sábado, 25 de julio de 2015

Pinocho tuvo que crecer

Fotografía: Daniel Efe Restrepo
Es más cómodo así aunque ella caiga. Aunque se pierda en el remolino de amores, en destellos de besos y cuerpos en movimiento. Abrazos con ansías. Llantos en soledad. Es más cómodo así aunque la pierda en el camino. Aunque su mirada no me busque más y tenga que darle la espalda. Nadie la amó más que yo. Nadie la ha visto llorar con un libro entre manos ni cortarse partiendo una cebolla. Nadie la ha escuchado suspirar cuando termina la tarde ni tararear un bolero en busca de su padre. Nuestra complicidad tiene que morir. Sólo ella ha percibido mis ganas de fugarme. Sólo ella se ha preguntado de qué madera estoy hecho. Y ha besado mi frente como quien besa un muñeco de infancia. Debo dejarla caer, no extender mis manos a su llamado. Sentir como tropieza y maldice a la vez. Para rescatarla están sus amores. Que apele a la dulce noche y se tumbe en la cama con los ojos secos. Secos los sueños y las horas y los rezos. ¿Pero cómo dejarla si la estoy viendo? Mientras no pueda moverme seguiré siendo testigo de su insensatez. La veré entrar y salir del estudio. La escucharé teclear frenéticamente y con suerte, la veré bailar cuando salga por algo que necesita con urgencia. No es cierto, no es más cómodo así, no quiero que caiga. No quiero perderla en un torbellino de amores ni saber que su boca besa otros labios y otros labios la besan con frenesí. Quiero brazos de carne, piernas de hombre, trasero de adonis, pecho amplio y voz gruesa. Quiero vivir para que su búsqueda acabe. 

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