentro empiezo a soñar. Mis ojos tienen tu silueta encallada. Estás en la bitácora del capitán. Lo que comenzó como una lágrima te atrajo a mi soledad. Ahora la brújula está marcada y tus coordenadas son el inefable destino que me espera. ¿De saber que tú vendrías, cuántas veces volvería a llorar? 

domingo, 22 de mayo de 2016

Tengo algo que decir al respecto

Fotografía: Daniel Efe Restrepo 

Te necesito. Apelo horas a favor de tu cariño. Araño memorias con un plumón café que destila obsesiones sobre una hoja rayada. Conservo tus besos últimos como si fueran los primeros. La música me sabe a ti, los libros también. Las revistas, las fotografías, las cervezas, tienen ingredientes irreductiblemente tuyos. Los lápices 2B y los borradores de nata se hicieron para ti. Los clásicos conversan con los contemporáneos a través de tus ojos y tu sonrisa. Un farolito no es solo una canción...  Un pavo real es mucho más que un ave. Posan para ti las mariposas. Le das color a una silueta nocturna. Siempre vas de pie en el Metro y junto a una ventana para oler la ciudad. No tomas café. Estás en onda naturista. No comes de noche y duermes cuatro horas, tiempo que te alcanza hasta para soñar. Usas pantalones de paño y camisas con mancornas, y doblas los puños cuando vas a pintar. Jamás te ensucias más allá de lo necesario. Todo en ti parece tan preciso como tu diálogo. A veces juro tener que sacar tus palabras con ganzúa. Lo único insaciable es tu mirada. Creo que disfrutas más verme que tenerme. En el lienzo olvido los años y una pose provocativa me delata. Lo demás te resulta soso, insulso. Y es en mi simpleza que te agrado. Nada de drama. Nada de imprevistos. Cero movimientos impredecibles. Pero tengo algo que decir al respecto: tú me hiciste así. Posar no es divertido para otros ojos. El instituto es aburrido comparado contigo. Y sí, me conformo. Sé cuál es nuestra línea y no voy a pasarla, no voy a pedirte un amanecer o una noche entre tus brazos, seré tu modelo, con suerte tu musa hasta que decidas buscar otro cuerpo para recrear el infinito.     

miércoles, 11 de mayo de 2016

Recuerdos a la orilla del mar

El muelle, las olas, tu noche, los barcos... El faro, su luz. El cielo, mi noche, Arturo... Navegante sin tripulación, ancla sin océano, red sin pescador. La bahía da espera, buques salen y entran. El aire salado sopla las esquinas de mi rostro. Las campanas de la iglesia redoblan por un matrimonio en curso. Un par de iguanas pasan la calle. Continúo observando: alguien patina cerca y me toca, más allá un carrito de helados exalta el coco y el mango, al frente, un carro de raspado compite con Kola, tamarindo y limón. Un pug pasea gracias a su amo y marca el territorio como recién conquistado. La sal se asemeja a mi pérdida. Lloro. El calor evapora mis lágrimas, las pega más a mi rostro, lo quema. Salen los novios, echan arroz. La abundancia también es de estrellas y boyas. Intento contarlas pero pierdo la cuenta. Un ron y me echo a la pena. Un bolero y también. ¿En qué pasos te perdí? ¿Cuál navidad fue la última? ¿Cuál el último año nuevo? Mi viejo... nunca te dije así, siempre fuiste papá, bombón, lindo, todo lo dulce de este mundo. Una banca y me siento. Intento contar los pisos de un crucero. De lejos el Asturias se impone con todos sus recuerdos. Estás en el balcón, -siempre estabas en el balcón-. Ahora mismo te imagino diciéndome adiós. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Pellizco de cielo

