lunes, 12 de octubre de 2015

Lloro

¿Cómo comienza un llanto? Hilvanado al corazón, venitas receptoras tras los ojos escuchan con atención. Alguien llega, alguien se va, algo se pierde, un dolor no amaina, aparece un recuerdo. La poderosa lágrima se asoma en las celosías de los ojos que miran al mundo. Se mece allí donde el arco es propicio y se arroja sin más a un vacío de piel y viento. La primera lágrima bien puede ser una líder o una renegada. Depende de cuánto tarden en saltar las demás. ¿Cuál ojo llora primero? Hemos llorado toda una vida y estoy segura jamás hemos auscultado el llanto. Yo me ahogo por el izquierdo. Y digo ahogo porque sí sé que el derecho sigue después. Cuando algunas gotas yacen en los labios y deslizan su sabor hasta mi boca. Y se llora por temporadas también. Con mesura, con vehemencia. En soledad, en compañía. ¿Qué hacer cuando otro llora? ¿Cómo no abrazarlo? ¿Qué hacer cuando nos sentimos responsables, cuando un adiós es el motivo? Se llora porque se llueve por dentro. El invierno necesita precipitarse. No hay instrucciones no. Tampoco estancias favoritas aunque debajo de la ducha sea recurrente y llorar sin ser visto sea un secreto fácil de guardar. Llorar en el auto, llorar en un avión. Llorar en el Metro, ver cómo los demás se preguntan si pueden hacer algo. Llorar en la oficina. Llorar en el colegio. Llorar por fechas, en esos inefables aniversarios de los muertos. Llorar por alguien. Llorar de rabia. Llorar de contento...
...y lloro, una lágrima salta al vacío de mi rostro.

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