martes, 19 de agosto de 2014

Selfie

Dame un perfil, ignora el calor, busca la sombra. Un selfie en exteriores para acompañar una entrada que todavía ignora lo que va a ser. No digas que lo miras a él, no te delates tan rápido, elige actuar. Pretende la tarde, abrázala toda, canta, piensa en un  número del uno al cien. Rompe el silencio, teclea al revés. Inventa un tatuaje de agua para el tobillo. Olvida la cita odontológica, otro año sin ir. Imagina una presentación para el café, es frío, bébelo. Busca helechos en los balcones, bifloras, halla besitos. Repasa ese poema de Rojas Herazo que tanto te gustó. Cierra los ojos y recuerda la obra que lo acompaña. Siente la costa, la brisa, la mar.  Dibuja con los dedos dos gaviotas. ¿Serán pelícanos? Nos desviamos. El selfie en exteriores se achanta y se pregunta porque lo elegí  para narrar un día cualquiera. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Puerto Escondido


Creí verte tras la última estación, justo antes del anochecer, entre mi vigilia y un sueño. Creí sentir tu largo abrazo, tu fuerte beso, tu mirada precisa, tu sonrisa cómplice. Creí bajarme donde me correspondía y el asfaltó se mudó. Me vi de pronto en una carretera, sola, sin un transeúnte a quién preguntar. No supe si caminar o esperar de nuevo el asfalto, la estación, la ciudad. Caminé. Un jeep pronto me salió el paso y aunque sacudí mis brazos no se detuvo. Puerto Escondido, su placa, me dio un indicio de dónde me encontraba. ¿Puerto escondido? ¿Quién le pondría ese nombre a un pueblo? Caminé hasta donde me lo permitió la sed. Me doblé y perdí el sentido. Otro jeep se detuvo y alguien cargó mi cuerpo. Alguien también me dio agua. Estaba exhausta. Volví a mirar en la última estación, justo antes del anochecer y te vi entre mi vigilia y un sueño. Elegí la vigilia y abandoné la idea del puerto.   

domingo, 3 de agosto de 2014

De Bitácora, Agradezco


Tus ojos, tu iris jugando a confundirme con tu retina, tu visión 20/20 señalándome el camino mientras mis lentes se escurren por esta pequeña nariz. Agradezco tu lectura nocturna de novelas detectivescas que en tu voz me hacen sentir a la intemperie y amenazada en la ciudad que describes. Agradezco tus manos; tu dedo corazón untado de la tinta indeleble por el último renglón donde firmaste. Me intriga sobremanera tu olfato porque desconozco el filtro de aromas que permeas hasta tu gusto. Saber que te encanta el picante me pone en desventaja pero me quemo las manos abriendo un ají para prepararte un bocadillo mexicano. Agradezco tu boca, la generosidad de tus labios, ese color morado que provoca darle calor aunque la temperatura no cambie a rosado. Anhelo tus besos como grifos de letras enmudeciendo mis labios. Tu exilio es mi inspiración. Tu síndrome de Ulises es mi rival. Soy provincia, eres metrópoli. Agradezco entonces los rieles e mi imaginación nocturna, esta capacidad de soñarte y tener la ilusión de que tú también me sueñas. Sin barcos, autobuses o aviones, nos encontramos a las tres y seis. Cada uno en sus respectivos pijamas con sus respectivas presencias. Y así, mientras te diriges a Laura, yo discuto algo con Marcela y en algún punto las presentamos, entonces ellas hablan de algo más y mi iris juega a confundirte con mi retina. Ambas nos dilatamos y ya juntos, nos fumamos las tres horas que quedan de noche. ¡Cuánto agradezco despertar y recordar tu sonrisa en mi sueño!

Pág. 58 Bitácora del cuerpo