sábado, 25 de octubre de 2014

Olor de nube

Tomé un avión para llegar a tu encuentro. Las roncas hélices me filtraron su aroma. A dos grados centígrados por poco se congela mi nariz. Se nubló el paisaje. El avión se hizo turbulencia. Descendíamos. Tu imagen en el retrovisor se diluía frente a plataneras con un plástico azul protegiendo sus frutos. Había llegado a una tierra que no sé si visitaste. Así como cuando viajé a La Paz y estabas todo preocupado por la altitud. Ya no tengo tu voz preocupándose por mis viajes. Tampoco tu bolsa de candados buscando el más propicio. No tengo tus ánimos aplaudiendo mis travesías, tampoco tus ojos leyéndome. Tengo tu recuerdo filtrado en mi lucidez y mi delirio. Tengo tu paz mitigando mis guerras. Tengo tu amor protegiendo mis pasos. A veces, una pluma se atraviesa en mi camino. Una de esas pequeñas y etéreas, una justo desde ti. Camino con la seguridad de tu observancia. Hablo con la elocuencia de tus palabras. Y me pregunto si así me imaginaste. Si tu camino y el mío se cruzan en los umbrales de la vigilia y el sueño, si me llegan cifrados, tus consejos. ¿Quién soy? ¿Quién seré? A veces temo. A veces gozo. Me arropo con tu sombra. Extraño tu beso. Ojalá estás palabras lleguen a ti por el viento.  

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