lunes, 29 de junio de 2015

Una puerta



Mi cuerpo es una puerta que mira al infinito en una estación de tren, hermosa y desierta. Sobre mí el firmamento coquetea y no para que cuente estrellas. Se espera de mí que cuente letras y aglutine frases a veces sobre la fealdad, a veces sobre la belleza. ¿Qué es la fealdad sino otra forma de belleza? ¿Qué es la belleza sino la crueldad de la armonía? Mi cuerpo es una puerta con grama en sus cimientos. Por mí pasan versos y hombres y en mis paredes sangra el llanto del tiempo. Aquí, en Samacá, los rieles son de flores y los árboles están inclinados a la espera de ese último tren que jamás llegó. Y si mi cuerpo es una puerta, te invito a pasar por ella. Seré tú en el instante que acaricies mi bisagra. Tus dedos se apoyarán en los muros de mi pasado y tus ojos buscarán en mi vacío una butaca donde sentarse. Con poca o nula etiqueta te diré que el viento sabe que estás aquí, te diré que el sol juega a dibujar tu sombra sobre mi superficie y que los insectos me habitan como no me ha habitado nadie. Soy esa puerta a la intemperie, soy ese incendio con marcas de humo por el olvido. Una puerta no más para atravesarse en tu camino.   

domingo, 28 de junio de 2015

Lunas

Traigo la mirada cansada, el esqueleto indispuesto y la sonrisa averiada. Traigo el trajín de estos días sin ti. No me reconozco ni en el espejo. No sé quién soy. Necesito tu mano en mi brújula. Ven, auxíliame. Recuérdale a mi piel el sentido de una caricia. Déjame regalarme a ti con todas mis fragilidades. Permite que mi humanidad te abrace. Altera el curso de mis días. Sé la almohada de mis noches. Vamos, mira que he llegado hasta ti y es lo que importa. No repares en mi boca seca y mis manos ansiosas. Préstame tu piel para arroparme con ella. Alejas el frío, ahuyentas el llanto. Me regalas el verso de tus ojos. Tu boca es un bolero. Tu mente, amigo, el diálogo perfecto. Soy tuya por unas horas. Soy tuya por unos días. Soy tuya por sus noches. Y así se van las lunas porque ya no sé hablar de meses. No pretendo que seas mío, me basta con que estés junto a mí.  

Mueren y mueres

Cada que alguien muere, vuelves a morir para mí. Amanece un domingo de fin de mes y es el fin también para lo nuestro. Me asomo al balcón desconsolada y tus recuerdos inundan mi sala: el cenicero está lleno, el último cigarrillo prendido, un vaso con ron suda sobre una servilleta blanca y tu rodilla luce el penúltimo morado de un golpe seco. Cantas María Bonita y haces que desee cambiarme el nombre para amarte así, desde un bolero. Cada que alguien muere... mueres también en el rincón del alma que todavía te imagina de pie. Vuelven los lirios y las docenas de flores blancas que llegaron para fallecer contigo. Vuelven los osarios, los cánticos, la novena. Aunque ya no purgo tu ausencia. Te invoco como se invocan seres alados y Santas mártires. Te invoco pidiendo consejo. No es un milagro lo que busco, es una luz, una dirección tal vez, la certeza desde ti de que la vida aprieta pero no ahorca. ¡Mientras no apriete un gatillo en aquel callejón sin nombre! 
Mueren y mueres, al tiempo. En las plañideras vuelves a morir aunque el deceso sea de otro hombre. 

domingo, 21 de junio de 2015

Las niñas

Papá: sabes lo que yo apenas si sospecho. No tienes el condicionamiento del tiempo. La Múcura suena en mi casa y hoy digo que puedo cargarla. Ya no sólo te veo en los lugares que nos fueron comunes, te siento dentro de mí. Tus ojos ven a través de los míos. Tus manos estrechan otras manos con las mías, también abrazas con mis brazos. Extrañarte ya no abre mi esternón. Conversamos a través de tus libros cuando te hago una pregunta y confío en la bibliomancia. A veces no entiendo la respuesta y me digo con inocencia que debe ser porque no tengo edad. ¡Era tan rico sentirse tu niña! Mis hermanas y yo éramos las niñas... de vacaciones con las niñas, almuerzo con las niñas, visita a las niñas. ¿Quién no habría elegido quedarse una eternidad así? Estaríamos en tu sala. A ésta hora, te provocaría una panelita con leche y estarías sentado viendo el partido de Brasil. Yo le estaría coqueteando a tu cabello y me dirías Flaca ahora no, de forma enfática. Yo no estaría escribiendo esta entrada ni evocando una niñez madura que a decir verdad todavía te anhela. 

