jueves, 19 de febrero de 2015

Pensamiento ilustrado

Fotografía: Daniel Efe Restrepo
Debió llegar hace media hora. ¿Qué pudo retenerlo o desviarlo? Su celular está apagado, se quedaría sin batería. Está por llover. ¿Y si no llega? Tengo que decirle que lo nuestro no va más. Tengo que decírselo. Una ausencia tácita no me servirá. Debo ser quien corte, debo tener la voluntad. ¿Por qué quiero terminar? Porque está untado hasta en mis huesos y la bendita cuaresma me sorprendió con la guardia baja. Mentiras, debemos terminar porque no conozco a nadie más que a él. ¿Cómo voy a decirle que no vamos más? Justo hoy que hablaríamos de Bradbury y El hombre ilustrado. Tendría que contarle que el cuento que más me gustó fue el de los astronautas a manos de las brujas, tendría... discutiríamos la llegada del hombre blanco a Marte y pensaríamos en todos los William Philippus que deambulan de aquí para allá. Me mostraría su tatuaje emplumado en un brazo y yo no resistiría la tentación de tocarlo. Pensaría en los niños de La pradera y los leones feroces a cargo de sus padres. Tatuado, no ilustrado, me gustó desde que lo conocí. Por ese entonces tenía un libro de Saramago bajo el brazo y el cabello rojo peinado en puntas. Recuerdo que mi madre se escandalizó la primera vez que pasó por la casa. Una mala compañía, fue lo que me dijo. Muy mala. Pero no tomaba ni fumaba, era más sano que yo. Leía. Con él fue que saque mi carnet de biblioteca pública y con él que me apasioné por los clásicos. Zweig, Somerset, Bataille. Con él escribí mi primer cuento y él fue mi primer lector. ¿Por qué quiero terminar? Sus labios: la contradicción de sus besos delgados, el sabor de un día de trabajo. Si tan sólo pudiera mirar mi futuro en la piel de William. Anita disculpa la tardanza, no pude volarme antes como quería. ¿Qué te pasa? A ver esa cara. Es que no sé cómo decirte. ¿Decirme qué? Entonces miré de nuevo esos ojos aceitunados y acerté al decir: que te extrañaba a cántaros. 

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Aveces la vida no alcanza para amar tantas veces, o
a veces un amor nos hace vivir mil vidas.
Lo inevitable: el dolor del adiós.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

"un amor nos hace vivir mil vidas" ¿Cuántas haremos vivir? No debería haber dolor donde hay entrega pero el apego es la ilusión. Ojalá viviéramos más amores y menos apegos.