jueves, 26 de marzo de 2015

Paradoja de lo virtual

En un mundo donde lo virtual y lo real cada vez se acercan más en el peso que ocupan en nuestras vidas, cuesta decidir qué camino de publicación seguir. El blog, este tablero hermoso que invita a publicar y regala la inmediatez, también quema las entradas tan pronto salen. Lo tradicional, el escrito en un archivo secreto, por su parte, se demora meses o años en ver la luz si es que la ve. Después de 8 años de dedicación al blog, me estoy replanteando la idea de no continuar en él. Agradezco a las personas que han sido luces en este camino, aquellas que me han llenado de regocijo con comentarios y trabajos compartidos. No digo que sea una despedida. Tampoco una derrota. Siento más bien que debo continuar explorando novelas que dejé comenzadas y escritos que me necesitan con premura. El blog también fue un lugar de encuentro familiar y estoy agradecida por ello. No me extrañara volver un día cualquiera y dejar un registro de visita.
Gracias a mi madre, a mis hermanas, a mi tía Nena, a los fotógrafos que participaron con imágenes y a los escritores que también estuvieron de visita. 
Nos seguiremos encontrando en el camino.
Con enorme gratitud,
Claudia

Fotografía: Daniel Efe Restrepo

domingo, 15 de marzo de 2015

Asma dominical

Me falta el aire, te lo has respirado todo. Sólo un beso me salva y estás tan lejos como el agua salada. Me visto de drama. Es el aire, eres tú, es la tarde que se va. Me asfixio con palabras, se cierra mi tráquea, pierdo la llave, acudo a urgencias y la fila de atención es tan larga como el abecedario, es cruel así que prefiero curarme sola. Preparo una nebulización en casa: con agua estéril y salbutamol. Me conecto en la sala e inhalo profundo, exhalo adioses. Burbujean deseos... Es necesario repetir la dosis, quince gotas, pensar en ti, sentir que te respiro, inhalar tus ojos, exhalar tus labios. Encontrar la llave en tu coxis. Abrir mi tráquea. Respirar tu aire por montones. Sanar mi tiempo, sanar mi espacio, ¿sanar mi mente de ti? No. Continuar respirándote, abrazar la noche, tejer el aire, inflar el estómago, sentir que salen mariposas de mi  boca. Sanarme de ti llevará por lo menos dos vidas con sus respectivos domingos. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Los vuelos que vendrán. Por William Rouge

Fotografía: Daniel Efe Restrepo
Cruza las piernas para frotar lluvias como si la primera tempestad fuera ella. Para regarme en sus pliegues se entrelaza las alas. Adentro sazona los vuelos que vendrán. Adentro se pule acantilados si las ventiscas le suenan los paladares donde estuvo. Cruzada así, abrevan petirrojos a la alberca de cada poro, y le intercepto los crepitantes sabores. De cruzarle las rodillas me trenzo sus fugas, algo tiembla, telúrica en sus bordes algo viene licuando, de cruzarle los universos me lleno como si respirara por sus pliegues. Cruza las piernas para martillar gotas, casi como si esta noche pusiera a hervir el diluvio. Y se vienen las ganas de ser sólo hierba, y ebullir adentro, burbujeando rumbos nuevos. Y llegarán días para deponer piernas, apacentarlas, pastorearle el sol más allá de las rodillas y en la piel y bajo las sombras, tumbarnos a esperar los picoteos de la noche. Y llegarán tiempos para descruzar piernas y no habrán diques que retengan, y resistan el destino de las manos. 


William Rouge nació en Medellín, Colombia en 1977. Es licenciado en Filosofía y Letras y candidato a Especialista en Literatura en la Universidad Pontificia Bolivariana. Realizó su tesis de grado sobre El Mono gramático de Octavio Paz.  Ha publicado los libros: El Sudor de la Bailarina, Las batallas inventadas, y Árboles de leche. En 2001 recibe el primer premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín para poetas menores de 30 años con lectura en dicho evento. Dicta talleres de creación literaria en universidades y centros culturales. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Besos crípticos


Pretendo arrojar un motín de palabras ininteligibles de mis labios a tu boca. Hacer que busques un orden en tal conflagración. Entretenerte como si se tratara de un crucigrama sin fotografías. Preguntarte por el expresidente de Uruguay o por el color de la tarde ahora que fallece. Hacerte pasar tu tiempo conmigo. Jugar una partida de ajedrez. Pedirme el blanco. Saber ganar. Lanzar un anzuelo para recuperar una palabra del motín. Decir por ejemplo que rescatamos libélula. Sentir su dorso tornasolado planear cerca nuestro. Besarnos. Recibir de tu boca una enciclopedia en desorden alfabético. Comenzar con la palabra poema. Hacer una disección silábica y no saber qué parte conservar de ese cuerpo triangular. Reconocer que tu nombre es un poema y elevarlo a la enésima potencia. Ver cómo se multiplica alrededor mío, cómo crece, cómo aúlla, como languidece todo lo demás. No contar sus sílabas, abandonarme a su ilusión. La ilusión de un nombre compuesto... Caricia de letras y murmullos. Carpa de adioses y bienvenidas. Barco, lugar favorito de mis heteretopías. Canción y melodía. Bésame otra vez para recuperar el infinito.

