viernes, 8 de mayo de 2015

Carcajada en el bosque

Recuérdame. Llévame contigo por el sendero del pino azul. Saltemos entre piedras. Dejemos una carcajada en el bosque. Arañemos arreboles y esperemos la noche. Arrima tu cuerpo al mío mientras tanto. Ve que hace frío. Hazle caso a tu nariz, percibe ese nuevo aroma dulzón que expide mi piel. Besa mi cuello, dame tus manos en comodato. Recuérdame a Chopin. Eres un nocturno para mí. Déjame besarte sin más rodeos, entrelaza mi lengua a la tuya, humedece mis labios con tu saliva. Saber a ti: sentir el vino en mi garganta. Ver nacer a tu lado versos y boleros. Soplar una dulzaina y escuchar su melodía. Pedir tu navaja para tallar algo en la memoria de un árbol. Una insignia sin corazón, quizás tu nombre, quizás el mío. No caer en el cliché de dos iniciales juntas. Escribir la tuya y la mía… al reverso del árbol. Y no, nunca he hecho un pacto de sangre. ¿Qué pactaríamos ahora? Prefiero la libertad de mi cuerpo eligiéndote una y otra vez a signos de posesividades baratas. Estamos en el mismo árbol, ¿recuerdas? La ciudad vibra en el horizonte. Sus luces nos regresan el tiempo. Es hora de partir. Partir… con tu sabor en mí, sí.     
Fotografía. Daniel Efe Restrepo

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