lunes, 12 de octubre de 2015

Salida de emergencia


Cada vez que voy a Carepa, le tomó una fotografía a esta puerta. Corresponde a la salida de emergencia de una institución educativa. Sin embargo, cada que la veo, siento que es una entrada, un llamado al silencio, una invocación. Jamás la he visto abierta. He notado como la maleza quiere untarse de ella y como a un par de bicicletas suelen dejarlas cerca. A veces he pensado que tras ella se alberga un enorme árbol con un nido de iguanas de largas colas y colores vibrantes como las que veo en Apartadó, pero no puedo estar más equivocada. Lo que se oculta tras la puerta según mis indagaciones es un parque, vecino de la zona de rumba, desde donde se puede escuchar reggaettón con fuerza. También hay un carrito con venta de minutos de celular y limonada helada y la basura que el viento ha llevado hasta allí. Lo cierto es que pero prefiero mi invocación: una estancia sagrada. Las iguanas coloreando el lugar y un ágora de piedra, a la sombra, con peldaños marcados de ternura. Un espacio para escuchar el silencio y el propio pensamiento. Tú, allá, debajo de las hojas de tallos arqueados por el peso. Tú, sentado sobre una antigua maleta café de esas con clave que tu marcaste como 123. Tú, con vista al mar y a mis sueños. Tú, preguntándome qué hay de nuevo. De guayabera blanca, tan cerca y... tan lejos. Estás en mi salida de emergencia, en la estancia de mis más dulces recuerdos. Contigo papá, converso y converso. Y me cuentas que la puerta para ti, es una ventana, y que me has visto y escuchado mientras leemos a Primero estaba el mar o mientras hablamos de Frank Molina o nos dejamos seducir por La pluma de Ana Frank de Aidan Chambers. Me dices que la literatura no es tan abstracta como tu pensabas y sonríes cuando me nombras La bicicleta roja que Aleja, ilustró con belleza. Me instas a escribir sin bajar la guardia y cuando me subo al carro de Don Henry los boleros, sus boleros, tus boleros... me perforan. Entonces imagino la puerta para salir corriendo cuando toquen el timbre o la campana. 

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Una memoria que abraza el presente y poetiza el espacio.
Un pensador que adoro, Gastón Bachelard, en su libro
" La poética del espacio" habla de la casa como lugar de recuerdos y olvidos, también habla de esos espacios imperecederos en nuestra memoria, como ventanas, puertas, cajones, etc, que son los que potencian o liberan la poética o nuestra imaginación poética.
Haces poética con la puerta que abre a otros mundos.
Mucha suerte en la lectura de cuentos.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Aleja,
Bachelard, por supuesto. Lo leímos durante la Maestría.
Gracias,