jueves, 17 de diciembre de 2015

Bruma


Cuántas veces he transitado el camino de la bruma, tantas como mis años... tantos tiempos con o sin estación. Primaveras desiguales, otoños deslucidos, ¿Inviernos? El invierno es el interior. Para sobrevivir tuve que aprender a estar sola. Para estar sola, tuve que alejar gente de mí, personas que amaba, personas que herí y por supuesto, perdí. He aprendido a perder pero no me acostumbro. No soy gran cosa. No he logrado nada. No voy por el mundo fijando metas ni cumpliendo objetivos. Me cuesta madrugar. Vivo del asombro y de la ficción. Cada rostro es una historia que intento descubrir. Atrapo sueños. Condeno auroras. Mi único vicio es sobrevivir. Capotear la palabra hiriente, ignorar los ocasos tristes, comprender a mi cuerpo, que no responde y aprender a leer cada vez que lo olvido. ¿Cuántas veces bruma? ¿Tantas? He de padecerte siempre y has de convivir conmigo hasta que te hastíes. Caerás en un cuarto menguante cuando mi cabello muera a manos de unas tijeras ágiles. Caerás y de nuevo tendré la ilusión de la alegría. Sonreiré con la vainilla del helado, con la cola de mi perro, con un beso de buenos días. Y seré tan cíclica, tan cíclica que mi periodo dibujará una mueca en mí todos los 16. Siempre llegaré al 28 llena de preguntas. Y soñaré más el 7, el 17 y el 27. Habrá bruma por los hijos que no concebiré. Habrá bruma por esos versos que olvidé. Y mis pies volverán a estar helados y mis manos continuarán encalambrándose. Y perderé la paciencia en el tráfico mientras lloro sin que nadie vea. Y lloraré una canción de Bob Marley y no sabré si girar a la derecha está bien. La bruma será neblina ante mis ojos y recordaré a quién me dijo que eran negros no cafés. ¿Cuántas veces bruma? No sé. Hoy me levanté contigo y es tu oscuridad la que me cubre.