martes, 13 de octubre de 2015

La bicicleta roja




Ilustraciones: Alejandra Waibel. Para conocer más sobre su obra, visitar www.acuarelasdeaguaclara.blogspot.com

Hace un tiempo compartí este cuento con Aleja y ella decidió ilustrarlo por su cuenta. Cuando recibí las imágenes estaba de viaje y me conmoví profundamente. Lo compartió todo durante un tiempo en su blog y es mi turno de regalarles esta ternura. Espero lo disfruten tanto como yo.

Saludos,

Claus


Conversatorio en San Fernando Plaza, este viernes a las 6:30 p.m.



¿Quieres conocer a un vendedor de biblias? En Flores en la pared, podrás encontrar a José Manuel. Acompáñanos este próximo viernes en el Auditorio de San Fernando Plaza a las 6:30 p.m. Cuentos del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Te esperamos.

lunes, 12 de octubre de 2015

Lloro

¿Cómo comienza un llanto? Hilvanado al corazón, venitas receptoras tras los ojos escuchan con atención. Alguien llega, alguien se va, algo se pierde, un dolor no amaina, aparece un recuerdo. La poderosa lágrima se asoma en las celosías de los ojos que miran al mundo. Se mece allí donde el arco es propicio y se arroja sin más a un vacío de piel y viento. La primera lágrima bien puede ser una líder o una renegada. Depende de cuánto tarden en saltar las demás. ¿Cuál ojo llora primero? Hemos llorado toda una vida y estoy segura jamás hemos auscultado el llanto. Yo me ahogo por el izquierdo. Y digo ahogo porque sí sé que el derecho sigue después. Cuando algunas gotas yacen en los labios y deslizan su sabor hasta mi boca. Y se llora por temporadas también. Con mesura, con vehemencia. En soledad, en compañía. ¿Qué hacer cuando otro llora? ¿Cómo no abrazarlo? ¿Qué hacer cuando nos sentimos responsables, cuando un adiós es el motivo? Se llora porque se llueve por dentro. El invierno necesita precipitarse. No hay instrucciones no. Tampoco estancias favoritas aunque debajo de la ducha sea recurrente y llorar sin ser visto sea un secreto fácil de guardar. Llorar en el auto, llorar en un avión. Llorar en el Metro, ver cómo los demás se preguntan si pueden hacer algo. Llorar en la oficina. Llorar en el colegio. Llorar por fechas, en esos inefables aniversarios de los muertos. Llorar por alguien. Llorar de rabia. Llorar de contento...
...y lloro, una lágrima salta al vacío de mi rostro.

Salida de emergencia


Cada vez que voy a Carepa, le tomó una fotografía a esta puerta. Corresponde a la salida de emergencia de una institución educativa. Sin embargo, cada que la veo, siento que es una entrada, un llamado al silencio, una invocación. Jamás la he visto abierta. He notado como la maleza quiere untarse de ella y como a un par de bicicletas suelen dejarlas cerca. A veces he pensado que tras ella se alberga un enorme árbol con un nido de iguanas de largas colas y colores vibrantes como las que veo en Apartadó, pero no puedo estar más equivocada. Lo que se oculta tras la puerta según mis indagaciones es un parque, vecino de la zona de rumba, desde donde se puede escuchar reggaettón con fuerza. También hay un carrito con venta de minutos de celular y limonada helada y la basura que el viento ha llevado hasta allí. Lo cierto es que pero prefiero mi invocación: una estancia sagrada. Las iguanas coloreando el lugar y un ágora de piedra, a la sombra, con peldaños marcados de ternura. Un espacio para escuchar el silencio y el propio pensamiento. Tú, allá, debajo de las hojas de tallos arqueados por el peso. Tú, sentado sobre una antigua maleta café de esas con clave que tu marcaste como 123. Tú, con vista al mar y a mis sueños. Tú, preguntándome qué hay de nuevo. De guayabera blanca, tan cerca y... tan lejos. Estás en mi salida de emergencia, en la estancia de mis más dulces recuerdos. Contigo papá, converso y converso. Y me cuentas que la puerta para ti, es una ventana, y que me has visto y escuchado mientras leemos a Primero estaba el mar o mientras hablamos de Frank Molina o nos dejamos seducir por La pluma de Ana Frank de Aidan Chambers. Me dices que la literatura no es tan abstracta como tu pensabas y sonríes cuando me nombras La bicicleta roja que Aleja, ilustró con belleza. Me instas a escribir sin bajar la guardia y cuando me subo al carro de Don Henry los boleros, sus boleros, tus boleros... me perforan. Entonces imagino la puerta para salir corriendo cuando toquen el timbre o la campana. 