Un país en silencio, el mejor pesimista

Apuesto que el resto del país se sintió igual que en Medellín. El partido contra Perú terminó y un empate a estas alturas de la Copa América, aunque no es una derrota, tampoco es triunfo. Ahora nos toca depender. Eso del mejor tercero es cruel si se analiza. Todos los partidos arrojan su marcador en la cancha; el puesto, es un marcador que depende de otros. No hay tiempo de reposición ni ida a penaltis. Quedamos en la posición de ahogados, diría un ajedrecista no muy experimentado. Quedamos en silencio. No se soplan vuvuzelas ni se arroja confeti. Nadie sabe qué decir. No hay nada qué decir. Luego los comentaristas, la entrevista a James, lo novedoso de Pékerman con la autocrítica, la muralla Murillo resonando en los corazones de todos. No necesitábamos una muralla no, sólo nos hacía falta un gol. Qué complejo es el fútbol a veces... ¿Y el silencio, dónde me dejan el silencio? Las calles con conductores a bajas velocidades, nadie haciendo sonar una bocina, todos los semáforos en verde nos dan lo mismo que todos en rojo. Como hinchas, no conocemos la resignación pero somos los mejores pesimistas. Ser el mejor pesimista es un peso tremendo porque es casi ser el peor optimista. Se suman los puntos, se analizan los próximos adversarios, se piensa que pueden elegir casi, a quién dejar pasar como mejor tercero, es cuestión de generar un marcador u otro. Así no funciona el fútbol, ¿quién dice cómo funciona? Hay quienes se molestan cuando las mujeres opinan de fútbol y hasta ahora no sé si estoy opinando. Sé que me puse la camiseta, sé que vi varios goles ficticios, sé como los demás hinchas siento que merecemos ganar aunque esa derrota frente a Venezuela me perfore la sien. En este instante juegan los demás adversarios, Colombia, a este punto, está clasificando. 1 por 0  Brasil va ganando. ¡Y si gana ganamos! ¿Habrá ruido? ¿Habrá fiesta? Poco más de cuarenta y cinco minutos y lo sabremos. No sé cómo festejar un triunfo de estos. Tampoco sé si es más fácil perder perdiendo. 

   

sábado, 13 de junio de 2015

Así te quiero

Abrupto, incorrecto, inoportuno, flemático, disperso, leal, te quiero. Carpintero de mis sueños, capataz de mis edificaciones, blanco de mis ideas, gris de mis tormentos y negro de mis pasiones. ¿Adónde te llevo amor? ¿Cuál cielo para ti, cuál cielo? Estoy suspendida entre dos constelaciones que como las demás, por más que quieran, no pueden mudarse, siempre son vecinas. Allí en Vega, soy Lyra de Orfeo, allí desciendo al infierno saltando de a pasitos sin miedo a caer. ¿Estás conmigo amor, estás conmigo? Siempre. El beso del águila teje nuestros sueños. Al fondo alguien canta y un amigo aplaude. No estamos solos, nunca estamos solos. Conmigo vienen legiones de ojos y susurros. Contigo llegan legiones de aves y versos. El aposento, sí, sagrada luz de nuestros tiempos: caricia, ternura, mordisco del infinito. Estoy llena de ti y por suerte no sé cómo vaciarme. La lira, tal vez... dos dedos templando las cuerdas. El cielo, oh sí, el cielo. ¿Quién dice que no toca mis manos?

lunes, 8 de junio de 2015

Un nombre una historia

Fotografía: Daniel Efe Restrepo
Descendí de la mano del Fausto de Listz por un sendero que prefiere tu tacto al universo. Escarpado, el descenso me llevo hasta una fosa de confeti y letras desordenadas que buscaban conformar tu nombre. El mismo nombre que mi boca silenció y mis dedos dibujaron. Y es que qué dice el nombre sino una historia. Frente al mar, me escondo bajo una sombrilla y hundo mis dedos en una arena perezosa pero valiente y allí, tomo nota del muelle que te vio partir por vez primera. La bandera roja es inescrutable, por más que ondeé, bañistas distraídos retan la muerte cerca de las rocas. Una señal no es una decisión. Una decisión en cambio, puede ser un destino. Camino lento por el agua fría y un manojo de algas se enreda en mis pies. Viene una ola amplia y poderosa. Me tumba, trago agua, protesto por tan fútil emboscada y pienso si volver a la orilla o buscar aguas más profundas. Alucino. Te veo en el agua. Sostienes la respiración con naturalidad. Tu mano me convoca, me hala, mis pulmones se quedan sin aire, veo la forma de subir y te dejo en las profundidades. Miro la bandera. Está encima. Cerca las rocas, pronto el golpe, la sangre, el dolor. Busco tu mirada y es otra ola la que me golpea contra el espolón. Alguien corre hacia a mí. Estoy débil pero puedo sentirlo. Ya no estás en la oscura marea, eres quien me hala hacia la orilla. Tus labios me devuelven el aire. Toso el agua que se había hecho un hogar en mis pulmones. Me siento y me duele. Y cuando pienso agradecer al joven que fuiste sólo me queda la mirada fija en la bandera móvil.