viernes, 20 de febrero de 2015

Pharomachrus Perennis por Giovany Arana

Fotografía: Daniel Efe Restrepo 
—Pero nosotros no cantamos abuelo —se quejó el joven quetzal—. ¿Cómo puede ser eso cierto si no cantamos?
—Esa es la belleza de las profecías —contestó el ave anciana con voz lenta—: siempre encuentran la manera de cumplirse. El buitre sabe de eso.
—Pero abuelo…
El viejo cerró los ojos antes de que su nieto le interrogara de nuevo. Ya le había dicho todo lo que debía decirle. Toda su vida fue un preludio para este momento. No el de su muerte, sino el de sembrar en su nieto la profecía.
Los quetzales no velan a sus muertos, no hacen funerales. Simplemente dicen adiós y vuelan llorando. Sus seres fallecidos esperan en su lecho a que venga la Pacha Mama y tome los colores de sus plumas para pintar arcoíris.
La profecía daba vueltas en su cabeza mientras volaba llorando la partida de su abuelo. Se dice que cuando cae la lluvia mientras hace sol es porque un quetzal está llorando, y es también entonces cuando se pinta el arcoíris.
Se detuvo en la rama más alta del último árbol del bosque.
—Entonces ya se fue. El viejo quetzal ha muerto —dijo el buitre al ver al colorido joven posarse en su árbol.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó el quetzal sorprendido.
—Porque estás aquí y las profecías siempre encuentran la manera de cumplirse.
—¡La profecía! ¡La profecía! —gritó con desesperación—. ¿Qué quiere decir?
—La belleza del plumaje del quetzal era igualada únicamente por su canto —empezó a recitar el buitre—. Y la humanidad de esta tierra hacía parte de la armonía natural de la Pacha Mama. Luego llegó la humanidad del otro lado del mundo, pero eran diferentes. No tenían respeto por la tierra, por la naturaleza, por la creación. Esclavizaron esta tierra con todo lo que en ella vivía. Fue entonces cuando los ríos empezaron a perder su pureza, cuando los bosques se menguaron, cuando la tierra fue abierta, cuando la vida disminuyó y cuando el humano perdió la dignidad. Tanta tristeza ahogó el canto del quetzal. Pero cuando el nuevo humano aprenda de nuevo a vivir en armonía con el mundo, esta tierra será libre otra vez y el canto del quetzal anunciará la llegada de la libertad. El quetzal volverá a cantar cuando esta tierra vuelva a ser libre.
El colorido joven escuchaba atento, hipnotizado como si escuchara la voz de su abuelo, pero la incógnita aún le inundaba.
—Tú —continuó el buitre al ver el desconcierto en la cara de su visitante—. Tú cantarás cuando esta tierra vuelva a ser libre.
—¿Yo? —preguntó el quetzal abriendo los ojos con inmensa sorpresa— Pero… Pero… Pero yo no…
—Tú sobrevivirás al tiempo. Yo te haré eterno, te haré perenne. Serás un Pharomachrus Perennis. Me dejarás tus colores para que puedan seguir pintándose arcoíris. Dormirás convertido en metal para que tu cuerpo no se gaste. Serás conservado en las manos de la Reina de Historias. Allí esperarás el momento de despertar para volver a emitir el canto del quetzal.
Y allí está, en la mano de la Reina de Historias, esperando a que a esta tierra regrese la libertad.



Al blog y a mí nos complace tener por primera vez escritores invitados compartiendo historias. Hoy comenzamos con esta bella historia de Giovany.

Giovany Arana Mezclador de palabras, inventor de historias, soñador de cuentos, amante de las letras. 

3 comentarios:

Giovany Arana Loaiza dijo...

Claudia, muchísimas gracias por invitarme a escribir. Es para mí un honor y un orgullo estar presente en La bitácora del cuerpo. Después de todo fuiste tú mi primer maestra, la primera persona en indicarme el camino a seguir.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Gracias Giovany por animarte a participar. A este blog le hacia falta la visita de un Quetzal.

Metalwolf dijo...

Giovany excelente texto, se nota la pasión que tienes por la escritura