Larga la espera. Larga la lluvia. Corta la respiración. Un mordisco de fe y te tengo conmigo. Un pellizco de cielo y decimos que es noche. Una alborada noche con nuestros abrazos interminables. Que no amanezca. Déjame seguir buscándote en la oscuridad. Déjame seguir a tientas el camino hacia tu piel. Y se me abren los poros y parece que te inhalo, y no quiero más nada que tu pecho y mi oído buscando tu corazón. Larga la espera, larga la lluvia, corta la respiración. Con los ojos cerrados me miras, tus manos me inventan. Mis pezones se erizan. Soy el retrato del delirio, la comunión con la obsesión. Soy tan tuya que duele, tan poco mía cuando hay que hablar de amor. Mi cuello se arquea, tu beso lo llena. Mi cuerpo tirita -no por mucho-. Me das tu calor. Y entre jirones de piel nos vamos acurrucando para no dormir, para recorrer los dedos tu paisaje y ser colina y valle para vos. Y nuestra selva ruge. Y se asoma un desquicio de amanecer. ¿Estás conmigo? El alba te sorprendió dormido. Me aferro a tu mano en mi vientre y veo como la luz arrebata el pellizco de cielo.  

Me bastó un violín

Se me pasó el tiempo sin mirar las horas. Me bastó un violín para volar la tarde. Escuché tu risa en sus notas. Se me enredó un cordón al mirar al cielo, al buscar la luna, al recibir la lluvia, al amainar mi deseo. Te busqué como siempre, atorado en letras y te encontré mejor, más lúcido, más bello. Quise inmortalizar tu rostro en un retrato blanco y darte uno mío en su consabido negro. Quise ser gitana para vos. Leer en tus manos las mías a su encuentro, reconocer en tu iris una exaltación: furor de color y de fuego. Me amañé mirándote. Me acurruqué a tu lado. Tejí el amor para no perderlo y me herí con la aguja a propósito para sellar con sangre esto que siento. Te leí un poema de Rojas Herazo y te mostré un gallo dibujado por él. Cacareaste. Reí. En tu boca el lienzo está vacío. De mi boca llega el color. Nuestras lenguas pintan el cosmos y se quedan adheridas ahí en una esquina, en una esquirla, en un pedacito de húmeda piel. Y pinto contigo el cosmos y hasta podemos darle un sabor. Sabor que no diré porque queda entre ambos como el violín, como el poema, como la tarde.  

jueves, 28 de abril de 2016

Levito

La luna nos vio pasar tan distraídos que ni la miramos. Tu mano sostenía la mía con fuerza. La lluvia, los charcos, los niños, el parque. Un farol con corto y una luz menguante. Los perros, los amos, las voces, el parque. Tus pestañas se mojaron y tu mano sacudió tu sonrisa. Tardé en darme cuenta de que nunca seríamos tan felices. Memoricé las mesas del bar, los balcones vecinos, tu camisa a rayas, la cerveza vacía. Y besé las esquinas de tu boca como las bisagras de un sueño. Y quise tu mano en mi pierna por horas. Y quise la mía en tu espalda por otras. Y la lluvia se hizo concierto y tu mirada me develó un misterio. Toda mi humanidad quiso aferrarse a la tuya. Toda la tuya se vino conmigo. Justo intercambio de soledades y búsquedas. Y el beso, aquel beso, incesante juego entre alcoholes, malabar de bienvenidas y adioses, néctar de dioses. El beso, aquel beso, me hizo perder gravedad. Desde entonces levito cada que lo recuerdo.

lunes, 11 de abril de 2016

Hice mal

Hiciste bien en no quererme, te habría partido el corazón tarde o temprano. Hiciste bien en alejarte, aunque te sienta tan, tan cerca. Hice mal en no poder odiarte. Hice mal en acongojarme. Debí soltarte. Debí olvidarte. No pude. El recuerdo de tus ojos aún me acaricia por el retrovisor. Tu mano en su pierna me atormenta ahora tanto como entonces. Tus besos con ella se sienten como un ráfaga de viento helado junto a mí. Nunca supe la boca que añoré. La sospeché en sus besos, en los de ella, con una ternura que en mí habría sido pasión. La sospeché en los tragos, en ese fondo blanco que antecedía tu sonrisa. La escuché en tu adiós. En esa cruda manera de decirme Me voy. Creí que era como tantas otras veces, un hasta mañana. Pero te fuiste. Compraste un tiquete de una sola ida cruzando el charco y no me pediste ni mi dirección. Me enteré por redes que Francia era tu hogar. Allí vi fotografías de ti, feliz. No la vi a ella y tampoco me importó. Estabas lejos, esa era la ecuación. A veces, quería dar like a tus vivencias, siempre quería decir que me gustaba, nunca lo hice. Dejé de visitar tu página después de que te vi comprometido. Y seguía viendo tus ojos en el retrovisor. Cambié el auto. Funcionó. Me encontré con tu amiga y me preguntó por ti. Balbuceé. ¿Qué decir? ¡Pero si se moría por vos!, me dijo. Y no tuve más remedio que sentarme y pensar por qué no envié un mensaje, por qué no dije me gusta, por qué no le pregunté, después de todo fue él quien me partió el corazón. 

