lunes, 5 de octubre de 2015

Vicios de oficio


En mi rostro desnudo interviene el pasado con ínfulas de presente. ¿Quién puede decir que ha dejado su pasado atrás? El mío a ratos viene adelante. Se escribe con Mayúscula y Melancolía. No sabe qué hacer un domingo aparte de leer y caminar millas descalza por la casa. Hacer orden es una opción que sin embargo resulta repulsiva por la atmósfera del día. Dormir, en cambio, es un placer. A las dos y seis ya he dormido cuatro horas. Y cuando el ciático me obliga a levantarme pienso en regar las matas. De almuerzo, comida china. Las riego mientras llega el domicilio. Me miro las plantas de los pies y son una sola sombra de quereres y estancias. Y llego aquí, a una entrada que bien puede ser una salida, sí, una manera de describir el mundo que habito. Un mundo pequeño muchas veces bello, algunas aterrador.  Un mundo después de todo. ¿Y qué es escribir sino dar vueltas en círculo?
Confieso que tengo más de cuarenta entradas en borrador, historias que no han encontrado un final afortunado, historias que voy publicando o borrando según el ánimo. Ya es lunes. Tarda cocinar esta entrada. Me pregunto si les gustaría que habláramos de los obstáculos de la escritura como oficio, del consabido temor a la hoja en blanco, de los decálogos del cuento y... por qué no, de los vicios del bloguero y los trucos del twittero. ¿Qué dicen?

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