martes, 6 de octubre de 2015

Cuando se dificulta decir te amo

Con ímpetu arrastro mi cuerpo hacia tu risa. Temblando, levanto la vista hacia a tus ojos. Soñadora, tejo caminos hacia tus noches. Me escurro entre el silencio y lo oscuro, en la luz tenue que te abriga para leer. Sostengo la hoja que miras y la palabra que guardas. Soy la inicial de un nombre de mujer que atrapa tus sentidos. Soy también la hoguera donde la ves desparecer. Si bien en el libro podemos ser otros los personajes no pueden ser nosotros. ¿O sí? Ahora mismo te leo asomado en un balcón, al norte de mis sentimientos. Ya mismo te leo ir a la cocina y poner a hervir agua para una infusión de calendula. Alguien te dijo que era buena cicatrizar y lo que quieres curar es mi nombre. Atravesé tu dermis, acaricié membranas, apuñalé tus fibras sin más anestesia que mi aroma. Y tus umbrales se quejan de tan débil coraza, de tan reveladora emoción. Y te leo odiarme por estar en ti, por no conciliar el sueño, por tomar ese whisky contra el dolor y sentirlo como agua, sin efecto alguno. Y de repente te paras y me miras. Me miras sostener tu libro entre mis manos y decides ser yo. Me lees. Sentada frente al computador escucho una canción de Gloria Trevi y me digo que nadie puede amarte más que yo. O sí, si pueden, pero yo no puedo amar más de lo que te amo. ¿Estamos hablando de amor? Debe ser una equivocación. Hay un cambio en el libreto. Ahora un lector nos mira con compasión. ¿Qué les está pasando a estos dos? ¿Con la fuerza de los mares? (hay que poner la canción)  ¿Para qué se comparan?... siempre es pegajosito ese coro.  
--¿Con quién hablas?
--¿Qué? Ah, yo aquí solo. Ven, has oído esta canción. 
--¿Yo? Sí ¿por? ¿Debo convencerme de algo? 
--Quizás. Mejor no. De pronto te asustas y te vas.
--¿Adónde? 
--Mientras no sea lejos de mí puedes ir donde gustes.
--¿Tú, Rodrigo Carvajal, me estás diciendo que me amas? Sigue escuchando a la Trevi. 




lunes, 5 de octubre de 2015

La mitad de mí

Mitad de mí, te extraña. Te observa en la distancia. Te ve tomar un taxi o un café. La mitad de mí añora tus caricias, tus besos magros, tu despertar compasivo, tu habano a deshoras. Parte de mí no soporta tu música, el estruendo de esa emisora, los chistes flojos, los personajes mal contados. Y es que todo no es rosa ni Serenade. Parte de ti no tiene tiempo de extrañarme, me observas de cerca, pero no demasiado. Añoras mi cabeza en tu pecho, mis piernas inventándote una encrucijada. Jamás me has visto fumar porque ni yo misma me he visto. Lo más cerca que estuve de un cigarrillo fue de la cajetilla que por algún favor, le pasaba a mi padre. Parte de ti lee lo que escribo, la otra parte prefiere que se lo cuente. Y entre parte y parte llevamos quince años de cariño y muy pocos agravios. Y puedo responder por esta mitad de mi que no se halla si no has llegado a casa. Sé cómo es. Lo mimada que se inventa. La alegría que le da al verte consentir a los perros. La otra mitad... esa, sale de la habitación en puntillas por la noche y se acuesta en la sala después de mecatear. Se queda dormida y sueña con todo el mundo menos contigo. Es por eso que se asusta cuando me llamas con voz ronca Claudia, a la cama. Dejo los sueños para otra noche y regreso a tu lado con las mitades trocadas y el velo de tus ojos miel resguardando mi insomnio.

Vicios de oficio


En mi rostro desnudo interviene el pasado con ínfulas de presente. ¿Quién puede decir que ha dejado su pasado atrás? El mío a ratos viene adelante. Se escribe con Mayúscula y Melancolía. No sabe qué hacer un domingo aparte de leer y caminar millas descalza por la casa. Hacer orden es una opción que sin embargo resulta repulsiva por la atmósfera del día. Dormir, en cambio, es un placer. A las dos y seis ya he dormido cuatro horas. Y cuando el ciático me obliga a levantarme pienso en regar las matas. De almuerzo, comida china. Las riego mientras llega el domicilio. Me miro las plantas de los pies y son una sola sombra de quereres y estancias. Y llego aquí, a una entrada que bien puede ser una salida, sí, una manera de describir el mundo que habito. Un mundo pequeño muchas veces bello, algunas aterrador.  Un mundo después de todo. ¿Y qué es escribir sino dar vueltas en círculo?
Confieso que tengo más de cuarenta entradas en borrador, historias que no han encontrado un final afortunado, historias que voy publicando o borrando según el ánimo. Ya es lunes. Tarda cocinar esta entrada. Me pregunto si les gustaría que habláramos de los obstáculos de la escritura como oficio, del consabido temor a la hoja en blanco, de los decálogos del cuento y... por qué no, de los vicios del bloguero y los trucos del twittero. ¿Qué dicen?