domingo, 15 de noviembre de 2015

A mi madre

Fallecí. Se hizo el silencio y renací. No pensé ya en tus ojos ni en tu boca, el nuevo comienzo se fascinó con las aves y los árboles, con las rayas pintadas en las calles y con la luz de los semáforos. Encontré divertido el tamaño de los niños y el sabor hostigante de un mazapán. No supe el tiempo de expiración de un trapeador, ni el uso de la última actualización para el teléfono. Desperté con las cuentas por pagar y la casa viniéndose a trocitos. Adoré la llamada de mamá y las noticias de lejos que se sienten tan cerca. Le saqué punta los lápices y coloreé un Mandala azul. Saqué a pasear a los perros, me abracé a un pino y le pedí permiso para extraer un fragmento de su corteza y convertirlo en separador de libros. Leí un poco de poesía de Baudelaire aunque decir poco, no es suficiente. Extraje una carta del Tarot y la interpreté. Dos de copas, celebración. Agradecí una oportunidad de empleo y me dije que ahora todo sería distinto como si todo no cambiara segundo a segundo. Tuve que echarme cuatro goticas en los ojos por una conjuntivitis resistente y conducir con extra de cuidado para no pegarme mucho a los demás carros. Recogí a mamá. Es una sensación rara eso de ir por ella cuando tantas veces ella fue por mí. La vi hermosa y como suelen decirnos que nos parecemos, tuve la certeza de que si mi vejez como la de ella sería bella. Pero no por la belleza física sino por la entereza, por la templanza con la que ha recibido los años y los días, vengan como vengan. Su conversación, me sedujo; su compañía, me abrazó.    

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Cuando leo algo dedicado a madre, sea película, poema o libro siento un poquito menos de tristeza, el corazón agradece que alguien pueda transmitir la vivencia y así revivir a madre.
Mi orfandad es agobiante, es como una enfermedad que causa dolor y aísla. Pero como una buena medicina, hoy, este poema alivió esa ausencia.
Abrazos a ti y tu madre.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Aleja, no sabía de tu pérdida. No estás huérfana, ella vive en ti, en tu madre interna. Un abrazo fuerte