jueves, 6 de agosto de 2015

Los tacones de la noche




Por Marta Cecilia Cadavid

La noche se entacona con chispazos de luna. Sus cabellos rojos golpean el viento cuando acaricia la alameda. Provoca ardorosos suspiros  y agitados resuellos. Ella sabe coquetear con la muerte, desata cintas naranja y ocre al atardecer, retoza con las sombras. Su risa es cópula de luciérnagas, tiene mil soles en los ojos y su voz resuena en todas las cavernas.

Vespertina, ensombrecida, va tiñendo con sus huellas los caminos. Sus pisadas son densas explosiones que encarcelan la luz en oleadas de azabache, inventando tinieblas. En los ámbitos celestes, miríadas de luceros cuelgan de su velo, como refulgentes cristales. Un concierto de grillos hace vibrar sus alas, hechiza como los magos, fermenta las semillas, acoge a los amantes.

En la ventana, Griselda sueña con la noche.  El índigo velo palpita al contacto de  su piel tersa y joven. Ella conversa con la señora de las sombras y se deja acariciar por los plateados dedos de la luna. La noche, en íntimo conjuro, se hace más oscura y misteriosa para que la argentada luna desabotone uno a uno sus crespones.

La noche se entacona con chispazos de luna. La noche tiene sueños de medio día.


Marta Cecilia Cadavid En el 2012 publicó algunos cuentos con el grupo Voz de nosotras. En el 2014 con el grupo Aprendiz de Brujo, Aoketekete y otros relatos del río.

1 comentario:

Beatriz M dijo...

Me encanta! Felicitaciones!❤️