domingo, 21 de diciembre de 2014

Carboncillo

Un retrato de ti es lo que le hace falta a mi estudio. Así te miraría en lugar de imaginarte tanto. Me pondría labial para nuestras conversaciones de media noche. Buscaría bandas sonoras de películas que nos marcaron a ambos. Silbaría tus ojos y desposaría tus mejillas. Te hablaría de la última línea que leí y abriría el cuerpo de un poema. Te invitaría a brindar por un año sabático. 365 días para huir del planeta que nos conoce y visitar las dunas que nos esperan. El Louvre sería una duna. The National Galery otra. Visitaríamos a Gaughin y le llevaríamos recados de las islas. No me importaría si te enojas con Leonardo y le cuentas lo que ha sido la civilización occidental. Caminaríamos entre cementerios buscando la tumba de Poe. Al cerrar los ojos estaríamos en Kay West y los gatos nos hablarían de Hemingway otras maravillas. Artaud y Rimbaud compartirían libro. Una antología escogida por ti para nosotros. Traduciríamos un poco de Whitman y de paso algo de Capote. La señora Dallaway estaría en el menú diurno y Madame de la Fayette se colaría para decirnos algo. Y es que cuando imagino tu boca salen letras, títulos, poemas. Y cuando imagino tus manos, le das forma a todo con barro. Y mientras cargo el pincel de magenta, un carboncillo café te inventa. 


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