lunes, 10 de noviembre de 2014

Una pestaña azul

El olor del incienso se propagó por la sala con rapidez. Envolvió la cerámica de una pareja en gris. Sopló el anturio con sus tres conatos de flor. Y comenzó a consumirse. Ella, mientras tanto, sostenía un libro de su autor favorito entre manos. Respiró profundo y sintió la necesidad de buscar un tomo de poesía. Lo hizo con los ojos cerrados y las palmas abiertas y extrajo de la sección un lomo vino tinto. Lo abrió en unas hojas sueltas y descubrió la fecha en que le practicaron una tubectomía por laparascopia (26.05.11). La había olvidado porque no dolió, ni un poquito. El teléfono comenzó a sonar y se preguntó quién podría ser. No tenía identificado el número y por la terminación parecía una de esas sucursales bancarias que llaman desde las siete de la mañana. Lo dejó sonar. Volvió al libro y abrió la página en un naufragio. Quiso prestarle su brújula al poeta pero era demasiado tarde. Se preparó un café y continúo leyendo poesía hasta tanto el olor hubiese opacado al incienso verde. Salió a la terraza y miró hacia arriba mientras la lluvia bañaba su rostro. Alimentó al cachorro y regreso al estudio. Quiso decir que sus pestañas eran azules y que una trenza amarilla sobresalía en su coleta y que mirar el mundo con cortinas azules es como naufragar entre una cubeta. No puede explicar bien por qué, le parece. Toma la pluma manzana y no puede evitar renegar de su pulso inconforme. Extrae el diario de lomo café y antes de escribir, se cerciora de que valga la pena decir que un día como hoy (fecha) recordó cuándo le practicaron la tubectomía. Debió cambiarla ese procedimiento. Menos rostros bajo la lluvia y más poesía quizás. Pero no. Lo máximo que ocurrió fue que subió 20 kilos y después de una vida siendo flaca, fue gorda. Los cachetes se inflaron y pasó de una talla a otra y a otra con desánimo. Concebir o no concebir. Hijos o ideas. Dejó de temer por lo primero y se dedicó a concebir lo segundo. En algún lugar escribió un cuento titulado Traía puesto un jardín y quiso explicar allí, la fertilidad mental. Los hombres se alejaron. El otoño perpetúo soledades y en la página del poema puso a secar un trébol. Las pestañas azules soltaron su índigo al baño del día siguiente. 

1 comentario:

Vicky dijo...

"Mirar el mundo con cortinas azules es como naufragar en una cubeta", me gustó ese fragmento. Corto y poderoso.