jueves, 26 de junio de 2014

Yourcenar y los sueños

Encontré esta reflexión sobre los sueños en el libro Fuegos de Margarite Yourcenar.

"Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El oro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz, caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia un especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en esta agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto."

Floto como la momia en su asfalto, con al aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. Sobrevivimos cada noche, cada despertar, borrachos de dolor recordamos un fragmento, un grito quizás. Un otro que nos sobreviene como si nos conociera desde lo más profundo. Ceder al sueño como a la asfixia es dejar de estar conscientes. Caer. El abismo de la noche nos abraza y de nada sirve resistirse. Qué grave es cuando el insomnio hace Meca en nosotros. Cuando nos arrebata el sueño. Cuando nos pinta de rojo los ojos y se disfraza de falso descanso. Es mejor dormir. No importa el mar. Se es tripulación, se navega sin instrumentos. A veces confiamos en una voz, en unos ojos. A veces disfrazamos el inconsciente de alguien a quien amamos. A veces lo contrario, aparece la opulencia del último resentimiento. ¿Para qué soñamos? Quizás para no reconocer que morimos cada noche y volvemos a nacer cuando despertamos. El sueño nos da la ficción de vida o al menos de movimiento. Volvamos a Yourcenar, flotemos.  

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