domingo, 1 de junio de 2014

De papiro a papel

Me acerqué al papiro y descubrí que sus hojas vienen de a tres. Un diminuto tallo que se trifurca en delgadas líneas verdes de unos veinte centímetros de largo para que la flor completa parezca un sol. Me pregunté enseguida cómo es el proceso para volverlo papel y gracias a Youtube encontré la manera. Un proceso sencillo que primero extrae el agua y el azúcar del tallo grueso y triangular de la planta para luego enviarlo a la oscuridad y bajo presión. Dos semanas después un resistente pliego de color acaramelado está listo para usarse. De papiro a papel la planta trasciende. Cien, doscientos, trescientos, ¿cuántos años? 
Mis diarios huelen a tiempo transcurrido y no sé con qué se hacían los cuadernos de entonces. Es claro que el colegio los pedía de 100 hojas rayados para que tuviéramos buena letra y sí, no mancháramos el papel. Desobedecí, mi primera mancha fue una A mayúscula. El inicio de la palabra Aquí ¿Dónde? desde mi ventana ¿Qué hacia? Pensaba en ti... De papel a cuaderno de materia, de materia a un desobediente poema. ¿Cuánto hace? Varias décadas. Se siente bien hablar de décadas. No importa que sean sólo dos. Ahora soy cada vez más exigente a la hora de comprar libretas. O no. No es cierto. No es que sea exigente. Cada vez son más exigentes las libretas que me eligen. La última tiene un tapizado de rosas y me adquirió en Aquí Leo Librería. Aún es virgen la libreta. ¿O lo soy yo para ella? Hechas a mano, me dijeron. Y recordé cuando disecaba pétalos de rosa para hacer mis propias agendas. El blog es un papiro extraño. Es tan blanco, casi aséptico. No sé de dónde viene tanto espacio para plasmar ideas. Tampoco sé dónde queda ese espacio y cómo diablos terminé escribiendo en una url.    

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