Fotografía: Daniel Efe Restrepo 
 

Entre colegas

Quedamos de vernos en el lobby a las 7:30 a.m. ¿Por qué tarda tanto? ¿Habrá olvidado cómo anudar su corbata? No hemos salido del hotel y ya me duelen los pies, sé que no debo estrenar zapatos al viajar pero quién se resiste, no me pude contener ayer que los vi como novedad en esa vitrina, otro compañero de trabajo me habría dicho no pero Julián accedió a entrar a la tienda y esperar que encontraran mi número entre esa multitud de mujeres enfermas por las compras. ¿Me estará castigando? Media hora es mucho retraso, lo mejor será llamarlo a la habitación. 205… timbrando. ¿Aló? No puede ser, una voz de mujer. Me equivoqué al marcar sin duda. 205… ¿Sí, aló? Es de mujer mejor cuelgo. Pero… ¿a qué horas Julián conoció  a alguien? La reunión es en cuarenta y cinco minutos y está ciudad es enorme, ¿qué hago? ¿Y sí lo emboscaron después del bar? No, no puede ser. Lo vi cerrar la puerta, tan solo a dos habitaciones de la mía. ¿Y sí contrató un servicio? Ay, no, bueno, puede ser. ¿Pero cómo diablos olvidó nuestra cita? Ese proveedor es fundamental para la empresa. Lo llamaré de nuevo. Toc, toc, toc… ¡Qué vicio el de ciertas mujeres de vestirse con la camisa del hombre con quien pasan la noche! ¿Sí? ¿Julían, por favor? Ouch, está en la ducha. ¿Quién le digo que lo busca? Esto ya es el colmo. ¡Julián! Ah, Matilde, ¿qué hora es? Hora de que te vistas y nos larguemos de aquí. Así está de tarde, no puedo creerlo. Dame dos minutos. ¡Taxi! Hiedes a alcohol y a mujer barata. Lo primero tal vez, lo segundo suena a celos. ¿Celos yo de ti? No te hagas ilusiones. Sin embargo, ¿a qué horas la conociste? No, no me digas. Me paré cinco minutos para retocar mi maquillaje y con eso tuviste para conocer una latina en New York… sin comentarios, más bien revisemos los requerimientos de la planta y reza porque Bill no diga que le hicimos perder su tiempo. Good Morning, we have an appointment with Mr. Bill Storch. ¿Cancelled, what do you mean? Déjame a mí. Beautiful lady, it´s a missunderstanding, why don´t you try calling him again, perhaps he´ll have time for us, we travelled from abroad you know. Just a second. No puede ser, ¿le dices bonita y ya está? Aprende novata, es un truquito entre colegas. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Verde infancia

La noche fractura mi ventana. Enciendo un incienso y toso un par de veces. Pinto un Mandala para un amigo y escribo sobre mi infancia. Recuerdo mi bicicleta roja con su canasta para llevar un Cariñosito: Dormiloncito era el mío. El verde con pecho blanco y corazón de arcoíris. No había hombres en ese momento de la infancia, sólo papá. Qué práctico era todo, qué sencillo. Era feliz con sacar buenas notas y tener una chocolatina que derretir al sol durante la hora de almuerzo. Mis únicos problemas eran el deporte porque siempre me daba asma y tenía que usar el inhalador, y la clase de inglés porque me pasaron para un colegio bilingüe cuando tenía 7 u 8 años y ya las demás sabían los colores y un montón de palabras que yo no podía ni inventar. Recuerdo que escribía muchas cartas. Cartas a mi abuela, cartas a mamá, cartas a la profe, cartas a mi mejor amiga. Las decoraba también. Mi letra aún no era inclinada y a veces confundía la b con la p. También pronunciaba de una manera muy chistosa la erre, tanto, que mis padres me ponían a decir trabalenguas en las fincas delante de sus amigos: Perra tenía una parra y parra tenía una perra y la perra de parra le pegó con la porra a la perra de... O erre con erre cigarro... Y de tanto repetirlas aprendí a pronunciar de la manera correcta. 
Los fines de semana a veces nos íbamos para Santiago a la finca de Margot. La piscina era de piedra y el agua helada, apenas para el calor. Aquí dejo la primera evidencia de la niña que fui, esa que aún escribe cartas y juega a cruzar palabras en su jardín.