martes, 10 de febrero de 2015

Contra viento y marea

Lo mejor será partir. ¿Con este clima? ¿Y cuál más? Estás segura, ¿te llevo? No. No hace falta. Quiero caminar. Un beso. ¿Ni eso? ¿Ahora que te hice? Estoy hormonal. ¿Y desde cuándo? Desde ya. Despídeme de Tomás. No debí decirle que estoy hormonal. Ya tiene con qué molestarme cuando me ponga seria. Me ofuscó verlo revolver el café con esa cucharita una y otra vez golpeando las paredes de la taza. Y sí, lo sé, es una banalidad. La luz es bella. Lechosa y bella. Hay quienes dicen que el fin del mundo se aproxima. Otros que va a temblar. Yo no soy apocalíptica. Intento no serlo. Basta mirar las noticias para entender que el fin somos nosotros y también que ya habrá otros. ¿Existencial? Quizás. ¿Para qué corren cuando llueve? ¿No se mojan más? Qué rico es sentir el agua descendiendo por el rostro, la ropa pegada y los pies secos. Voy así porque tengo mis botas. Otra sería la historia sin ellas atravesando charcos y salpicando agua. Son dos cuadras no más. Ya casi voy a llegar. Poner agua a hervir, ah, se terminó la aromática de frutos rojos. Tendremos manzanilla. ¿Por qué no? Es Rodrigo, no me deja ni llegar. Tanta sobre protección me va a matar. Sí, estoy llegando... Aló, aló. Me caí, me caí no joda. Se enredó el cordón de las amadas botas. No le hables a Susie, no querrá saber de ti. 

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