martes, 22 de julio de 2014

La tómbola

Me duelen las sombras. Partir y no llevarte conmigo. No partir y dejar el sobre con tu invitación sobre la mesa. Mirar las margaritas en el salón. ¿Sabrán que están muriendo? Palidecer de a poco. Dejar que otro día suceda sin trascender. Sentir miedo. Dejarme abrazar por la angustia. Intentar crear desde la oscuridad. Saber que me tomo lo prescrito. Preguntarme por qué no es suficiente. Acudir en el pasado al espacio donde vivías. Conversar sobre el cielo, sobre el después. Querer hablarte del ahora. Crecer a la fuerza y no saber dónde esconder a la niña curiosa que pregunta qué es una tómbola y por qué un cantante dice que eso es la vida de noche y día. ¿No es una múcura? No sé qué horas son en Oriente, ¿hará alguna diferencia si no tengo ningún pie allí? Sé que el viento dobla los papiros tras la ventana y que los helechos están contentos desde que no están colgados. Sé que en mi corazón son las cinco y cuarto y mi pulso es 90/120. Infinita no puede ser la tristeza pero qué eterna luce mientras trascurre. El relativismo de la felicidad es puesto a prueba, no se salva, siempre dura poco. El pétalo de una margarita cae sobre la mesa. Sí saben que están muriendo. Ya no sé quién está más triste si ellas, o yo. 

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