lunes, 31 de marzo de 2014

Turbia

Ha vuelto a escribir a mano sobre papel, ha manifestado por ejemplo sentirse pobre al estar desnuda y no una pobreza de atuendo, tampoco escasez de piel, más bien una carencia absoluta de propio afecto. Sintió hambre de ti y supo al instante que una vida no sería suficiente para la apropiada digestión de órganos, falanges, coyunturas y otros pliegues. Tu desnudez le resultó abundancia; generosidad en las formas y movimientos. Ninguna prisa al amar, más bien una suerte de parsimonia. Cerró los ojos para evitar pensar que su anorexia se interpusiera entre ella y su deseo de estar contigo. Intentó pensar cosas que no le resultaran atractivas como un cochecito de bebé y unas enaguas de tía. Sin embargo el hambre era inminente. Le dio pena decírtelo y se conformó con un mordisco de labio. No tenías cómo adivinar su sentir, sin embargo la abrazaste por la espalda y comenzaste a morderla, despacito, en los lóbulos de la oreja, en la nuca, en la espalda. Pronto descubrió que su hambre alimentaba. Y así, turbia, se regaló al gozo de amarte. 

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