sábado, 25 de julio de 2015

Mis pies, mi mundo

Sostienen mi mundo. Durante los sueños hacen equilibrismo. A veces transcurren horas de horas sin ver el suelo. De noche se tropiezan, les dicen torpes y aceptan con resignación el morado consecuente. Le tienen fobia a la lima y por ley siempre dañan una uña cuando hay cambio de esmalte. Nacieron sin puente. Como a los siete discutieron durante eternas mañanas con zapatos ortopédicos que igual tuvieron que deslucir en el colegio. Son friolentos pero no soportan dormir con medias. Agradecen el agua y descubrieron tarde las sandalias. No toleran los tacones aunque a veces toque ponérselos para algún evento especial. Sus zapatos favoritos son unos tenis negros. Sus pies favoritos... guardan el secreto. Su madre dice que se parecen a los de ella, con el segundo dedo muy Restrepo. Es probable. Mientras escribo, uno toca el piso, el otro se balancea en un carrizo. Ninguno siente vértigo, son algo gatunos porque adoran subirse a los muebles. Sólo lloran cuando sangran, y sólo sangran cuando la cocina está oscura y los vasos caen y se quiebran y encender la luz requiere un paso de valor. No sudan, por eso no conocen al mencionado talco. A veces repiten medias y aunque se sienten sinvergüenzas, nadie lo sabe, entonces es más bien una fechoría encubierta. Son mimados, muy mimados. Tanto que vuelven a ser gatunos cuando alguien los consiente y aunque suene infantil, son felices en el regazo de mamá.  


Fotografía; Daniel Efe Restrepo 

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