domingo, 21 de junio de 2015

Un país en silencio, el mejor pesimista

Apuesto que el resto del país se sintió igual que en Medellín. El partido contra Perú terminó y un empate a estas alturas de la Copa América, aunque no es una derrota, tampoco es triunfo. Ahora nos toca depender. Eso del mejor tercero es cruel si se analiza. Todos los partidos arrojan su marcador en la cancha; el puesto, es un marcador que depende de otros. No hay tiempo de reposición ni ida a penaltis. Quedamos en la posición de ahogados, diría un ajedrecista no muy experimentado. Quedamos en silencio. No se soplan vuvuzelas ni se arroja confeti. Nadie sabe qué decir. No hay nada qué decir. Luego los comentaristas, la entrevista a James, lo novedoso de Pékerman con la autocrítica, la muralla Murillo resonando en los corazones de todos. No necesitábamos una muralla no, sólo nos hacía falta un gol. Qué complejo es el fútbol a veces... ¿Y el silencio, dónde me dejan el silencio? Las calles con conductores a bajas velocidades, nadie haciendo sonar una bocina, todos los semáforos en verde nos dan lo mismo que todos en rojo. Como hinchas, no conocemos la resignación pero somos los mejores pesimistas. Ser el mejor pesimista es un peso tremendo porque es casi ser el peor optimista. Se suman los puntos, se analizan los próximos adversarios, se piensa que pueden elegir casi, a quién dejar pasar como mejor tercero, es cuestión de generar un marcador u otro. Así no funciona el fútbol, ¿quién dice cómo funciona? Hay quienes se molestan cuando las mujeres opinan de fútbol y hasta ahora no sé si estoy opinando. Sé que me puse la camiseta, sé que vi varios goles ficticios, sé como los demás hinchas siento que merecemos ganar aunque esa derrota frente a Venezuela me perfore la sien. En este instante juegan los demás adversarios, Colombia, a este punto, está clasificando. 1 por 0  Brasil va ganando. ¡Y si gana ganamos! ¿Habrá ruido? ¿Habrá fiesta? Poco más de cuarenta y cinco minutos y lo sabremos. No sé cómo festejar un triunfo de estos. Tampoco sé si es más fácil perder perdiendo. 

   

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