lunes, 5 de octubre de 2015

La mitad de mí

Mitad de mí, te extraña. Te observa en la distancia. Te ve tomar un taxi o un café. La mitad de mí añora tus caricias, tus besos magros, tu despertar compasivo, tu habano a deshoras. Parte de mí no soporta tu música, el estruendo de esa emisora, los chistes flojos, los personajes mal contados. Y es que todo no es rosa ni Serenade. Parte de ti no tiene tiempo de extrañarme, me observas de cerca, pero no demasiado. Añoras mi cabeza en tu pecho, mis piernas inventándote una encrucijada. Jamás me has visto fumar porque ni yo misma me he visto. Lo más cerca que estuve de un cigarrillo fue de la cajetilla que por algún favor, le pasaba a mi padre. Parte de ti lee lo que escribo, la otra parte prefiere que se lo cuente. Y entre parte y parte llevamos quince años de cariño y muy pocos agravios. Y puedo responder por esta mitad de mi que no se halla si no has llegado a casa. Sé cómo es. Lo mimada que se inventa. La alegría que le da al verte consentir a los perros. La otra mitad... esa, sale de la habitación en puntillas por la noche y se acuesta en la sala después de mecatear. Se queda dormida y sueña con todo el mundo menos contigo. Es por eso que se asusta cuando me llamas con voz ronca Claudia, a la cama. Dejo los sueños para otra noche y regreso a tu lado con las mitades trocadas y el velo de tus ojos miel resguardando mi insomnio.

2 comentarios:

Alejandra dijo...

También fui la mitad de mi una vez, o me sentía la mitad y después al rato llegaba la otra mitad y desplazaba a la primera mitad. Y así por mitades un día dejé de ser una y me volví pedacitos y pasó mucho tiempo antes de poder entender qué se habían hecho las mitades y lo que es cierto es que esas dos mitades nunca jamás se reconocieron, cada una tomó su rumbo y no quiso saber nada más de la otra.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Mitad y mitades. ¿Quién es quién y cuándo? Está bueno eso de cada una se despache hacia su propio rumbo.