domingo, 15 de junio de 2014

Placenta onírica

Fe
Mientras algunos llevan los problemas a la almohada, otros nos dormimos con fe de encontrar viejos amigos, amores perdidos, y soluciones a identidades trigonométricas en curso por un hábito escolar que no desapareció nunca. Mientras algunas eligen llorar en la intimidad de un cuarto oscuro y agradecer el difícil día que termina, otras procuramos sonreír y meditar antes del sueño. Tenemos fe. Sabemos que el abismo es certero, que Eurídice continúa cayendo y Orfeo lamentándose. Escuchamos la lira y ante nuestro inevitable caer, nos escurrimos por un tobillo, brincamos sin entender bien por qué o cómo es que algo de nosotros termina saliendo al encuentro de lo que amamos cada tarde o cada noche. Y digo cada tarde porque las siestas también cuentan. Reponen, es lo que dicen. El inconsciente aflora con infinidad de recursos, con colores, sensaciones. Es entonces cuando preferimos no despertar antes del amanecer, queremos aprovechar cada segundo de oscuridad, cada momento de su silencio placentario. Así disponemos los poros como antenas. Así somos sin consciencia cada fragmento de cuerpo libre. Alguien vuela y otro alguien despierta. Fue un niño con un balón o adolescente descubriendo los efectos colaterales de un beso. En otra instancia suena el despertador y es una ambulancia la que se abre paso. Nunca se sabe qué capricho dibujará el embrión que volvemos a ser. Deshacemos la posición fetal y ya no importa siquiera con qué pie nos levantamos. Ahora todo se centra en recordar. 

2 comentarios:

Giovany Arana Loaiza dijo...

"Deshacemos la posición fetal y ya no importa siquiera con qué pie nos levantamos."

¡Qué maravilla!, Claudia, ¡qué maravilla!

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Gracias Giovany, tú tan atento como siempre.