domingo, 10 de abril de 2016

Conversación al sur

Abroché el cinturón con la mirada fija en la calle. Tu sombra dobló la esquina. Llegaste. Te subiste al auto. Te miré buscando cuitas nuevas. Me mostraste dos silencios fragmentados y el renglón de un libro subrayado. Arranca. Encendí el auto. ¿Hacia adónde? Al sur, siempre es mejor al sur. Descendí por cuadras alumbradas de cariño mientras mirabas absorto por la ventana. ¿Y Dalia? Con su madre. Dejé que tu silencio nos abrazara a ambos. Conduje. El tráfico se hizo denso de repente y sólo se me ocurrió encender la emisora. El concierto para violín de... no tuvo tiempo de sonar porque tu mano lo apagó a la vez que tu voz ronca me decía: Esto no puede ser Martina. Me atraganté al instante y no quise preguntar qué de todo no podía ser. Era. Intenté buscar tus ojos pero tu mirada estaba perdida. No sé para dónde vamos ni por qué, te dije al fin. Vamos a arrancarnos la piel porque ya no nos queda pudor alguno. Así no. Culpable no. Dijimos que estaríamos juntos mientras no hubiera culpa. La culpa es amarte, me siento perdido sin ti. ¿Y por eso me ignoras? No, quiero que me duelas menos y zafarme ya. ¿Qué haces? Conduce. No. Záfate. ¿Crees que voy a entregarme para que me hagas trizas después? ¿Acaso no te entregas ya? Me entrego siempre. Y por eso te amo. Pero no puedo... Aquí es, llegamos, bájate, el día que sientas que no le estás haciendo daño a nadie más que a ti mismo, llámame.  

domingo, 3 de abril de 2016

Una palabra

Ha de quitarse la vida como quien deshoja pétalos de una margarita. Se amputará las horas. Se morderá la lengua, abrazará un diccionario y escogerá una palabra para llevar al más allá. No será Amor ni Lirio, Noche ni Mar. ¿Será el sabor de un nombre acaso, el eructo de un instrumento, la mágica condensación de un olor? No, no será violín ni yerbabuena. Quizás Lágrima porque llorará los últimos minutos de consciencia acariciando una cicatriz del alma. Será letal su caída rápida por su rostro almidonado. Será letal su arsénico sabor de derrota. No fallecerá con los ojos cerrados. Podrá ver hasta que se le nuble el cuerpo, hasta que se mesan con resignación sus pestañas y su tierno pendular se suspenda en un aire contaminado. Sí, ha de quitarse la vida como muchos artistas sin tiempo. Sentirá que no hay lugar, que sus brazos ya no la contienen, que las palabras ya no la ayudan más. Verá la última lluvia caer y se vestirá de asfalto para recibirla. Y mojada, volverá a sentir frío, temblará. Toda su belleza se partirá en dos, tiritará. En vano buscará otros ojos despiertos. En vano querrá asirse de las esquinas de un beso. Querrá tararear una canción pero para cuando la piense, la habrá olvidado. Y sabrá entonces que la palabra que escogió para llevarse es Sálvame. Porque sí, se siente derrotada pero quiere seguir intentándolo.  

