martes, 15 de abril de 2014

Luto

¿Cómo pudo ser? ¿En qué momento me tomó ventaja otra vez? Entre la tercera y la cuarta luna el bajo ciclo regresó para recordarme lo prestada que es la alegría. Su escaso vínculo con lo material. Su renuencia a acudir a mi llamado. De nuevo la sal. De nuevo el dolor, el insomnio, la inapetencia. De nuevo las piernas pesadas como yunques, los ojos vidriosos, la espalda curva. Tal vez me ha faltado matar la depresión. Asesinarla con palabras. Presionar su yugular. ¿Pero cómo? Está en mí. ¿Adónde apunto? La sien. Seguro está ahí escondida. Y seguro también que si le apunto se mueve. Antonio, ¿en qué estará Antonio? Quizás en un ayuno de silencio o frente al telar. Quizás discutiendo el marcador del Domingo con Ramiro, peleando con Susana o en la tienda, comprando más leche para Paula. Esa Ciento uno, siempre fue que no lo dejo hacer más que una lista. Y si la llamo... sí la convenzo de reescribir el final. Si hago uno alternativo con todo este pesimismo dirigiendo el barco. ¿Por qué no? Me disculpará Antonio el deseo de robarle su ilusión de vida por algo más preciso, más conciso y por cierto seguro. Sin embargo ¿qué afán de matar el masculino? ¿Por qué me duele mi fuerza, por qué le temo a mi determinación? Algo más está muriendo y quizás ese es mi luto.

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