jueves, 4 de diciembre de 2014

La almohada silente




El espejo tiene mis gestos. La almohada es muda. Ah, silencio...pronto habrá un muerto en esta cama. Se las da de ágil porque tiene alas, de malas él (o ella) yo tengo palmas. ¡Ta! Ahí cayó, llenito con mi sangre. Fumigo o espero con la luz prendida a ver si viene otro. Espero. Decía que la almohada es muda. Han transcurrido más de 365 días con la celda vacía es decir, sin tu cabeza marcando sueños en su superficie. ¿Quién la habita? Mi silencio. A veces mis piernas que juegan a hacer cajón con ella. Y eso que ya no huele a ti. Mi nariz sustrajo hasta la última esencia. Igual que con tu camiseta polo que usaba para arrullarme y dormir. Ahora hace frío, tanto... que tuve que comprar medias. Ahí viene otro. Suena tanto que debe ser macho. ¿O será al revés? ¿Qué tienen con la televisión? ¿Algún pariente? Mejor fumigo. Shhhhhh. Cómo huele de maluco. ¿Qué día es hoy? Noche del 3. Ah, sí, noche del 3. Será que agarro una serie nueva o busco si ya empezó Homeland. De más que no. Algún programa en History, tal vez. La almohada... sigue muda. La he amenazado con sacarla del cuarto o extraer su almidón pero ni así me habla. Y es que me pregunto si alguna vez en tus sueños estuve. No te he vuelto a ver pasar por lo míos y el silencio es doble. Y eso que hacemos el simulacro de ser amigos, de ir al cine, de hablar de hijo. Mi almohada por fin, habla. Dice que el rimel en los bordes obedece a mi llanto. ¡Pero si hace rato dejé de llorar! Afuera, tal vez. El cadáver del primer mosquito todavía mueve la pata. No puedo verlo ahí para siempre. Rápido tomo un poco de papel higiénico y lo lanzo al sanitario. Apago la luz y el segundo mosquito zumba cada vez más fuerte. No tengo energía para pelear. Que me pique. O mejor aún, préstame tu almohada para que no  sea en el rostro. 

No hay comentarios: