martes, 15 de abril de 2014

Un pasquín


Me pregunto si te lees en mí. Si alcanzas a vislumbrar la fuerza de tu ausencia en mi vida. Ha caído el farol del ermitaño, se ha derramado el petróleo y los sueños se han inundado. El anciano en mí me sugiere distancia como prudencia. Del loco, sólo conservo el perro. Miro el tarot y no lo entiendo, quizás no lo quiero comprender. El arcano trece no muda su apariencia, sentado con firmeza sobre ese caballo, con esa bandera, me invita a morir. No sé perder, mucho menos perderte. Divago en lo que no debí decir. De nada sirve. Cruzada de brazos aprendo del silencio y ubico este dolor de ti, en el centro de mi pecho, en la mitad del esternón. Raíces de mi vida agonizan mientras tanto. Abro y cierro libros en busca de un norte. Se rompió mi brújula. Un ermitaño sin farol y sin brújula busca donde pasar la noche en un cielo que han anticipado como rojo. ¿Era este mi apocalipsis?  Trato de extraer de Los pasquines del infierno un pasquín para mí y el séptimo me sale. También pienso que el conato de demonio que trae el ángel consigo. Tendré que buscar a Julián Moncada para que me dibuje una ruta desde ese infierno. 

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