domingo, 1 de junio de 2014

Te pasó algo

Un raigal de dudas hizo nido en mi mente contigo como semilla. La Cruz del sur te vio partir a eso de las ocho, sin mí. No pude escribir una dirección en el último beso. Callé una solicitud tan simple como llámame cuando llegues. Sin conocer tu destino, cómo saber si llegaste... Te pasó algo, me digo. Es entonces cuándo me llevo la mano a la boca y... te pasé yo.  Atravesé como un puñal tu pecho. No vi la herida, no puedo asegurar si sangrabas o no. Sé que te atravesé. ¿Estarás bien? Y es que me atravesaste también.  Fue una puñalada simultánea. Hemorragia interna al costado izquierdo. Quise llamar a emergencias pero no supe a cuál servicio acudir. Hipocondríaca comencé a sentir que me dolía todo: tu mano en mi pierna, tus ojos inventando el click de una mirada, la curva de mi hombro retratada, las papilas de mi lengua engrandecidas, tu saliva activando una reacción no alérgica en mi sistema digestivo. Me recosté. Cerré los ojos e imaginé una ruta para tu aventura. Respiré profundo, ubiqué el no dolor. Sonreí. Un momento, sin ti parece incompleta la sonrisa. Ya, ya te veo. Me digo que es puente, que la gente se silencia, que los atravesados no son amenazados. Aunque sí, no tengo talismanes en tu contra. Me apuñalaste con cuarzo el corazón. ¿Aló?

No hay comentarios: