miércoles, 11 de junio de 2014

Carta a un amigo poeta

Medellín, Junio 10 de 2014

Querido Julián:

Leí decir que un profeta desterrado, un conato de ángel traía el rumor de que tu nombre Álvaro Julián Moncada Gómez circulaba en los pasquines del infierno. Supe al instante que debía buscar ese pasquín, y que debía sobornar como fuera a ese conato de ángel para que hecho demonio me permitiera un descenso hasta la mismísima imprenta. Allí, donde una cubierta de blanco acaramelado albergaba tres dígitos inhóspitos y tus letras reunidas en celebración. Un ejemplar de tu libro en mis manos, al leve rose de mi mirada en ti,  abrió mi corazón con tan bellas poesías. Venas y arterias fueron testigos de que quería decir varias cosas: al amor, que en ti había encontrado un intérprete; a la tentativa de hombre: que me llevara consigo por el laberinto del insondable poema; a tu eternidad: que me abriera la puerta líquida de un espejo. Y, en fuga, me presté para perpetuar tu danza a la caza de la noche. Fue tal el asombro y el gozo que me regalaste que no pude evitar la tentación de preguntarte cómo era tu proceso creativo. Nos reunimos entonces en El Acontista y otros conatos de ángeles te escucharon con placer. No sé qué fue más bello, si descender al infierno guiada por tu libro o descubrir que mi infierno y el tuyo se parecen en fachada, jardines y aposentos. También busco la poesía pero contrario a ti, ella a mí, me es esquiva. Mi nombre está en el borrador de un pasquín. Creo que allá abajo no se atreven a publicarlo porque de niña tenía relación directa con el Diablo y una vez incluso, asusté a mis compañeras de colegio diciendo que era mi amigo. No sé cómo te la llevas con él, a mí el tipo me cae bastante bien. Pero es cierto, lo olvidaba, tú no te preocupas. Tienes la convicción de un destino inevitable. Y que sea un atrevimiento en mí decirte que tu destino es la palabra. Sin artilugios ni premeditaciones nos regalas un libro lleno de magia. Ignoro cuántos papelitos te hablaron antes de que te sentaras en un café, un baño, una esquina o el trabajo mismo a plasmar versos y poemas pero me siento agradecida de tu proceso. Saber que El Pequeño Periódico también fue tu casa y que varias veces le diste color a la última página me hace pensarte con familiaridad. Y es que gracias al mismo editor es que estamos hoy reunidos. Gracias a la Fundación Arte y Ciencia nuestras voces se hicieron libro. Algo profundo nos emparenta, así como la generosidad del Aprendiz de Brujo donde ambos tuvimos la oportunidad de conversar sobre nuestros textos. Es un gusto compartir contigo esta noche la mesa de la palabra.
Con gratitud y aprecio,

Claudia



2 comentarios:

Adriana Correa dijo...

Que hermosa esa Carta , sin estilo clasificado, solo se que me gusta y se que toca las fibras.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Gracias Adri, la carta hizo parte del lanzamiento del libro de Julián, Los pasquines del infierno el pasado 10 de Junio. Un abrazo.