martes, 15 de septiembre de 2015

Cuestión de luz



Escríbeme lento para que tus palabras me lleguen despacio. Dime por ejemplo dónde te sorprendió el atardecer. No me digas que te lo perdiste porque seríamos dos. Es noche de techo bajo: así como en los aviones, y no aspiro soñar y me voy a acostar temprano.  Tal vez mañana pueda ver los arreboles de amanecer y despertar con una mirada despejada. Planeo hacer fotos en exteriores y el día, aunque gris, promete buena luz. Vamos... escríbeme lento pero pronto que estoy graneando palabras anteriores y picando los números de tu teléfono. Es que quiero verte. Más: quiero hablarte. Decirte que siempre te miro cuando te miro y te escucho cuando te hablo. Pareciera que estás aquí. Ya casi puedo verte. Tus palabras vienen primero. Dos o tres indicaciones. Conozco el lugar que mencionas. Miro el reloj, tengo el tiempo preciso. Le pedí al día que nos retratara. Hizo bien en esperar dos silencios. Uno tuyo. Uno mío.

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