miércoles, 30 de marzo de 2016

Impregnarme de ti

Bésame más, no mucho, más. Quítame esta sed. Ahuyenta mis fantasmas. Convócame a ser leal aunque no siempre pueda serte fiel. Comprende que siempre estoy buscando algo y estoy dispuesta a acudir al infierno para encontrarlo. Vamos, bésame. No esperes a que caiga la noche y tu regazo cansado reciba mis derrotas del día. Sé tú mi triunfo. Rompe mi rutina. Irrumpe en este estudio con tu miel. Pégame los dedos. Muérdeme las uñas. Arrebata mi ansiedad y bésame. ¿Aunque suena egoísta no? Más bien seré yo quien arremeta en tu estudio, seré yo quien te bese los dedos y los labios y las mejillas también. Iré hasta ti convencida de que mi último personaje tiene un toque tuyo adorable. Perderé mis dedos entre tu cabello. Escucharé tu risa, nos daré una pizca de ambición. Correré las cortinas para darnos espacio y no te dejaré encender la luz. Me derramaré en ti como una lágrima y te besaré sin prisa en una visión desnuda. Me dirás que tienes mucho que hacer. Y quizás me levante, aunque tal vez me quede. Egoísta otra vez. Te robaré cinco minutos de tu tiempo para impregnarme más de ti, más, no mucho.    



viernes, 25 de marzo de 2016

Caer con arte

No me llames aún que está temprano. No quiero ver series ni acalorarme bajo las sábanas. Quiero deslumbrarme como lo hizo Framb, el poeta, con un puñado de mundo. Quiero volver a caminar por cementerios desiertos, pararme en la Q de algún apellido, Quijano o Quintero, no desprestigiar al segundo. Quiero honrar con palabras a los muertos, ya bastante han tenido de silencio. Leer en voz alta un poema de Breton, y reconocer que me falta emoción porque mi favorito de memoria es Conjugaciones de Bonnett. 
Quiero mirar el mundo como a un crisol baldío. Tener sólo palabras para fundir y mi vientre para sentir. Acudir al Arte Universal y volver a caer en Dance at Bougival de Renoir. Decir que sí, que es cierto, que Caravaggio me perturbó con el drama de la luz pero la alegría le pudo a mis nostalgias. No dejé que la oscura en mí escogiera. La deje mirar, contemplar fines de mundos, masacres y expiaciones. La dejé mirar y la obligué a bailar, con Renoir. 
Y no, no me llames aún que es temprano, marzo aún no se agota, no he vuelto a ver llover. Un calor insoportable me quema las mejillas y mata a un cucarrón –qué digo, escarabajo–. No me saques de aquí que a esta hora apenas comienzan a llegar las voces. No he prendido el incienso y ya puedo sentir cómo se amotinan. O llámame y déjame invitarte a este desorden, a este caos insatisfecho, a este vientre dispuesto. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Quiero prescindir de ti

Quiero prescindir de ti como se prescinde del sol durante un día de invierno. Quiero prescindir de ti al dormir. Olvidar la letra por la que empieza tu nombre. No recordar el hechizo que me conjuraron tus ojos. Quiero subsistir sin tu llamada diaria, sin tu apellido en el directorio telefónico. Quiero erradicar tu silencio con el vuelo de una mariposa y tener una conversación con el zorro de Saint Exupery. Quiero dejar de llevar el invierno conmigo, abrir una sombrilla de colores y dar vueltas en círculo como los niños para marearme y soltarte, tener que soltarte. Y es que mira que quiero prescindir de ti porque te me has vuelto necesario. Estás en mi canasta personal no en la familiar. Y necesito de ti como del agua. Me deshidrato cada vez que te lo digo, cada vez que me insinúo, cada que te profeso amor. Y me tropiezo con tu silencio que es como una daga o un espejo. Y no sé a dónde mirar. No sé qué más decir. Qué inútiles son mis esfuerzos por condensar un sentimiento que está por encima de la amistad. Admiración acaso. Ternura después. Y es que siento como si te debiera la vida, al menos esta. Y el sol sigue oculto, las nubes densas. En cualquier momento agarra a llover y mi paraguas y yo tenemos una cita. Y mira que se asoma el sol y me arruina los planes y aquí sigues... y no puedo prescindir de ninguno. No me queda más que danzar con el paraguas bajo el sol. Con suerte alguno de los niños me ve y se ríe: "Es la señora del primer piso otra vez queriendo olvidar a alguien". 

viernes, 18 de marzo de 2016

El epígrafe de tu creación

Hice un paréntesis con los nenúfares para volver a sentir. Mi lago está en tus ojos. Mi tallo sumergido entre tus aguas. En ti, floto. Extiendo mis hojas tanto como sea posible, les arrugo la punta para conservar la lluvia, para permanecer mojada, para nadar en ti. Un hollín en el ambiente ahuyentó a los patos y también a los aviones, y ya no tengo que evitar esas colas pavoneándose junto a mí. Y es que mi lago está en tus ojos. En su verde. En su furor. Y mientras floto sobre ti, escucho el enojo de papá ganso. Los rumores van y vienen por ti. Familias completas te habitamos, en las letras que te salen por los ojos, en la música que haces con ese verso secreto. Soy el epígrafe de tu creación. Soy la flor que levita en ti, la raíz adherida a tu fango, la pureza de un vientre con vida. Y mientras floto... nos invento a ambos. 

Impresionismo

Olvidé terminar mi café. Me quedé en un nenúfar de Monet en Bachelard. En la sombra precisa que necesita para florecer. Recordé los lagos, los gansos, los patos, y aquel loto que sustraje para la visita de un Maestro Budista. Cometí el error de cortar su largo tallo. No sobrevivió en aquel jarrón después de eso. Un nenúfar sin su lago es como una estrella de mar sin las olas. Se marchitó en horas. Lamenté haberlo sustraído. Quise volver a la orilla y llevarlo a morir en su entorno pero la charla apenas comenzaba y yo no lograba concentrarme. De repente el Maestro habló del vacío al que todos vamos al morir y me pregunté si el nenúfar merecía el vacío cuando era yo quién lo había sustraído. Imaginé el vacío como su lago. Un lago pequeño pero lleno de vida, con una isla de agua dulce en el centro y golfistas, sí, golfistas perdiendo sus bolas en él. Un niño vestido de plástico entrando en el lodo por la recompensa de dichas bolas. ¿Cuánto cuesta una pelota de golf después de todo? (Señor Google, pregunta, $6.533, respuesta). Vale más la salud del niño, su piel humedecida y arrugada, ¡que se trague el lago sus bolas! que no lastime a los nenúfares eso sí. Y me imagino a Claude pintando primero el reflejo del agua antes que la superficie. Me lo imagino contando con los dedos los números de pétalos difuminados. Y me imagino luego a Bachelard contemplando Le bassin aux nymphéas. ¿Qué tienen sus ojos que no tienen los nuestros? ¿Es la belleza, belleza per se, o es un reflejo del observador? 


sábado, 12 de marzo de 2016

Brazos de maratonista


Descansé en ti como lo hace una partitura con las notas blancas. Tu silencio absorbió el mío. Todas las palabras aglutinadas que tenía para decirte se hicieron beso. Cerré los ojos para sólo sentirte. Me abandoné a tu calor a pesar del torrencial que caía en la ciudad a esa hora. Los poros se me pusieron de punta y tu mano en mi pierna inventó una ruta que desconocía. Los botones salieron de recreo. Los jeans dejaron de apretujarse para conversar en el piso. Me solté el cabello y me vi tentada a abrir los ojos en medio de ese jolgorio de besos, risas y carcajadas. Entonces te vi: tu desnudez brillaba, tus hombros, tu pecho, tu vientre acurrucado, tus brazos de maratonista. Te acaricié todo. Podía ver y tocar y nada estaba prohibido.  Verte y tocarte eran sólo una excusa para saber cómo es el paraíso. Seguir viéndote era una excusa para construir luego eso que llaman recuerdo. Así fue como supe que tenías largas pestañas y que un molar distraído lucía en tu sonrisa. Así también me aprendí el ángulo exacto de tu quijada y la cantidad de pecas en tu espalda. En silencio te hice mío aunque también podría decir que me regalé a ti pero no sería cierto, no esa vez. Te hice mío como la tinta que fluye por mi pluma, te hice mío como el amuleto que guardo en el bolso, como mi estrella favorita en Scorpio. Y con esa distancia le agradecí al universo poder tocarte, tener un arrume de piel que ofrecerte, un aliento para compartir, una saliva con qué irrigarte. Y el encuentro duró horas que parecieron segundos. Para cuando tuvimos que partir, te di un beso de comienzo. ¿De qué otra forma tener la certeza de no saciar tu sed?  

