viernes, 16 de enero de 2015

Un hondo penar

Me salí de un bolero que tenía un hondo penar. Pienso en ti desde entonces. Desgarra la tarde, tu silla vacía, el teléfono sin línea, los correos rebotando, el mail failure delivery system. Desgarra también el olor a cigarrillo que me viene de pronto y que puede ser de un millón de fumadores pero yo aludo al tuyo. La loción en los pañuelos. Tu pijama y tus suéteres que ahora hacen parte de mi ropero. Mi madre con su cantaleta de que no te he dejado partir. ¿Es que te fuiste? Nos adentramos en otro bolero donde pasarán más de mil años y muchos más y en la boca llevarás... a tus Marías, María Bonita y María del alma, porque tenías dos Marías, madre e hija. Entonces te preguntaré si existe amor en la eternidad. Esperabas esa pregunta de mi parte. Mi finitud apenas si cuenta el tiempo en minutos y horas. Y mis ojos a veces no tienen claro su propósito. Tú siempre dijiste que si volvieras a nacer serías administrador. Yo volvería a escribir. ¿Eso somos? ¿Copias de nuestros sueños? Tengo la oportunidad, la aprovecharé. Ya verás papá, ya verás. Otros se leen mientras conversamos. Te extrañamos pero siempre, siempre, te tenemos presente. El mundo no es el mismo sin ti, a ratos pienso que ha empeorado. Tu manera de hacer las cosas era el concilio. Con o sin ron, en el fondo eras el mismo.  Y pienso en ti cuando sufro, cuando lloro y cuando equivocada pienso que la vida no me sirve sin ti. Vives en mí. 






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