jueves, 31 de julio de 2014

En manos de Waite


Esto que tengo, es sólo un tránsito. ¿Qué dicen los astros? Que los consulte para otros. Abrir la baraja de Waite y permitir que un loco guíe mi camino. Hacerle el amor al Tarot como en los viejos tiempos: sin peros. Confiar. Sentir la fuerza del león en mi mano. Celebrar con el dos de copas. Viajar con el dos de Bastos. Desinhibir el mundo. Compartir un diez de oros. No temer a la señora pálida del caballo. Mirar bien su bandera. Ver que los cambios a veces, son bienvenidos. Sí, seré pitia una vez más para otros. Abriré las cartas como quien se asoma a ventanas. No hay enredo con las energías. Sólo mi voz y el tiempo suspendido en tus preguntas. Debo prepararme, comprar un baño, recibir la consulta como el mejor regalo. Debo comprar velas para iluminar lecturas. Debo sentir gozo con este descubrimiento, estoy en manos de Waite una vez más.   

martes, 29 de julio de 2014

A las flores les duele morir

Fotografía: Tomás Strelkov
Un niño se pescó un jardín. Lo hizo con el lente sin aspavientos. Creyó encontrar el ángulo perfecto. No te imaginas mamá. A ver... interesante. Espera le pongo efecto. Blanco y negro puede ser. ¿Qué dices? Me encanta. Espera hago un par más. ¿Sabes qué flores son? No. Margaritas. ¿Cuánto duran? Están muriendo. ¿Les duele? No hay forma de saberlo, lucen bellas hasta el final. Aunque hay forma de conocer su estado por el verdor en sus tallos. No compres flores mamá. No así. ¿Podría traer unos Anturios? ¿Cómo son esos? Los que hay en la casa de la tía Moni. ¿O una orquídea? Tan efímera. ¿Qué es efímera? Fugaz. Me gusta efímera mamá. A mí también. Mientras sea una muerte natural. Y nos quedamos sin saber si a las Margaritas les duele. Es una lástima que no puedan desangrarse para un grito o una queja.  Sospechamos que sí, como a todos, les duele morir. 

martes, 22 de julio de 2014

La tómbola

Me duelen las sombras. Partir y no llevarte conmigo. No partir y dejar el sobre con tu invitación sobre la mesa. Mirar las margaritas en el salón. ¿Sabrán que están muriendo? Palidecer de a poco. Dejar que otro día suceda sin trascender. Sentir miedo. Dejarme abrazar por la angustia. Intentar crear desde la oscuridad. Saber que me tomo lo prescrito. Preguntarme por qué no es suficiente. Acudir en el pasado al espacio donde vivías. Conversar sobre el cielo, sobre el después. Querer hablarte del ahora. Crecer a la fuerza y no saber dónde esconder a la niña curiosa que pregunta qué es una tómbola y por qué un cantante dice que eso es la vida de noche y día. ¿No es una múcura? No sé qué horas son en Oriente, ¿hará alguna diferencia si no tengo ningún pie allí? Sé que el viento dobla los papiros tras la ventana y que los helechos están contentos desde que no están colgados. Sé que en mi corazón son las cinco y cuarto y mi pulso es 90/120. Infinita no puede ser la tristeza pero qué eterna luce mientras trascurre. El relativismo de la felicidad es puesto a prueba, no se salva, siempre dura poco. El pétalo de una margarita cae sobre la mesa. Sí saben que están muriendo. Ya no sé quién está más triste si ellas, o yo. 

jueves, 10 de julio de 2014

Litio

Siempre me ha gustado el dulce. Es paradójico que una sal sea responsable de mi bienestar. Litio. Azul o blanco tirando amarillo. Tiza en la lengua. Dificultad para tragar. Una sola dosis. 750 gramos para una mañana u otra. Sin garantías. Sin promesa de venta. Litio... en la voz de Nirvana está bien porque alguien rapó su cabeza y promete no flaquear, con amigos imaginarios hace su travesía más liviana. En Evanescence cae como nieve y es ella quien no quiere olvidar cómo era sin él. Litio, sana la oscuridad y haznos libres. Sin embargo, tú, molécula natural, nos haces presos de un hábito. Es a las nueve, no a las diez. Kay Jaminson pierde una pastilla en una alcantarilla de Londres. La caja está vacía, hay que correr a comprar. Es el litio o la locura. ¿Quién prefiere la locura?

Emboscada


El vacío pretende ser llenado con imágenes. De la preocupación al aburrimiento hay un instante de motivación. Tardo en darme cuenta que retrato tu ausencia. Tu silencio en mí es una emboscada. Recurro al pasado, una fotografía nuestra entre mis manos se deshace por el crujir del tiempo: ya no la sonrisa, ya no el abrazo, ya no... ¿Qué queda? No pienso decirlo. Mejor sigo un coro de Alicia Keys y me digo que no podías quedarte para siempre. Juntos no va más. Sólo queda la distancia y vaya si es una Señora engreída. Cree que sólo existe ella. No es así. Existen los libros. Las escenas. Los conjuros: un delicado hilo azul entre tu dedo meñique y el mío. Quizás nacimos para la frialdad. Y hay que ver que los témpanos también se quieren. Y mientras uno de los míos se desprende en un intento de comunicación, la familia en el ártico discute sobre su inútil rebeldía. Sólo tengo palabras y ninguna nos hace reaccionar. Una, una palabra fue la causante de este alboroto. Una mala palabra... Y cómo el status quo no va a proporcionarme una tregua, seguiré retratando ausencias. 

lunes, 7 de julio de 2014

Hostiga tu ausencia


Como un puñal en el vientre, como un disparo en un dedo, como ahogarse en la ducha: hostiga tu ausencia. De nada sirve el recuerdo es como quien ve el interior del cofre de un muerto. Sordos los dioses no atienden mis suplicas. Ni una palabra, no. Ni una llamada, menos. Sólo el silencio. Hostiga tu ausencia y me disfrazo de ti para extrañarte menos. Tres o cuatro palabras te inventan, con un guión te hago audible. Me llamas por mi nombre y mis poros se erizan. Pinto tan bien el sonido de tu voz como tu reflejo en el espejo. Estás aquí. Nadie puede convencerme de lo contrario. Estás aquí y ya te atiendo. ¿Qué quieres tomar? ¿Vino, cerveza, quizás algo más fuerte? Whisky, sí, tres hielos. Ya vuelvo. ¿De dónde salió? ¿Cómo fue que llegó? ¿Lo invoqué o me provocó? Sí, ya voy. ¿Y qué se hizo este sujeto? Comencemos de nuevo: como un puñal en el vientre, como un disparo en un dedo, como ahogarse en la ducha: hostiga tu ausencia.