martes, 24 de febrero de 2015

HUMEDAD ES por Marco Ramírez

Fotografía; Daniel Efe Restrepo 


El humo gris de la noche anterior aún empañaba el ambiente. La cabina de vidrio cubierta de malas intenciones me expulsó hacia la rutina. Seis y treinta y dos de la mañana, jueves, febrero. Sabía que por lo menos su piel estaría cerca, ya eran tres años de miradas mudas y esperma contenida, cada fin de semana la vela se apagaba para dar paso al impulso eléctrico que me permitía olvidar. Lo había construido un domingo de televisión nacional y poco fútbol, el mecanismo me permitía apagar los recuerdos inventados en sus ojos, sus piernas, sus pies. Hundí ON y comencé de nuevo.

El cielo cubierto de nubes oscuras me llenó de miedo, el agua siempre había sido una amenaza para mí integridad mental, después de la caída cualquier liquido se me filtraba, saqué la gorra y me senté a esperar el transporte de la empresa. Estaba donde siempre, detrás de Hugo, un señor gordo y bonachón que por compasión lo habían pegado al asiento de conductor para no tener que jubilarlo. Me ubiqué en diagonal y me dediqué a sus manos.

Es día de falda obligatoria, la mía escocesa y a la rodilla, la de ella: larga, blanca y delicada. Huele a chocolate y el sol comienza a derretirme. Cuando vamos llegando al acceso de Muerte Súbita, la compañía en la que trabajamos y que produce infartos emocionales, se giró hacia mi puesto y con una sonrisa logró que viviera un Deja vu.

El beso fue intenso, el calor insoportable. Sudamos sin cesar, los brazos estirados daban vueltas a nuestro alrededor, la higuera del amor comenzaba a secarnos pero el deseo domando por el tiempo hacía su mayor esfuerzo.  La piel hecha naranja tocó hueso, los músculos vencidos por su belleza se consumieron, los ojos en caída libre salpicaron el charco dejado por sus lágrimas cuando me convertí en olvido.

Don Hugo frenó con fuerza, desperté y vi de nuevo el color chocolate unido a sus pies envueltos en sus sandalias de agua, eran exactamente como los había imaginado: AJENOS.

Marco Ramírez Autor de Trece conversaciones para dormir solo. Diseñador y creativo. La calle es un pretexto para inventar historias. Ella siempre está presente. 

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