viernes, 28 de agosto de 2015

BOCA NADA

Por Marco Ramírez / YOMARCO

Nunca antes quise ser cucaracha, cada vez que salía con una mujer que me movía el piso aparecía una de esas voladoras arruinándome la velada, lo más probable era que simplemente hubiera acentuado lo que por defolt ya estaba pactado entre el diablo y la chica de turno, sin embargo mis taras adolescentes me recordaban que la esperanza es lo último que se pierde aunque hayas destrozado tu dignidad tratando de conservar el verde en tu memoria. Esa noche, el bar estaba lleno, aturdido por la perdida me vestí de negro, los tenis naranja fosforescente me mimetizaban con el olor a papaya impregnado en el ambiente. El licor en la mano, me heló. Un trago más y a caminar por el lugar, estaba seguro que pasaba desapercibido aun teniendo los ojos maquillados por el llanto. En la esquina bajo el televisor, está Lorena, la flaca de sonrisa amplia que nunca me mira a los ojos, en realidad yo a ella tampoco, solo me intriga con que tipo de ropa interior combina el color de sus uñas;  a su lado una chica de ojos verdes ceiba abraza un tipo de pueblo norteamericano, él se baja del caballo y ella le besa las botas o al menos es lo que parece. 
Sigo con mi plan hasta lograr encontrarla, está de yines prestados, camiseta sisacortaestampada y tacones altos, en la mano derecha un Martini se derrama a gotas y en la otra una pulsera color dorado la protege de los murciélagos, me acerco cautelosamente para oler su cuello descubierto, el pelo recogido en forma de fuente medieval me permite ver que no es del todo natural, ni el pelo ni ella. Una última bocanada, humo al cielo y giro brusco sobre la derecha. Quedamos tan cerca que sin pensarlo le dimos continuidad al encuentro con un beso de telenovela de esos que dan por terminada la pelea. Sus manos grandes de dedos delicados y uñas bien cuidadas me abrazaban por la nuca y la espalda, su lengua rosaba mi paladar y mis ojos lo poco que podía ver de sus orejas. 10 pasos antes de verla logré reparar el atrapasueños rosado México que afloraba sobre la pretina trasera del bluyín que le ajustaba el culo, en la distancia permitida entre las sillas y la gente pude verla toda. Durante el ajetreo del beso y los estrujones de las hormonas su pelo empezó a desmoronarse sobre sus hombros, el rubio sol que llevaba en las puntas le tocaba los pezones erguidos y evidentes, de ahí y hacia arriba el degradé de cafés coronaba en lo más alto con un castaño oscuro que se replicaba en sus cejas oscuras y delineadas, le enmarcaban el azul petróleo de los ojos profundamente maquillados. Hasta el momento el insecto no aparecía y la noche comenzaba a ganar en intensidad y envidias. Sin soltarme me tomó de la mano y caminando como unidos con pega loca cruzamos el bar hasta llegar a la terraza donde tenía una mesa reservada. La luz morada de la noche evitaba que nos detalláramos los defectos, era perfecto  así, al fin y al cabo sería tan solo un rato, con el cielo expuesto y abierto mi mente solamente esperaba la estampida de cucarachas voladoras. La miré detenidamente, estaba demasiado buena y estaba sola conmigo, parecía cierto que no valía la pena dar por perdida la esperanza, se dio cuenta que me tenía bobo aunque no supiéramos nuestros nombres, se apoyó en la mesa, cruzó su pierna izquierda cerrando la brecha y me miró directamente a los ojos. Quise llorar pero el rojo de sus tacones hizo que los convirtiera en cama, levante la mirada y la enfrenté. Sabía que me lo propondría. Terminó el cigarrillo, botó la colilla con delicadeza y abrazándome por la nuca me respiró en el oído como tomando aire para decir lo que yo esperaba.

- Me llamo Alex y tú?

El ronco de su voz y el tamaño de sus pies me sacaron de dudas, me levanté bruscamente y sin despedirme busqué a Lorena para rogarle un beso, quería convertirme en cucaracha, al fin y al cabo me habían estripado el ego con unos tacones rojos.

Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Marco Ramírez Autor de Trece conversaciones para dormir solo. Diseñador y creativo. La calle es un pretexto para inventar historias. Ella siempre está presente. 

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