domingo, 3 de agosto de 2014

De Bitácora, Agradezco


Tus ojos, tu iris jugando a confundirme con tu retina, tu visión 20/20 señalándome el camino mientras mis lentes se escurren por esta pequeña nariz. Agradezco tu lectura nocturna de novelas detectivescas que en tu voz me hacen sentir a la intemperie y amenazada en la ciudad que describes. Agradezco tus manos; tu dedo corazón untado de la tinta indeleble por el último renglón donde firmaste. Me intriga sobremanera tu olfato porque desconozco el filtro de aromas que permeas hasta tu gusto. Saber que te encanta el picante me pone en desventaja pero me quemo las manos abriendo un ají para prepararte un bocadillo mexicano. Agradezco tu boca, la generosidad de tus labios, ese color morado que provoca darle calor aunque la temperatura no cambie a rosado. Anhelo tus besos como grifos de letras enmudeciendo mis labios. Tu exilio es mi inspiración. Tu síndrome de Ulises es mi rival. Soy provincia, eres metrópoli. Agradezco entonces los rieles e mi imaginación nocturna, esta capacidad de soñarte y tener la ilusión de que tú también me sueñas. Sin barcos, autobuses o aviones, nos encontramos a las tres y seis. Cada uno en sus respectivos pijamas con sus respectivas presencias. Y así, mientras te diriges a Laura, yo discuto algo con Marcela y en algún punto las presentamos, entonces ellas hablan de algo más y mi iris juega a confundirte con mi retina. Ambas nos dilatamos y ya juntos, nos fumamos las tres horas que quedan de noche. ¡Cuánto agradezco despertar y recordar tu sonrisa en mi sueño!

Pág. 58 Bitácora del cuerpo

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