lunes, 8 de diciembre de 2014

Delirio astral

Vagaría milenios por tu boca. Recitaría poemas en las plazas con la esperanza de verte. Perdería la voz en ese intento de aullar lo que siento. A la intemperie, me convertiría en lluvia para mojarte.  En la mar, sería ola con una oportunidad de tocarte y escogería el Atlántico y la bahía de Cartagena para llegar a ti. Me subiría a una bestia, sin espuelas, y cabalgaría hasta el amanecer en El Tablazo donde sin ruana, vencería la hipotermia con el calor de tu mirada. También le pagaría con un beso a un gondolero por hallarte en Venecia. Subiría los escalonados tejados de Brujas y hasta tendría mi propio canal en Amsterdam. Sería una mujer fluvial para encontrarte aquí o allá y en cualquier estación. Sería cerezo también. Florecería contigo hasta morir. Dormiríamos en camas separadas para que tu cuerpo no se habitúe a mí y el mío tenga una excusa para pasarse. Por lo pronto camino las dunas de los sueños donde por alguna razón voy a color y tú no me esperas al doblar la esquina. Me detengo y ya no soy más coyote, ni correcaminos el amor. Te escribo una delirante carta que deposito en el buzón sin dirección alguna. Comienzo a vagar y un poeta recita a todo pulmón en el centro de la Plaza Bolívar. Comienza a llover y agradezco tener conmigo mi paraguas. Voy a Cartagena pero no me arrimo al mar. Voy en una cabalgata y mi bestia después de un rato, se niega a andar. Por alguna razón un joven me confunde con gondolera y me besa para pasear. Compro chocolate y bordados en Brujas y siento que alguien me mira. Pido el helado con cerezas y muerdo la última por la mitad. 



No hay comentarios: