martes, 29 de abril de 2014

Invitación a la presentación del libro

Queridos amigos,
Les reitero la invitación para mañana a las 6:30 P.M. en la librería El Acontista.
Presentaremos Bitácora del cuerpo (con tu viento a estribor).
De la mano del Editor Ángel Galeano Higua.
Los esperamos,

Claudia Restrepo Ruiz

miércoles, 23 de abril de 2014

El blog se hace libro


Queridos amigos: quiero compartir con ustedes el nacimiento de Bitácora del cuerpo. Un libro que nace de mi experiencia con el blog y con ustedes.

Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía. Al inicio de su aventura en el blog la autora se afanaba por "provocar con la imagen". Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban un tiempo en su archivo, y luego, como impulsada por una ráfaga, brotaba de su ser una historia. Era como vestir la imagen con palabras, dotándola de una travesía. "Ellas se leen y me dicen :"¡no puedo creerlo!". Había dado en el blanco de una emoción oculta.
En este libro la voz se hizo mujer. Desde insospechados rincones, Claudia Restrepo Ruiz, autora dela novela Ciento uno, ha recogido renovadoras semillas. El terror producido por la ropa en el clóset, el encuentro apasionado en la silla de atrás de un auto, el lío de una ejecutiva enredada en plena reunión en sus propias medias, la exploración prohibida que una joven hace de su cuerpo, las delicias explayadas de un beso, los apetitos de la exhibicionista, de la callada, de la ebria, de la confundida, de la ingenua.
La palabra se incrusta en la soledad de una partida de ajedrez, en la nostalgia de un recuerdo, o en la celebración de unos ojos de trigo, o en la espera del barquero que cruzará tu alma...
Son más de sesenta relatos cortos, precisos, contundentes, salpicados de alegre sensualidad en los cuales el estilo atrevido, coqueto y provocador nos llena de regocijo y nos alienta para no sucumbir en la asfixiante atmósfera de nuestros días.

Ángel Galeano Higua
Editor

lunes, 21 de abril de 2014

Voz y quebranto



Entonces es definitivo amor. De todos mis rostros eliges el más oscuro para exiliarme. Sin despedidas, sin drama, sin dolor. Y me niego a perderte... cuando nunca te tuve. Gatos me persiguen y son tus ojos en mi terraza, en la sala, en el estudio los que se multiplican. Leo en voz alta y veo que hay tantos textos para ti. No sé cuándo los escribí, sólo sé que me inspiraste. Y es definitivo amor que he de llevarte en mi espalda sin tristeza. La nostalgia estará en el título de varias canciones y sabré por ejemplo que Cesaría Evora conjuga cielos con besos y voz con quebranto mientras yo pido: volver a empezar. Fue la voz la responsable de este quebranto. No será la voz la que nos reconciliará. Será un rostro, un día cualquiera, en cualquier lugar. En esta vida o en otra; mentiría si dijera que lo mismo da. 

viernes, 18 de abril de 2014

A Gabo

Macondo está de luto. Las mariposas se negaron a volar desde ayer. Melquiades no tuvo forma de predecir el día ni la hora. Sólo supo que un sueño separaría a Gabo de la vida. Años de sonrisas, de buen humor, de generosidad, de anécdotas compartidas comenzaron a inundar la red con mensajes de despedida. Y en todos, esa sensación de orfandad por su partida. Gracias Maestro decían algunos, mientras otros evocaban frases suyas o abrían sus libros en busca de consuelo. ¿Cómo se despide a un maestro? Sus enseñanzas quedan a disposición del universo. La partida, la pérdida, el abrazo a la eternidad. Lo mejor será buscarlo en sus libros. Leer en voz alta algún fragmento. Recordar sus consejos de escritura. Acariciar la dedicatoria con flor incluida en Doce Cuentos Peregrinos. Tener la tranquilidad de ese último abrazo de Mercedes. Que el amor te siga acompañando. Buen viaje Maestro.



miércoles, 16 de abril de 2014

Con un poco de suerte


Tuve la suerte de amarte. Podrás llevarte las palabras, privarme de tu presencia, silenciar mis intentos de comunicación pero ese pasaje sigue siendo mío. Sólo yo tendré paseos oníricos contigo. Y las catedrales me verán llegar una y otra vez con la misma gracia pedida por triplicado. Y los parques me verán escribir en el diario que lleva tu nombre. Una mujer silente con escasos recuerdos pintará paisajes con bienvenidas sin necesidad de reconciliaciones. Los árboles... recibirán mi mensaje y lo pasarán entre copas y follajes. En dos días y medio el  árbol que te ve trabajar tendrá mi voz entre hojas corriendo por su tallo. Con un poco de suerte tal vez, una ninfa escuche mi llamado y con más suerte todavía, se arrime a ti, mientras duermes con un sueño donde me escuches decir: te amo. Y entenderás entonces que nunca te he dado  la espalda, que mi lealtad ha sido inquebrantable. Y comprenderás tal vez que mi juicio no es el mejor, que tengo mis temporadas, que a veces soy clara muy clara y a veces, en proporción de mis temores: oscura, muy oscura. Y quizás esté de buenas entretanto no me juzgues y veas el ocho en la horma de mi zapato. 


martes, 15 de abril de 2014

Un pasquín


Me pregunto si te lees en mí. Si alcanzas a vislumbrar la fuerza de tu ausencia en mi vida. Ha caído el farol del ermitaño, se ha derramado el petróleo y los sueños se han inundado. El anciano en mí me sugiere distancia como prudencia. Del loco, sólo conservo el perro. Miro el tarot y no lo entiendo, quizás no lo quiero comprender. El arcano trece no muda su apariencia, sentado con firmeza sobre ese caballo, con esa bandera, me invita a morir. No sé perder, mucho menos perderte. Divago en lo que no debí decir. De nada sirve. Cruzada de brazos aprendo del silencio y ubico este dolor de ti, en el centro de mi pecho, en la mitad del esternón. Raíces de mi vida agonizan mientras tanto. Abro y cierro libros en busca de un norte. Se rompió mi brújula. Un ermitaño sin farol y sin brújula busca donde pasar la noche en un cielo que han anticipado como rojo. ¿Era este mi apocalipsis?  Trato de extraer de Los pasquines del infierno un pasquín para mí y el séptimo me sale. También pienso que el conato de demonio que trae el ángel consigo. Tendré que buscar a Julián Moncada para que me dibuje una ruta desde ese infierno. 

Luto

¿Cómo pudo ser? ¿En qué momento me tomó ventaja otra vez? Entre la tercera y la cuarta luna el bajo ciclo regresó para recordarme lo prestada que es la alegría. Su escaso vínculo con lo material. Su renuencia a acudir a mi llamado. De nuevo la sal. De nuevo el dolor, el insomnio, la inapetencia. De nuevo las piernas pesadas como yunques, los ojos vidriosos, la espalda curva. Tal vez me ha faltado matar la depresión. Asesinarla con palabras. Presionar su yugular. ¿Pero cómo? Está en mí. ¿Adónde apunto? La sien. Seguro está ahí escondida. Y seguro también que si le apunto se mueve. Antonio, ¿en qué estará Antonio? Quizás en un ayuno de silencio o frente al telar. Quizás discutiendo el marcador del Domingo con Ramiro, peleando con Susana o en la tienda, comprando más leche para Paula. Esa Ciento uno, siempre fue que no lo dejo hacer más que una lista. Y si la llamo... sí la convenzo de reescribir el final. Si hago uno alternativo con todo este pesimismo dirigiendo el barco. ¿Por qué no? Me disculpará Antonio el deseo de robarle su ilusión de vida por algo más preciso, más conciso y por cierto seguro. Sin embargo ¿qué afán de matar el masculino? ¿Por qué me duele mi fuerza, por qué le temo a mi determinación? Algo más está muriendo y quizás ese es mi luto.

domingo, 13 de abril de 2014

Hache

Tu voz me sostiene en una firme línea de chat. La sola idea de vernos es el mejor plan. Busco poemas de Olga Orozco mientras cierro una ventana con el despertar de Pizarnik. Tom Odell suena para ambos. And I want to kiss you make you feel al right, I am just so tired to share my nights. ¿Estás? Durante minutos ambos hacemos algo más. La línea queda abierta, insisto en llamar. ¿Cómo fue que empezó? ¿Es importante? No. Es una lástima que esta mirada coqueta no llegue hasta allá. Estoy de nuevo a tu lado, habitación 903. ¡Qué frío hace! No por mucho tiempo. Mi desnudez ama tus besos desenfrenados. Qué tengo clase te digo... y cómo duele separarme de ti por unas horas. Prestar atención cuando dejé todos mis sentidos atentos a tu lado. Las nueve, media hora, regresar a ti. Lamentar no poder quedarme. Necesito dormir. ¿Para qué dormir cuándo estás viviendo un sueño? Eso me digo, en esas me pierdo. ¿Y si despierto y no estás? Volveré a tocar la línea del chat. I want to take you somewhere. Siempre puedo invitarte de regreso a mí. 


sábado, 12 de abril de 2014

Caminos que andan


Como es adentro, no siempre es afuera. Como es afuera... ¿Cómo es afuera? Atrapada en dermo-kilómetros no pienso en llover, lluevo. Pero hay sal en mi lluvia y lejos, muy lejos está el mar. Mi atmósfera reclama tu pie invadiendo mi espacio, tu mirada planeando un beso, tus manos haciendo las veces de separador en pieles de letras. Ahora la ciudad se hizo para soñar que la habitas, la música para unir ambos silencios, la noche para esperar un chat. ¿Y si no llegas? Nuestra cita fracasa. Las palabras dejan de dibujar besos y me siento huérfana sin ti. Los ríos son caminos que andan... Paradiso requiere más de una lectura. El niño Cemi, el futuro poeta, me dice que no le preste atención a tu distancia. Las persianas se mueven, está por amanecer. ¿En realidad nace el día? Está atrapado en la sucesión de infinitas noches. Millas de cielo comienzan a habitarse con trinos de aves. Mi reloj biológico me dice que vuelva a la cama, que aún me quedan como mínimo dos horas de sueño. Si fuera cierto... prefiero entretener el pensamiento en líneas a padecer el enojo del insomnio y este calor que no baja con las horas. Bostezo. Es notorio que estoy cansada. El día comienza conmigo agotada sin saber que río tomar. 

lunes, 7 de abril de 2014

Bitácora del cuerpo se hace libro






Es muy grato compartir la cercanía de mi próximo libro. Publicado con Fundación Arte & Ciencia. Estaremos con ustedes a finales de mes. 

Les dejo una breve reseña del libro:
Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía. Al inicio de esta aventura en su blog, la autora señalaba que ese afán era el que la impulsaba a “provocar con la imagen”.
Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban por un tiempo en su archivo y luego de un tiempo, como una ráfaga, salía de pronto una historia. Era como vestir la imagen con palabras, dotándola de una historia. “Ellas se leen y me mandan decir:¡no puedo creerlo!”. Había dado en el blanco de una emoción oculta. 

En este libro la voz se hizo mujer. Desde los rincones más insospechados, Claudia Restrepo Ruiz, autora de la novela Ciento uno, ha recogido maravillosas semillas. El terror producido por la ropa en el clóset, el encuentro apasionado en la silla de atrás de un auto, el lío de una ejecutiva enredada en plena reunión en sus propias medias, la exploración prohibida que una joven hace de su cuerpo, las delicias explayadas de un beso, los apetitos de la exhibicionista, de la callada, de la ebria, de la buscona, de la confundida, de la ingenua. 

Son más de sesenta relatos salpicados de alegre sensualidad en los cuales el estilo atrevido, coqueto y provocador de esta escritora, nos llena de regocijo porque abre una compuerta refrescante en la asfixiante atmósfera de nuestros días. 


El editor

domingo, 6 de abril de 2014

Doble duelo

Todos tenemos un ser favorito en el mundo. Mi papá era ese ser. Me gustaba recién levantado, al medio día, en corbata, con chaleco, en pijama. En la casa, en el club, detrás de la dirección de su auto. En la silla del sofá, imprimiendo una hoja en su escritorio. Con un cigarrillo en la boca, con la candela entre manos. Con un lápiz para leer la prensa y anotar... un número quizás. Tomando café. Regando la sopa. Leyendo a Galeano. En Domingo me gustaba más. Los domingos eran para estar juntos. Entonces me daba a la tarea de comprar algo para almorzar, disponer la mesa, ver que no faltara el aguacate. ¿Dónde quedaría nuestro tarro para Mondongos? Las hierbas, el ají, las arepitas bien calientes, la gaseosa con hielo a todo dar. Sus pantuflas... ¿Puede haber algo más bello que recordarlo? Dos años y por Dios que no me acostumbro. Cuando un amigo suyo me saluda con cariño regresa todo a mi recuerdo: la sonrisa coqueta, sus ojos en límite del mar. Ojos de ciénaga, a veces verdes, a veces azules... Insisto papá: ¿qué hacer con el amor que queda? ¿Dónde pongo tu silencio? ¿Qué hago con lo que me dirías en los umbrales de mis noches? ¿Cómo enfrentar el nuevo día? Ya no está tu llamada a las seis para ver esta flaca cómo está. Ya no soporto los clubes, esos palitos blancos de golf donde va la bola, los bufetes, la gaseosa con dos hielos nada más, la pimienta, el puré, los fósforos porque no hay candela, los boleros cantados por alguien más. Ya no soporto el domingo, tener que levantarme, fingir que puedo ser soporte de alguien más. Las fotografías no tienen ni idea de quién fuiste. María Bonita ya es María la fea. No me gusta acordarme de Acapulco ni de México, ni de Agustín Lara tampoco. Me hacen llorar. El mismo efecto de Abril en Portugal. Hay lugares a los que no puedo volver, por ejemplo: Podestá. Y hay instrumentos que parecen haber nacido para rendirte memoria. Cuando nací, me pusieron en tus brazos después de mamá y ahí, en ese instante, supe que no habría nadie más. Aprendí a escribir para que tus ojos me leyeran. No aprendí a cantar pero me sé de memoria esas, tus letras. Un domingo te llevaste también a mi mejor amigo y mi duelo es doble desde entonces.