lunes, 19 de mayo de 2014

Certeza de ti

No es un sol que me habita. Es más bien un planeta con dos lunas y atmósfera gaseosa en una galaxia a millones de años luz. Un punto lejano a la vista de un telescopio incompleto. Durante años te estudié, aprendí de ti, me memoricé tus formas y presencié hasta un doble eclipse. Mi vida era contemplarte. A veces tenía que abrir bien los ojos para que me visión no me engañara con naves que creía ver, atracar en ti. De noche, soñaba con comerciantes de agua y municiones de las más extrañas formas y colores. Me inscribí virtualmente en un programa de la NASA. Sabía que no te había descubierto, que muchos antes de mí habían observado tus dunas, leído tu atmósfera, anotado tus frecuencias. Pregunté por ti. Cuánto anhelaba una expedición humana a ese espacio finito aunque sólo mis huesos resistieran el viaje. Me habría ofrecido para ti. No como sacrificio humano sino como gozo de saberme cercana a ti. Decidieron enviar una tortuga. Creyeron que un caparazón en el espacio podría llegar en mejor estado. Me hice tortuga. Camuflé mi condición humana y ocho hexágonos dibujados en mi espalda los convencieron de enviarme en un Voyager de nombre natural. Durante el trayecto, la ausencia de gravedad distorsionó mis sentidos. Mi mente flaqueó. Olvidé porque había elegido un destino que ahora me parecía cruel. Ninguna otra tortuga viajó conmigo y los suministros pronto se agotaron. Había oxígeno para rato pero creo que olvidé respirar. Padecí una necrosis en pleno vuelo. Entre más cerca estaba de ti, más lejos estaba de mí misma.


2 comentarios:

Giovany Arana Loaiza dijo...

"Entre más cerca estaba de ti, más lejos estaba de mí misma"

¿Llegaste a pasar del "punto de no retorno"? Ese punto en el que ya no se pude echar marcha atrás, así que nos vemos obligados a encontrar un camino diferente porque lo importante es no seguir caminando el actual.

Claudia, siempre me maravillan tus escritos.

Anónimo dijo...
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