sábado, 22 de marzo de 2014

Nuestro acontecimiento

La ceniza del volcán ha fertilizado mis orígenes. Me he visto fuego en tus ojos y no he temido quemar mi tacto. Mi espina dorsal ha mudado de piel y todos los músculos se han regenerado de ahí hacia adentro en una suerte de inyección vital. ¡Pero sí la fórmula de la eterna juventud son tus besos! ¿Qué importa que mi eternidad dure tan sólo un par de años? Dos años contigo me bastan para recorrer el mundo entero o mejor aún, para hacer de un lugar, todo el mundo. Y ese lugar no es ni un bosque ni frente al mar. Tiene a lo sumo setenta metros cuadrados y está dos o tres pisos por encima de alguien más. Mira hacia la calle. En la esquina se alcanza a divisar un semáforo y no muy lejos hornean pan... Allí donde no hay más distancia que la que impone la ergonomía del sueño, allí donde podemos aprender francés con Deleuze y de paso aprender la vida, reconocernos un sutil acontecimiento. ¿Dónde queda ese allí? Está por definirse. ¿Importa realmente? Ve, cómprame una docena de tulipanes, no, no de cualquier color, azules por favor. ¿Qué quieres de almuerzo? Ya sabes que es poco variado el menú. No, no pretendo asistir a clases de cocina. No tengo paciencia ni tiempo para eso. ¿Helado? Buena idea, sí. Gracias. No tardes, mira que mi presente ya te espera.

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