domingo, 10 de agosto de 2014

Puerto Escondido


Creí verte tras la última estación, justo antes del anochecer, entre mi vigilia y un sueño. Creí sentir tu largo abrazo, tu fuerte beso, tu mirada precisa, tu sonrisa cómplice. Creí bajarme donde me correspondía y el asfaltó se mudó. Me vi de pronto en una carretera, sola, sin un transeúnte a quién preguntar. No supe si caminar o esperar de nuevo el asfalto, la estación, la ciudad. Caminé. Un jeep pronto me salió el paso y aunque sacudí mis brazos no se detuvo. Puerto Escondido, su placa, me dio un indicio de dónde me encontraba. ¿Puerto escondido? ¿Quién le pondría ese nombre a un pueblo? Caminé hasta donde me lo permitió la sed. Me doblé y perdí el sentido. Otro jeep se detuvo y alguien cargó mi cuerpo. Alguien también me dio agua. Estaba exhausta. Volví a mirar en la última estación, justo antes del anochecer y te vi entre mi vigilia y un sueño. Elegí la vigilia y abandoné la idea del puerto.   

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