viernes, 15 de mayo de 2015

La metáfora lejos de ti

Traigo el tiempo congelado, la voz hecha añicos y restos de esmalte en las manos. Traigo noches sin dormir y un Mantra que repito hasta no cansarme. Traigo bostezos: de esos que uno se echa solo, con la boca amplia y sin llevar la mano a la boca. También, dos conejos de Cortázar (mellizos) y una imprenta hecha en casa con papa. Traigo la ilusión de no verte, la esperanza de no recordarte, un presente feliz sin ti. Me basto. Dos lineas me sostienen, con cuatro o cinco hago un trapecio, me meso, me columpio, me agito sin cesar. Y no, no te he pensado. Ni un poquito siquiera. Ni al amanecer. He estado efervescente buscando la metáfora lejos de ti. Ya viene otro conejo y no tengo la suerte del trébol conmigo. Hay lechuga, por si acaso. Lechuga y lomos de libros viejos. 
Hoy no tuve la misma suerte. Se fugaron los conejos. Me quedo una soledad parecida a la soledad de ti. No logro entrar en ningún cuento, tampoco salir. Todos se dibujan como laberintos y me hacen correr sin salida. Soledad de ti. Mi voz de auxilio. Las ganas de ser rescatada, el abandono, la ausencia de luz, un atardecer sin sol. Tus ojos persiguiéndome en el recuerdo de una habitación de un hotel no olvidado. Los adoquines gastados de Santa Fe de Antioquia poniendo trampas a mis tacones y tú, riéndote por mi falta de pericia. Tus besos de alcohol y habano, mis ganas de morder tus labios. ¿Ves como caigo de tus ojos a tus labios? Abismo sin fin. La cama está a medio hacer y sigo sin bañarme. El agua y tú, se parecen. Siempre alejas lo peor de mí. Finges que no existe, me sonríes, por Dios, me sonreís. No quiero agua, te quiero a ti.

1 comentario:

Alejandra dijo...

Una nostalgia, el reverso de una esperanza aún viva.