sábado, 17 de mayo de 2014

La lección del saxo

Creí que no me amabas y me estabas enseñando a extrañarte. Siempre has sabido mejor que yo, cuándo estoy lista. Creí que había muerto el amor y el desfibrilador señaló actividad eléctrica. Una mirada se hizo guiño, un guiño caricia, una caricia deseo, el deseo beso. Hacia falta que te dijera que me moría por volver a tener algo contigo. ¿Me moría? Sí, quería vivirte otra vez, reconocer que es a tu lado que me gusta mirar el horizonte. Escuchar el sonido de tus llaves en el pantalón. Escudriñar el miel de tus ojos hasta empalagarme. Dormir en tu pecho, soñar tu sabor. Despertar y tenerlo. Mío. 
Contigo mis fantasmas se asustan. Contigo puedo llover los domingos. Junto a ti mis pies cansados parecen bellos. Desde que te conocí, no te he resuelto nunca. Conoces la medida de mi siesta, arropas hasta mi enfermedad. El saxofón recuperó su voz. Los blues y el jazz regresaron para quedarse. Willie Dixon tiene razón: I can ´t quite you baby ¿Seis meses te parecen tiempo suficiente para ese put you down a little while? Ya la mañana es otra. Hay luz a pesar de tantas nubes. Dame tu viento dulce Géminis. Sopla otra vez esta boca de arroz. Viaja conmigo a los confines del mar que no ha muerto. Inspira lo cotidiano en una compartida taza de café. Llega. Desempaca. Escoge el lado del clóset. Muda mis zapatos, instala tus tenis. Revienta mi mediocridad. Prende el televisor. ¿Qué importa si es Fox o Fx? Dime otra vez cómo estuvo tu día. Dame unos minutos y te inventaré la noche. Sí, con Dixon por supuesto.


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