lunes, 7 de marzo de 2016

Gin&Tonic

Ginebra, tónica y tú. Un trago incomparable. Sin excesos. Ni ebria, ni ebria de ti. ¿Prendida? Gozosa. Con tu sabor en mi lengua... miles de pupilas celebran. ¿Cómo inventar el beso cada que te beso? ¿Cómo no inventarlo? No cedemos a la costumbre. No renunciamos a vivir. Tú haces imágenes con tus pasos, yo escribo los míos. No te pregunto por Eugenio Recuenco ni me preguntas por Dostoievski. Sabemos que tenemos nuestras pasiones que por suerte, no son las mismas, aunque tú escribas y yo, haga maromas por un retrato. Gin&Tonic y tú. Un hielo se desliza en mi boca. Burbujas refrescantes me devuelven la ventura de tu mirada. Escucho Bésame mucho y es justo lo que quiero pedirte. No te canses. No desistas. No renuncies. Bésame y honremos nuestro pacto. Déjame besarte y te inventaré el infinito. Bien me valió de pretexto la ginebra para volver a tu boca. Tu boca: cueva, guarida, nido, rancho, hogar. Tus besos me cebaron. No importa que tan lejos emprenda mis cruzadas, siempre regreso a ti. No importa cuántas veces nos separemos, nunca dejo de fantasear con tus labios. No importa si arde el delirio o sucumbo a la oscuridad. Tu boca me salva, me das aire en el aire, aliento en el aliento, determinación en el beso. Déjame asirme de las esquinas de esa boca tuya para no perder el equilibrio.

sábado, 5 de marzo de 2016

Desabotonar silencios

El besito candoroso se llevó mi voz. Tus manos, un pedazo de mi vientre. Mi ombligo observa distraído cómo intento ubicar tu dolor. Padezco la abstinencia que me dejo tu cariño. Acaricio tu rostro, mi tesoro, en una fotografía en blanco y negro. Mis dedos tejen ausencias y procuro silbar el reto de una melodía. Bebo un Bailys y brindo por ambos, por la piel de la serpiente del tiempo y por el milagro que fue cruzarnos. Adoquines gastados reciben mis pasos en el parque. En un diario, escribo nuestra historia para que sea perenne. Allí siempre paso por ti a las dos, el miércoles, en la misma esquina, debajo de aquel semáforo cómplice que se ponía en rojo al verme llegar. Allí, también, te veo puntual llegar a nuestra cita con tus ojos ansiosos buscando los míos. Un secreto a plena luz del día: sin escondernos, buscábamos refugio y sustento. Sustento tus besos para mi boca. Sustento mis besos para tus labios. Y entonces, explorabas mi mirada, buscabas huellas nuevas. Desabotonaba un silencio, te regalaba una carcajada. Indagaba bajo tus cejas. Besaba tus manos. Cerraba los ojos para abandonarme a los demás sentidos. Olía a ti y tenía que hacer trampa: abrir los ojos... descubrirte mirando. Traviesa intimidad de signos y letras, de autores cómplices de nuestro desvarío. ¿Qué habría sido del lecho sin tu poesía? Ahora que no estás es todo lo que queda de ti. 

jueves, 3 de marzo de 2016

Se arreglan sombrillas

No importa cuántos aguaceros hayan visto caer. Se arreglan sombrillas, del esqueleto a la piel. 




Caída libre


Santaolalla, una tarde pasada por agua y tú. Desafiamos los rituales de la costumbre para hilvanar trayectorias en caída libre. Disparé un adiós que retracté con una sonrisa. Escuché mi nombre de tus labios y llovía como confeti, y es que así soy más libre, más yo. Y no me parezco ni cinco a mí. Desafías la bruma de mi alma. Me haces reír a caudales. Contigo brillo, soy el sol de un domingo. Es fugaz mi melancolía. La lluvia, es bella. La tarde, perfecta. Y mientras te invento apodos, te digo te quiero en cada uno. Eres cielo, eres pecho, eres simplemente amor. Y se que debí escoger un blues para esta entrada pero tienes que sentir la aventura de Sanataolalla. Sintoniza mi frecuencia de montaña. Abre las manos para que te abrace el viento. Cierra los ojos para sentir el vértigo. Late. Regresa. Abraza mi orfandad. Cuña esta lágrima suelta. Escúchame arañar el recuerdo en su búsqueda. Escúchame decir ¡Papá!