domingo, 1 de marzo de 2015

Verde infancia

La noche fractura mi ventana. Enciendo un incienso y toso un par de veces. Pinto un Mandala para un amigo y escribo sobre mi infancia. Recuerdo mi bicicleta roja con su canasta para llevar un Cariñosito: Dormiloncito era el mío. El verde con pecho blanco y corazón de arcoíris. No había hombres en ese momento de la infancia, sólo papá. Qué práctico era todo, qué sencillo. Era feliz con sacar buenas notas y tener una chocolatina que derretir al sol durante la hora de almuerzo. Mis únicos problemas eran el deporte porque siempre me daba asma y tenía que usar el inhalador, y la clase de inglés porque me pasaron para un colegio bilingüe cuando tenía 7 u 8 años y ya las demás sabían los colores y un montón de palabras que yo no podía ni inventar. Recuerdo que escribía muchas cartas. Cartas a mi abuela, cartas a mamá, cartas a la profe, cartas a mi mejor amiga. Las decoraba también. Mi letra aún no era inclinada y a veces confundía la b con la p. También pronunciaba de una manera muy chistosa la erre, tanto, que mis padres me ponían a decir trabalenguas en las fincas delante de sus amigos: Perra tenía una parra y parra tenía una perra y la perra de parra le pegó con la porra a la perra de... O erre con erre cigarro... Y de tanto repetirlas aprendí a pronunciar de la manera correcta. 
Los fines de semana a veces nos íbamos para Santiago a la finca de Margot. La piscina era de piedra y el agua helada, apenas para el calor. Aquí dejo la primera evidencia de la niña que fui, esa que aún escribe cartas y juega a cruzar palabras en su jardín. 


     

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Fuimos lo que somos, somos lo que seremos: tu infancia regresa en el poema.
Hoy al leerte y ver tu foto pensé que te gustaría ver una foto de esas de antes y pues ahí te va querida Claudia, cerrando la semana con la inocencia de la infancia,
http://acuarelasdeaguaclara.blogspot.com/2015/03/presagios-la-luz-de-la-foto-de-mi.html

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Hermosa, alegre, divertida. Gracias por compartir tu foto de infancia y también ese poema en tu camino hacia la vida adulta. Bellísimo.