domingo, 22 de junio de 2014

Los padres que se fueron, los papás que quedan

No quise creerte cuando me dijiste en medio de tragos que presentías te quedaban pocos años de vida. Me refugié en palabras, el futuro sin ti era impensable. Superamos la noche, no sin llanto. Nada cambió en ti. En mí se marcó un miedo. Perderte era algo para lo que no me preparaste. Siempre hablamos de la vida, de lo guerreros que debíamos ser, de la lucha, la ecuanimidad, la templanza. Tercer día del padre sin ti. ¡Cómo pesa! Voy a los recintos del recuerdo con la intención de arañar una hora, de escuchar tu carcajada, de verte abrazar a Tomás. Voy a esos recintos que habitabas. A la sala, a tu silla, a un sofá. Me quedo mirándote sin saber qué decir. Contemplo de cerca tu risa. Veo el ala de una mariposa café asomarse desde la cortina. Tienes un ron servido pero está como aguado. Llevas tres interpretaciones de la múcura y cantas con anticipación, la cuarta: La múcura está en el suelo ay mamá no puedo con ella. Es entonces cuando me dices que la múcura es la vida y entonces elijo cantar ay papá no puedo con ella. Me abres los ojos, grandes y verdes y desde esa estancia me dices: cómo no mi amor si yo te ayudo a cargarla. 

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